Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



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miércoles, 15 de mayo de 2013

Humildad


“La humildad es algo muy extraño. En el momento mismo que creemos tenerla, ya la hemos perdido”. San Agustín

Creo que llevo en esa lucha toda la vida, aunque hasta hace unos pocos años no he sido consciente y cada vez lo soy más. Mi Maestro, del que ya habéis leído unas cuantas cosas, cada vez que me hace llegar un mensaje, lo suele acompañar de la recomendación que nunca la olvide.

Hace unos meses, trabajando para una escuela de negocios en una actividad de liderazgo, propusimos que los alumnos escribieran cuales debían ser las características del buen líder. Se escribieron muchas, en folios distintos. El asunto consistía en repartir los papeles por el suelo y que la gente se fuera agrupando cerca de la cualidad que creía que necesitaba desarrollar más. La humildad, que había salido como una de esas virtudes necesarias para el buen liderazgo, estaba allí en el suelo. Yo me acerqué y le comenté a una compañera: mírala, que solita se ha quedado…

Al final de la jornada, como suelo hacer, ofrecí para los que quisieran una clase voluntaria de meditación. Fue una alegría porque se apuntaron prácticamente todos. Hicimos la clase y todo fue muy bien.

Por la noche, en mi camita, supongo que más henchido de orgullo de lo que me gustaría reconocer por el éxito de convocatoria, apareció mi Maestro en mi mente y sólo me mostró una imagen. Era yo mismo unas horas antes, sobre el folio que ponía: Humildad. Esa hoja que yo creía que se había quedado solita y en realidad había sido escrita para mí…

Y con eso estoy. Entendiendo porque me rechina tanto cuando veo a alguien que cubre su orgullo y soberbia detrás de una máscara de falsa modestia. Prefiero a alguien vanidoso y que no lo oculte a quien porta esa careta, creo que es preferible la falta de humildad que la falsa humildad. Evidentemente, esas personas me muestran lo que necesito ver, lo que necesito seguir trabajando. Así que sólo puedo decir gracias.

Hay muchas caras del ego y una de las más peligrosas es la del ego espiritual. Al tener un Maestro puedes empezar a creerte por encima del bien y del mal, con sabiduría y poder… Pese a ser, precisamente, lo contrario de lo que él te enseña. En este caso la careta consistiría en barnizar lo que realmente piensas, que se note lo importante que eres pero que parezca que no te lo crees...

Comprender este juego es también parte del camino. Son más de esas capas de las que suelo hablar cuando hablo de la Paz Interior cubierta. Sólo queda observar, aceptar y continuar.

Realmente en el Planeta India asumo mucho más fácil mi papel de eterno aprendiz. Tengo claro que la persona o la situación más inesperada puede enseñarme, así que estoy bastante relajado y atento a los aprendizajes. A veces eso me lleva a comerme alguna charla de más o alguna situación aburrida, pero en general me merece la pena.

Mi mayor maestro en humildad fue Sahidji, al que menciono en otra historia porque murió el año pasado. Era un maestro sikh muy reconocido y valorado, pero no tenía ningún problema en agacharse con sus ochenta y tantos años a tocar los pies en señal de respeto a otros maestros, probablemente mucho menos sabios. De ellos, los que también eran humildes, solían pararle a mitad de camino y agacharse ellos. Los que no lo eran, se daban una gran importancia, dado que alguien como Sahidji tocaba sus pies. Él jamás empezaba a comer o se sentaba si el resto de gente, sobre todo sus amigos extranjeros, no lo estaban ya. Sólo al final aceptó alguna consideración especial y era por no herir a los que tanto le insistíamos.

Más difícil me es lidiar con ello en la vida profesional, en España. En una sociedad en la que cada vez es más importante la marca personal, el curriculum, la experiencia… No es lo mismo que alguien anónimo imparta un curso, a que lo haga un coach ejecutivo, con amplia experiencia profesional, que vive parte del año en la India, que lleva meditando tanto tiempo, etc. Es difícil establecer el límite entre lo que es necesario y lo que es superfluo. Un límite evidente es la mentira, pero dentro de la verdad ¿dónde está esa frontera? Combinar el “hay que venderse” con el trabajo con la humildad no es tarea sencilla.

