Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



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miércoles, 4 de abril de 2012

No sé si regreso o voy

No sé si normalmente voy a España y luego regreso a la India o voy a la India y luego regreso a España.

Una vez escuché a alguien contestar a la pregunta: “¿Tú cuando vas a la India desconectas rápido de todo?” Y la respuesta, que hice mía en aquel momento (ya no) fue: “No, yo desconecto cuando regreso, en la India conecto…” Y digo que la respuesta ya no me vale porque ahora procuro estar conectado en ambos sitios (digo procuro porque unas veces sale mejor otras).

En fin que voy o regreso a España, a iniciar una nueva temporada.

La India se caracteriza principalmente por el aprendizaje, con la herramienta de la que tantas veces he hablado, la meditación, pero también con el encuentro con maestros y gentes de todo tipo, con vidas alternativas a la tradicional occidental. Cada día pasan cosas distintas dentro de la rutina habitual, cada conversación es absolutamente diferente a las que tengo en España, las posibilidades de aprender son muy grandes porque aquí aprendo a estar más atento a lo que sucede, más presente. Ves que a diario pasan miles de trenes en los que subirte, no existe ese “que sólo pasa una vez” del que hablamos en occidente.

Aquí hay muchos maestros ocultos, maestros personas, maestros situaciones, maestros emociones… La atención permite descubrirlos y aprovecharlos. Y hay muchos fuera, pero el verdadero, el más grande, está dentro. Los de fuera simplemente lo reflejan.

También cada temporada aprendo más de los habitantes del Planeta India. Sus costumbres, sus tradiciones, sus dioses y, sobre todo, su forma de ver la vida tan diferente a la nuestra (bueno, la mía ya no sé cual es).

Ayer, en un viaje en rickshaw pensaba que cualquier occidental que trabajara de conductor aquí duraría poco, pero le mataría antes un infarto que un accidente. Es espectacular la cantidad de “casi” golpes que hay cada minuto y no se inmutan… Me contaron hace poco una terapia que tiene que ver con la observación de los animales, como se quitan el estrés después de un trauma. Por ejemplo, una gacela no queda traumatizada de por vida si un león “casi” se la come, un hombre es posible que sí que quedara. Pero yo creo que un indio no. Porque aquí los camiones son peores que los leones y no veo ningún estrés en los conductores, esquivan por milímetros y siguen tan tranquilos. No sé si la gacela luego comenta algo con sus colegas gacelas, pero los conductores no, no tendría sentido porque es algo que a todos les sucede continuamente.

Cuando hablo de emociones en talleres o cursos, suelo poner el ejemplo de alguien que nos hace una faena con el coche. Todo el mundo lo entiende y se identifica con el cabreado. Aquí me mirarían igual que cuando les digo que si pueden hablar un poquito más bajo, o dejarme un poco de espacio… ¿De dónde ha salido este tío raro?.

En fin que aquí aprendo sobre espiritualidad, consciencia, etc. pero también sobre la vida misma. Ambos tipos de aprendizajes me vienen muy bien para la otra temporada, la española, porque esta se caracteriza por aplicar lo aprendido.

Primero hay que asentarlo, porque de la India te vienes con muchas más cosas de las que te das cuenta en un principio. Siempre digo que es un Planeta de extremos, lo mejor y lo peor, lo más bonito y lo más horrible conviven aquí. Y también extrae de ti todo eso, lo mejor y lo peor, lo más bonito y lo más horrible… Así que con eso es con lo que te vas encontrando y, al ir avanzando, sigues aprendiendo.

Como digo, en la temporada española me dedico a aplicar lo aprendido. Primero conmigo mismo, sino no tendría mucho sentido la segunda parte, que es la de aplicarlo también con los demás. Cuando trabajo como coach, en los talleres de desarrollo personal, meditación, etc. Pero también en el día a día, a veces un reto y a veces fluye naturalmente…

Así que en abril empieza la nueva temporada, a ver que nos trae, pero seguro que será muy buena, siempre lo es. Si trabajo mucho, enseño y si trabajo poco, aprendo, ¿qué más se puede pedir?


Rishikesh. Marzo 2012

miércoles, 25 de mayo de 2011

No existe el mundo

Realmente no creo que exista algo que podamos llamar “el mundo”. Creo que existen tantos mundos como personas. Que no existe el mundo real, que sólo existen mundos inventados. Y que cada uno de nosotros, consciente o inconscientemente, ha inventado el suyo y vive en él. Unos cómodamente y otros sintiéndose mal, incluso fatal.