Hay una solución, más fácil de escribir que de practicar, que es el desapego al resultado y actuar con amor. Hacer las cosas lo mejor posible, sin preocuparnos de lo que suceda después, sin esperar halagos, ni felicitaciones, ni premios… Sólo por amor.

Esto del amor, que suena tan bien y es tan difícil de seguir, sirve también para tratar con esas máscaras propias y de otros. Cuando la ves en otro, solo habría que responder con amor y cuando la sientes en ti, también responderte de la misma manera.

Cuando vuelva, ya que en la India no tengo mucha vida profesional, me tocará trabajar con todo esto en España (y será mucho más difícil todavía porque se publicará mi libro, y venderé miles de ejemplares y me haré famoso…). Mientras tanto sigo en este Planeta con lo que la vida me va poniendo por delante, con esos espejos que me hacen saltar aterrorizado o cabreado hasta que me doy cuenta que soy yo, un poco más feo de lo que creía… O reflejan en lo que me puedo llegar a convertir si me descuido.

Ahora siento que escribir esta historia con una confesión forma parte de este trabajo: Soy un simple discípulo al que le falta humildad y que tiene mucho camino por delante por recorrer.


Risikesh. Febrero 2013  

viernes, 8 de febrero de 2013

Jespal

Jespal trabaja como dependiente en una tienda de ropa, desde hace once o doce años. Yo le conozco desde hace ocho. Su jornada laboral es de unas once horas, de lunes a domingo, con un descanso para comer y otro descanso para irse a recitar sus mantras a orillas del Ganges. Ahora es afortunado porque durante muchos años, en este mismo lugar, empezaba a trabajar a las ocho y no terminaba hasta las doce o la una de la noche, porque al cerrar la tienda tenía que ir a casa de sus jefes a hacerles la cena. Día tras día.

Antes tuvo un negocio a medias con su cuñado que terminaron vendiendo y el dinero se lo quedó el socio porque parece que lo necesitaba más, por motivos que no vienen al caso, pero no muy buenos… Jespal no quiso que su hermana y su madre se disgustaran por problemas económicos y lo aceptó así. Perdió todo y decidió empezar de nuevo.

Su sueldo actual es de seis mil rupias mensuales, menos de ochenta y cinco euros al cambio. El que piense que quizás eso es suficiente para la India que haga un par de cálculos facilitos: una habitación (no casa), dos mil quinientas rupias al mes, una bombona de gas para cocinar, mil doscientas rupias al mes y hay que sumarle la electricidad que no sé cuanto es y el pequeño detalle de comer a diario, preferiblemente poco y barato. Además, en ocasiones precisa de médicos y medicinas y algún gasto extras como algo de ropa, aunque suele evitarlos en la medida de lo posible.

Hace unos años Jespal me contaba que tenía que casarse, por la alta presión social y familiar que tenía. Su familia vive en otro estado y él se vino a vivir a Risikesh porque quería vivir en este lugar sagrado a orillas del río también sagrado. Continuamente le buscaban esposa y le insistían para que hiciera lo que todo indio debe hacer, casarse y tener hijos. Él se resistía como podía porque su vocación era más de brahmachari, de permanecer soltero y dedicarse a la vida espiritual además de a su trabajo. Finalmente, hace un par de años, apareció Rubi en su vida y se casaron. En su boda, como es habitual en este Planeta, los novios no estaban muy contentos pues apenas se conocían, pero Jespal por fin había hecho lo que todos le insistían que debía hacer.

Para la boda, entre dos familias muy pobres, hizo lo que también mucha gente hace. Cayó en la gran trampa. Su jefe le prestó dinero y le convenció de que le subiría el sueldo ahora que iba a tener familia. De seis mil rupias pasaría a nueve o diez mil, ya lo concretarían. Con ese incremento podría ir pagando el préstamo y seguir viviendo más o menos igual. El préstamo fue de ciento sesenta mil rupias, con las que pudo celebrarse la boda y agasajar convenientemente a familiares e invitados. También a sadhus y mendigos.