Este mundo inventado empezó a crearse antes de que naciéramos y de esa parte, evidentemente, no somos responsables. De nuestros padres, del lugar donde nacimos, donde nos criamos, de nuestras experiencias de niños… todo sucedía sin nuestro consentimiento y empezaba a modelar ese lugar en el que ahora nos encontramos instalados. Luego, al crecer, han seguido sucediendo cosas, dentro y fuera de nosotros, que han continuado y continúan modificándolo. Ahora ya de muchas de estas cosas sí que somos responsables y, aunque de algunas otras no, siempre lo somos de lo que hagamos con todo lo que nos sucede.

Un mundo de creencias, algunas limitantes y otras que me sostienen, de emociones de todo tipo, de pensamientos cambiantes, de prejuicios y de juicios… Un mundo que considero real, pero que es completamente diferente al de otra persona que vive a mi lado y que creo, desde mi mundo, que ve y experimenta lo mismo que yo. Un mundo que, mañana, cuando una de esas grandes creencias se caiga o varíe mi emoción, también será completamente distinto al de hoy.

Por lo tanto un mundo irreal, modificable, transformable, que podría, al menos intentar, diseñar a mi favor en lugar de en mi contra. Porque si soy capaz de crearme un mundo horrible, de desolación o de tristeza, de rodearme de una muralla o hundirme en un pozo, también soy capaz de inventar un mundo donde la muralla no exista o, al menos, no esté a mi alrededor. O un mundo en el que yo sea el que decide lo que hacer con mi vida, o donde el amor prevalezca sobre el resto de cosas, independientemente de los mundos de los otros que son eso, mundos de otros, otros mundos...

Tengo que ser consciente de mi absoluta responsabilidad en la creación de mi mundo. Tengo que darme cuenta de que tengo un grandísimo poder y que sólo yo puedo disponer de él. Tengo que reconocerlo y utilizarlo. Y, a partir de aquí, ocurre la magia y todo se transforma. Magia en cuanto a irracional, magia en cuanto a que puede ocurrir en un brevísimo tiempo. Magia, al fin y al cabo, porque soy capaz de inventarme un mundo y vivir en él.

En realidad, es lo que he hecho hasta ahora, pero al no darme cuenta, no he participado conscientemente en el diseño.

Y cuando cambio mi mundo, cambian todos los mundos, porque todos están relacionados entre sí. Porque hasta lo que parece imposible que se modifique, hasta las cosas que considero, desde mi mundo, más horribles, sólo con mirarlas de otra forma, sólo con sentirlas de otra forma, ya son diferentes.

Porque pese a no existir, pese a ser inventados, mejor estar viviendo un sueño maravilloso que una espantosa pesadilla.

En la India se dice, y seguro que muchos estáis de acuerdo, que lo que pasa en el exterior es un fiel reflejo de lo que pasa en nuestro interior. Por eso creo que el trabajo para que cambien las cosas es un trabajo más hacia dentro que hacia fuera. La única posibilidad de cambiar lo que habitualmente llamamos “el mundo”, es cambiarnos nosotros mismos.

Y también tenemos la posibilidad de asomarnos al lugar donde no existen los mundos inventados. Sólo tenemos que meditar.


San Agustín del Guadalix. Mayo 2011

viernes, 13 de mayo de 2011

Coaching Ji

No es mi intención añadirle un nuevo apellido a la palabra Coaching y colaborar en que termine convirtiéndose en algo como el marketing, con cientos de ellos. Ya hay unos cuantos Coaching diferentes.

“Ji” es un sufijo que los indios ponen a todo lo que respetan, es decir es un símbolo de respeto. Como mis ideas sobre el Coaching han ido forjándose principalmente en la India y además lo respeto profundamente, por eso el nombre Coaching Ji.

¿Y por qué en la India? Porque es un universo distinto. Porque te reta diariamente a cambiar el observador que estás siendo y a ensanchar la mente. Porque en ocasiones te ayuda a trascender a la mente, que es el verdadero cambio de observador, cuando éste se funde con lo observado. Porque la India nos pone delante de nuestras narices que nuestra visión del mundo no es la única, ni siquiera la mayoritaria. Porque la palabra obvio desaparece del vocabulario…

Decidí ser coach al leer una de las miles de definiciones que hay sobre el Coaching: “el coach es el que te ayuda a encontrar tu camino…” Estoy plenamente de acuerdo en que nuestra función es ayudar, pero el camino es del ayudado. A partir de aquí entran las consideraciones sobre en qué consiste la ayuda y qué significa “camino”.

Creo que hay una gran distinción dentro del coaching, casi de las primeras, que es sobre el tipo de coaching. Es decir, después de haberlo definido de una manera tan general, pero tan clara, determinar para qué lo utilizamos.

Y es la distinción: “coaching al ser” frente a “coaching al hacer”. La diferencia, desde mi punto de vista, es que desde el primero conseguimos, o ayudamos a conseguir, cambios más profundos, incluso transformaciones, mientras que desde el segundo lo que tratamos es de cambiar actitudes, la forma de hacer las cosas lo que, quizás con el tiempo, también pueda generar transformaciones definitivas.

Creo que mayoritariamente se hace coaching al hacer, incluso creyendo hacerlo al ser. Porque creo también que sólo es posible hacer coaching al ser desde el ser y que estar ahí, en el ser, no es sencillo.

Porque ¿quién sabe realmente lo que es el ser? Primero hay que averiguarlo en uno mismo, para así poder entenderlo en el otro y, desde ahí, hacer coaching. Desde el propio ser y desde el entendimiento del ser del otro.

Considerando que los maestros indios, actuales y pasados, consideran la mejor forma de meditación buscar la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?, parece interesante el ejercicio de averiguarlo.

Una vez que se conoce, o al menos se atisba, la respuesta, se comprende también uno de los postulados de nuestro coaching, el que dice que el coachee es perfecto, que está completo. Es decir, se entiende que el ser del coachee es perfecto. Pero no sólo el suyo, todos los seres lo son, todos somos perfectos, es decir, los coaches también lo somos. Por lo tanto, la conclusión es que se realiza coaching desde la perfección a la perfección… Pero, en la perfección ¿quién o qué precisa coaching? ¿para conseguir qué?

Entonces, ¿es realmente posible el coaching al ser? ¿el ser puede cambiar o es inmutable? Para responder, volvemos a la poderosa pregunta del inicio, ¿qué es el ser? O lo que es lo mismo, puesto que donde realmente puedo mirar para entender es en mí, ¿quién soy yo?

Para poder realizar el coaching al ser, una posibilidad sería consensuar una respuesta a esa pregunta. Y digo consensuar puesto que sería diferente para cada uno de nosotros. El problema es que todas las respuestas, incluyendo una que pusiera de acuerdo a los grandes genios de la humanidad, serían falsas, siempre que la vía para llegar a ellas sea la mente (la razón, el intelecto). Esta es mucho más pequeña que el SER, es algo que no puede abarcarlo, por lo que nunca podría servir para definirlo (como también se dice en la India, ¿cómo meter todo el agua del mar en un cubo?...)

Aunque podríamos hablar de otro ser más pequeño, que si ha sido creado por la mente, es decir que si que cabe dentro de un cubo, pero lo dejo para otro debate. Y lo dejo porque este ser es irreal, es inventado, no existe él mismo. Es lo que llamamos ego y en coaching hablamos siempre, con la extraña palabra “egoless”, de aparcarlo, de dejarlo a un lado, que no moleste. Aunque ¿quién es capaz de desenvolverse sin esta invención? ¿quién puede interactuar con otros sin que el ego intervenga?. Realmente, para tratar a este pequeño ser, lo que nos es útil es el “coaching al hacer”, porque es el ego el que continuamente se preocupa de hacer, hacer para tener más, hacer para competir, hacer para aparentar, hasta hacer para salvar a la humanidad…

Para mí este es un coaching “de superficie”, no puede ser transformador en cuanto a que no profundiza. Da igual cambiar actitudes si el coachee no ha llegado a sentirse en su perfección, en realidad es ir cambiando el color de la habitación, dando más capas y capas de pintura. Cuando una me deja de gustar, pinto encima y así una y otra vez. Pero las paredes son de oro…

Yo creo que la única vía para conocer el SER, es decir, para saber quien soy yo, es la experiencia propia. Ir más allá de la razón, de los sentidos, de las emociones y ver lo que hay, lo que contiene todo eso y mucho más. No vale lo que leamos, lo que nos cuenten, no vale la fe... ya lo decía Buda, que de estas cosas algo sabía.