Cuando todo terminó y aquí la trampa, no hubo subida de sueldo. Seguía cobrando lo mismo, tenía una gran deuda y una mujer que mantener. De esta forma, el patrón se asegura la fidelidad casi de por vida del empleado. Como es imposible vivir con ese salario y pagar la deuda, habitualmente los empleados van empeñándose más y más… Hasta que se hace imposible salir de esa rueda. Esto sucede con las clases sociales más bajas. Es algo parecido a una moderna esclavitud, puesto que los empleados los son para todo, no sólo para el trabajo para el que en teoría son contratados. Hacen lo que dice el jefe. Y punto.

La eficacia de Jespal está fuera de toda duda. Cuando él está se vende diez o veinte veces más que cuando no está. Cuando no está me refiero a cuando el jefe le manda a otro lugar, claro, porque las vacaciones no existen. Su jefe en realidad es una familia. La señora es la que entiende el negocio, la que conoce la valía de Jespal y la que se ha asegurado su permanencia… El señor no da para mucho. Se dedica a hacerle la vida imposible, desconfiando de él, registrando sus bolsillos (pocas veces le he visto tan dolido como cuando me contó esto) y ordenándole cosas absurdas, como colocar y descolocar varias veces zonas de la tienda. El primogénito, al que conozco desde que era un niño, no hace más que dilapidar la fortuna de la familia (porque, evidentemente, son ricos).

Muchas de las enseñanzas que yo he recibido y voy intentando compartir vienen de Jespal. Su fuerza es la que hace que el negocio de sus amos funcione y su sabiduría es difícil de explicar. Puede sorprenderte con cosas que has leído en libros que él no conoce, hablarte de las sagradas escrituras indias, adivinar tu estado de ánimo, saber como te va en la meditación… Resumiendo: Jespal es un maestro espiritual. Es lo que tiene este Planeta, sabios disfrazados en muchos lugares.

En varias ocasiones intenté ayudarle con dinero y nunca me lo aceptó. Esto no me ha pasado jamás en la India. Bueno, ni en ningún sitio. Siempre me dijo que con mi sonrisa era suficiente. Últimamente me ha aceptado un poco porque he aprovechado la nueva circunstancia (cabezón de mí, me cuesta aceptar un no por respuesta).
Y esta circunstancia se llama Ananda que ahora ha venido a la familia. Nació en abril así que yo le he conocido hace unos días. Jespal sigue en la misma habitación, de unos ocho metros cuadrados y sin baño. En ella, donde hemos cenado unas cuantas veces, hay una gran cama (que también hace de sofá, de mesa, de sillas…) y una pequeña cocina de gas. En medio, en el suelo, hay una esterilla donde dormía la madre de Jespal que vivió un par de años con el matrimonio. Ahora se ha marchado al pueblo con otro hermano, ya que con la llegada de Ananda, la economía no da para más.

Cuando nació, Jespal tuvo que hacer guardia sentado en el suelo de la habitación donde estaban (que compartían con un montón de gente, claro) porque en ese mismo hospital desaparecieron cuatro bebés recién nacidos… Eso parece que no es muy habitual, lo es más que cambien a las niñas por niños. En la India tener una niña es un lastre, puesto que los que cuidaran a los padres de mayores son los varones y además está la dote para la boda… Así que, si tienes dinero, puedes conseguir que tu niña se convierta en niño en el hospital por arte de magia. Eso puede suceder puesto que está prohibido conocer el sexo del bebé antes de que nazca, por lo que he comentado que sucede con las niñas. También excepto que tengas dinero y entonces recurras a alguna clínica especial, que las hay. ¿Habéis oído hablar del aborto selectivo? ¿Para qué querer saber el sexo antes si no?. A lo que íbamos… Jespal sabía que su hijo era varón (al igual que sabe que el próximo que tendrá también lo será…), pero sólo después de insistir mucho él y sus familiares consiguieron que el médico lo dijera… Estoy hablando después de que hubiera nacido Ananda. A partir de ese momento todo el mundo le pedía dinero porque había tenido un niño y debía estar contento… Varios médicos, enfermeros, el conductor de la ambulancia…