Y una vez que recorres ese camino, cuando ya conoces esa perfección tuya, la del coach y la del coachee, ya estás listo para ayudar a que otro llegue también allí, a conocer la suya.

¿Y puede cambiar ese SER? No, en cuanto a que, como hemos dicho y es una de las bases de nuestra ciencia o arte, ya es perfecto. ¿Para qué cambiar lo perfecto? ¿En qué lo queremos transformar? Por lo tanto, y siempre desde mi punto de vista, el “coaching al SER” no debe pretender cambiar nada del coachee, sino conseguir que él descubra su Ser, es decir, lo ponga al descubierto. Ayudarle a quitar esas capas con las que lo lleva cubriendo años y años y que continuamente está considerando, por lo tanto juzgando, como buenas y malas.

Esto puede considerarse mágico o milagroso, en cuanto a que escapa a la razón. No se entiende que es lo que sucede para que alguien pueda cambiar tan completamente. Incluso esa magia altera también su entorno, todas las cosas se van colocando… Y es porque aparece la aceptación, esa aceptación que no puede forzarse. ¿Cómo puede alguien obligarme a aceptar las horribles cosas que me pasan? ¿Cómo voy a obligarme yo mismo a hacerlo? Sólo comprendiendo, desde ese SER que he descubierto, que no son horribles ni maravillosas, que simplemente son, entonces puedo llegar a aceptarlas.

Y la labor del coach continúa. Una vez que hemos ayudado a descubrir, hay que ayudar a creer en ello, porque es posible que se lleve mucho tiempo en ese estado como dormido. El estado natural ha dejado de ser el de paz y cuando nos reencontramos con ella nos parece que no es posible, que pronto todo se torcerá de nuevo.

El coach, también desde su SER, desde su perfección, está para espejar al coachee. Para que el coachee se mire en su espejo y se vea como lo que es, como lo que nunca dejo de ser aunque quizás olvidó o nunca se dio cuenta.

Lo difícil es que el espejo, para reflejar la perfección, debe ser lo más inmaculado posible. ¿Cómo espejar con un espejo sucio? ¿Cómo ayudar a recordar la perfección si nosotros olvidamos la nuestra? Entonces, ¿qué debemos hacer para ser mejores coaches?

En realidad, ¿qué debemos hacer para ser coaches de verdad?


Risikesh. Febrero 2009

martes, 19 de abril de 2011

Conecta con tu Paz interior

Esta es una historia diferente, porque es para comunicaros algo. Con muchos de vosotros, que realmente no sé cuantos ni quienes sois, el único modo de contactar es por aquí y, como creo que a algunas y algunos os puede resultar interesante, aprovecho este canal.

Voy a empezar a hacer unos talleres que llamo, en principio, “Conecta con tu Paz interior”. El título explica claramente de qué se trata.

Parto de una premisa, todos tenemos paz en nuestro interior. En realidad es Paz, con mayúscula, porque no es nuestra, es compartida por todos.

Esa Paz la hemos ido recubriendo toda nuestra vida, consciente o inconscientemente, de un montón de capas. Experiencias, pensamientos, emociones, situaciones que hemos considerado buenas o malas… Además de toda la carga heredada que traemos, por haber nacido en una determinada familia, lugar, etc.

De hecho hay maestros indios que cuestionan totalmente “el libre albedrío”. Realmente ¿Qué libertad de elección tenemos si estamos totalmente condicionados desde nuestra genética hasta la sociedad en la que nos hemos ido desarrollando?

Y son esas capas las que nos impiden la conexión con nuestra Paz, por eso hemos olvidado lo que realmente somos.

Desde mi punto de vista sólo conectando con esa Paz interior, que recibe multitud de nombres diferentes, nos salimos de esa rueda que ahora nos parece obligatorio seguir y empezamos a guiarnos por la voz de la intuición, que en la India dicen que es la voz del Maestro en tu interior.

Lo que pretendo con este taller es abrir una ventanita que atraviese esas capas y te permita asomarte a lo que realmente eres. Y a partir de aquí, es cosa tuya…

Utilizo tanto mis aprendizajes en la India como herramientas como el coaching, que cuestiona creencias, opiniones, prejuicios… y la meditación.

Si te interesa, contáctame en: arey@elnomada.es


San Agustín del Guadalix. Abril 2011