Así que ahora tenemos a Jespal, Rubi y Ananda viviendo en la pequeña habitación que ya he descrito, con un sueldo de ochenta y cinco euros y una deuda de casi dos mil (algo ha pagado de ella en este tiempo). Además sin poder vivir con su madre, algo que todos desean porque ella está muy mayor y quiere estar con su nieto y a la orilla del Ganges el tiempo que le queda.

Como han empezado a gestionarlo es marchándose Rubi a su pueblo con Ananda, un par de meses con su madre y un par de meses con su suegra. De esta forma Jespal consume menos gas, menos comida, menos luz… Y ahorra algo para pagar el préstamo. Le ha propuesto a Rubi que se vaya un año (¡un año!) con ambas familias y así poder ahorrar al máximo, llevando una vida de total austeridad. Ella no ha aceptado, dice que no quiere que él no vea crecer a su hijo, que si tienen un solo chapati, lo compartirán entre los tres…

Escribiré dos finales para esta historia. El que iba a ser y el que es.

El que iba a ser. Le propongo a Jespal cancelar su deuda y ayudarle a empezar un nuevo negocio que tiene pensado. Para ello, además se me ocurre, hacer una petición a través de mi blog y que el que esté interesado en participar me lo diga. No como ayuda a Jespal y a su familia, sino como ayuda a nosotros mismos porque creo que Jespal y la gente como él nos dan la oportunidad de hacer cosas buenas. En este final, el que iba a ser, hago la propuesta, y tanto si tiene éxito de convocatoria como si no, saco a Jespal del atolladero y le ayudamos a empezar en mejores condiciones. Hasta me planteo, de tener buena respuesta por parte de los lectores, abrir una línea de ayudas en ambas direcciones (porque ¿quién ayuda a quién?...) con diferentes Jespals y Rubis que hay por aquí. Iba a dar mi email, al que le interesara le daría un número de cuenta y bla, bla, bla… Y la historia terminaría dándole las gracias por ayudarnos, por permitirnos hacer algo bueno. Este final ya casi lo tenía escrito antes de hablar con él.

El que es. Empieza igual: Le propongo a Jespal cancelar su deuda y ayudarle a empezar un nuevo negocio que tiene pensado Y me dice que muchas gracias, que por favor no me ofenda, pero que no lo acepta. La vida tiene problemas y satisfacciones y hay que saber lidiar con ellos. Para él, para Rubi, para Ananda (incluso para Ananda…) son prácticas que les sirven para seguir aprendiendo. No vale de nada que alguien te resuelva los problemas, porque en la vida siempre habrá más y hay que aprender de ellos. Prefiere seguir manejándose, practicando, aprendiendo…

Y la historia termina con que al menos conseguí que el año que viene retomemos el tema (cabezón, cabezón). Aunque creo que me dijo que sí sólo para no hacerme daño. También me ha dicho que me considera su opción de emergencia, parece que esto todavía no lo es…

Espero acercarme algún día a su humildad y su sabiduría, mientras tanto, sólo me queda seguir aprendiendo de él y de los maestros ocultos de este Planeta.


Como hay amigos que leen el blog y también viajan por Laxmanjhula, Jespal y Rubi no son nombres reales. No vaya a ser que por algún comentario bienintencionado les compliquemos la vida.


Risikesh. Febrero 2013

viernes, 6 de julio de 2012

Curriculum

“De Bangladesh”, me contestó el camarero que en ese momento me servía unas samosas en el restaurante indio en el que acabé por casualidad… Justo antes había preguntado a un par de “manteros” también que de dónde eran. Senegal y Mali.

Recuerdo cuando le pregunté hace casi 20 años a una chica que si era de Otavalo (Ecuador) y me dijo “Sí, ¿tú también?”, porque no había más ecuatorianos en Madrid que ella y su padre. Justo yo acaba de visitar su país por eso reconocí el característico atuendo que llevaba.

Ahora Madrid, España, Europa está completamente llena de gente de otras latitudes, afortunadamente. Me encanta disfrutar colores, olores, idiomas diferentes cuando paseo, sin necesidad de ir muy lejos.

Esta historia viene de alguna conversación en la que gente me ha contado su cruce del estrecho en patera o su periplo por medio mundo para terminar sirviendo cervezas en un bar de San Agustín del Guadalix. Y la lucha por traer a la familia, por vivir en un lugar hostil o por sobrevivir sin papeles… Por no hablar de mafias, de esclavistas y negreros del siglo XXI, porque aunque tanto no he profundizado en mis charlas, todos sabemos que existen.

Y eso me hace pensar que frente a carreras universitarias, masters en escuelas de negocios, cursos y más cursos, trabajos bien remunerados… Si la vida es aprendizaje, ellos si que tienen buen curriculum ¿no os parece?


San Agustín del Guadalix. Junio 2012

lunes, 18 de junio de 2012

Spiderman

Ya he hablado alguna vez del significado del saludo en la India “Namasté”: La divinidad que hay en mí se inclina y saluda a la divinidad que hay en ti. Lo importante de este saludo es que parte de la premisa de que en todos nosotros habita la divinidad. Es decir, Dios está dentro de todos, todos somos divinos, todos somos Dios… O lo que en otras tradiciones cercanas se entiende como el Buda interior, o lo que yo cuento siempre, y con lo que trabajo, la Paz interior…

Si todos tenemos esto o, mejor dicho, todos lo somos, entonces ¿Qué es lo que mostramos al exterior? ¿Qué es eso que oculta nuestro verdadero ser? Pues lo que creemos que somos, un falso yo originado por la mente y basado en pensamientos, creencias, experiencias… El ego.

Ese ego que realmente es una máscara, con la que estamos completamente identificados. Es decir estamos seguros de que somos nuestro disfraz, como el niño que se cree Spiderman porque va vestido de rojo… Pues realmente somos igual de Spiderman que de lo que creemos que somos.

Si logro separarme un ratito de este personaje, si logro dejar de identificarme con todo ese barullo que tengo en la cabeza y ponerlo a descansar, me encuentro con lo que realmente soy. Conecto con esa divinidad implícita en el Namasté y, durante ese rato, tengo más poderes que el superhéroe.

Porque ahí nada me afecta, es la “casa” de cuando jugábamos a atraparnos de niños, es donde estoy a salvo pase lo que pase en el exterior, es mi verdadero hogar al que reconozco enseguida en cuanto entro, es el lugar desde el que puedo entender el baile de máscaras… Soy Yo.

El reto es, evidentemente, permanecer ahí. La primera herramienta para hacerlo es creer en lo que eres y dejar, poquito a poquito, de identificarte con lo que no eres. Y lo que no eres es tu cuerpo, tu nombre, tus títulos, tus posesiones… No eres nada de lo que no traías y nada de lo que no te puedas llevar cuando salgas de aquí.

Mientras tanto, es bonito pensar que en una discusión, por ejemplo, en realidad tú y yo no discutimos, son nuestras máscaras. Visto desde ahí no puedo enfadarme contigo… Son Batman y Superman los que discuten así que cuando nos quitamos los disfraces no puede haber rencor.

En la India se dice que todos los problemas vienen incluidos en lo que añadimos al “Yo soy”… Hasta ahí todo va bien, el “Yo soy” es tan grande que el universo entero cabe en él, pero cuando le añadimos algo, se acabó.

Aparece Spiderman.


San Agustín del Guadalix. Junio 2012

viernes, 16 de marzo de 2012

Simplicidad

No sé si ya he escrito sobre ello alguna vez, no lo recuerdo, pero como hoy me volvió a pasar, retomo el asunto.

En el ashram donde paso la mayor parte de mi vida india, cada uno, a la hora de la comida, coge un plato de la pila que hay de ellos, lo lava y lo utiliza. Después de comer, vuelve a lavarse y se coloca de nuevo en su lugar. Se come sentados en el suelo y con la mano, lo que te permite utilizar el tacto también para disfrutar la comida (buen, también es una parte del cuerpo más que te abrasas si te apresuras). Siempre se utiliza la mano derecha, lo mismo que para saludar o tocar a alguien, la izquierda se utiliza para otras situaciones más impuras.

Pues hoy, al ir a lavar mi plato, había a mi lado un mendigo lavando… su bolsa de plástico. Como un pequeño tesoro, es donde come a diario. Ahí le echan su ración de lentejas, verduras y arroz y de ahí las come. Luego vi como alguien del ashram repartía unas bolsas a aquellos que no tenían.

Siempre se da de comer a un gran número de mendigos y de sadhus. Estos últimos, son renunciantes, aquellos que han trascendido la vida material y sólo hacen trabajo espiritual. En realidad es difícil distinguir por el aspecto a unos de otros y a todos se les llama “Mahatmas” (almas grandes). Bonito ¿verdad?. Quizás os suene la palabra porque es como llamaban a Gandhi, Mahatma Gandhi.

Ver como alguien lava a tu lado una bolsa de plástico, como una preciosa posesión y tener miles y miles de cosas da para mucho que pensar. ¿Qué es lo realmente necesario?...

La vida en la India te ayuda, un poquito, a darte cuenta que no hacen falta realmente tantas cosas. Que se puede vivir sin ellas y ser igual de feliz. Meses y meses con la misma ropa (lavándola, eso sí), comiendo cosas sencillas, yendo andando a los sitios, sin tratar de arreglar la vida de nadie, ni siquiera de arreglar el mundo… y haciendo cosas tan fáciles como sentarse y cerrar los ojos. Bueno, lo último admite discusión, creo que es de las cosas que parecen más sencillas desde fuera y uno de los trabajos más duros cuando te aplicas a ello. Nadie me cree cuando digo que necesito vacaciones al volver de la India…

Como escuché una vez por aquí, viendo a una mujer que llevaba no sé cuantas bolsas encima: “más tienes, más cargas…” O, como dijo un maestro a sus discípulos: “recordad que la puerta del cielo es muy, muy estrechita, cabes tú… y justito”.

Este aprendizaje también me sirve de mucho para cuando vuelvo a mi gran casa en España, con mi coche, mi ropa, mis tantísimas posesiones… En realidad no hacen falta. Que bueno poder utilizarlas mientras están y que bueno saber que no pasa nada si no están.

¿Para qué complicamos una vida que normalmente es mucho más simple? Mi sensación es que lo simple se encuentra más cerca de lo que somos realmente, complicarnos nos sirve para no vernos en el espejo, para no encontrarnos con nosotros mismos. Siempre hay otra cosa que hacer…


Rishikesh. Marzo 2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

Rabia

Estaba sentado, meditando, en la habitación donde está el samadhi de mi maestro. El samadhi es el monumento funerario ubicado en el mismo lugar donde está enterrado. Es el lugar donde ahora meditamos habitualmente.

En ese momento entra un pujari (el encargado de hacer las pujas u ofrendas en el templo) a hacer pranam (saludo respetuoso al maestro). Suena su móvil, a un volumen que creo que sólo es posible en la India y yo pienso que rápidamente lo va a cortar, dado que es una falta de respeto, además de estar prohibido dentro de la habitación. Pues no sólo no lo corta sino que contesta a voz en grito y se engancha en una larga conversación a voces, sin importarle el lugar, los 8 ó 10 que estábamos allí meditando, ni nada de nada.

A mí me viene una ola caliente, oscura, de rabia, que invade mi cuerpo completamente, este hombre estaba haciendo lo más horrible del mundo, le habría hecho tragar el teléfono, le hubiera sacado a patadas de allí, que falta de consideración al sitio y a la gente, ¿cómo era posible aquello?, le odiaba…

E, igual que vino, se fue. Me atravesó la rabia, me tomó por completo y luego me abandonó. ¿De dónde procedía? Él no la trajo, salió de dentro de mí y pude verla. Vino y se fue… Al observarla, desapareció.

Terminó su conversación y se marchó. Mi odio se transformó en gratitud, de corazón.

Que gran aprendizaje gracias a su llamada telefónica.


Rishikesh. Marzo 2012

miércoles, 27 de julio de 2011

Más meditación

Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy novio, soy biólogo, soy coach, soy…

Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy novio, soy biól…

Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy…

Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hij…

Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy galle…

Yo soy un hombre, soy blanco, soy esp…

Yo soy un hombre, soy blan…

Yo soy un homb …

Yo soy …

Yo …

Y…



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ESTO ES MEDITAR


Oviedo. Julio 2011

martes, 8 de marzo de 2011

MEDITACIÓN II

Con la Meditación comienzas a escuchar la voz de la intuición, esa que sólo se asomaba de vez en cuando y que en la India dicen que es la voz del Maestro en tu interior. Aprendes a seguirla y a anteponerla a la cabeza. Empieza a primar el corazón sobre el cerebro. Pero no el corazón entendido como las pasiones, las emociones… No, el corazón de la sabiduría interior. El que todos tenemos dentro y hemos recubierto de miles de capas negativas y positivas, en la eterna e inexistente dualidad entre lo bueno y lo malo.

Y comprendes que nada es casual. Nunca lo ha sido, pero ahora empiezas a darte cuenta. No es casual que yo ahora mismo esté escribiendo esta historia y tampoco lo es que tú ahora mismo la estés leyendo, siendo dos ahora mismo diferentes.

Tampoco lo es que justo sonrias cuando lees que nada es casual. Lo pensaste tantas veces… Pero nada es nada, también las cosas horribles que nos pasan y pasan a nuestro alrededor tienen un sentido, pasan por algo, aunque no acertemos a comprenderlo ahora. Aunque nunca lo hagamos.

Hay tantas cosas incomprensibles para la razón que cuando comienzas a entenderlo, le vas quitando protagonismo. No entiende casi nada e intenta explicarlo todo. Incluso, cuando algo sucede que se le escapa, intenta convencerte de que no ha sucedido…

Cuando a veces escucho sobre los indios o sobre otra gente de lugares diferentes al nuestro, que son felices “porque no conocen otra cosa”, siempre pienso lo mismo. Que pena, el que no conoces otra cosa eres tú… Creemos que tenemos libertad de elección y ellos no. Pero, desde que nacemos, ya venimos condicionados, primero genéticamente y luego socialmente. Vemos, creemos, actuamos como estamos obligados a hacerlo por nuestros condicionamientos. ¿Es esto libertad?

Libertad es poder salir de todos esos condicionamientos heredados y sociales. Libertad es salir de ahí, es no tener apegos, no tener deseos, no tener ataduras…

Libertad es meditar.


Risikesh. Marzo 2011

jueves, 3 de marzo de 2011

MEDITACIÓN

Hoy es Maha Sivaratri en la India. En realidad es en todo el mundo, pero sólo aquí lo saben. La luna nueva de febrero-marzo, la noche de Siva y uno de los momentos más propicios para meditar. La luna, al igual que a las mareas, afecta a nuestra mente, a nuestros pensamientos, emociones, etc. por lo que los mejores momentos para la meditación son cuando está oculta. Cada mes tiene su Sivaratri, esa luna nueva en la que Siva baja a la tierra, pero esta es la más importante del año. Se canta a Siva en todos los lugares y se peregrina a todos sus templos. Lo que más se escucha por las calles es su mantra: “Om Namah Sivah”.

Así que aprovecho este día para escribir un poco sobre la meditación, no tanto como concepto genérico, dado que hay muchos libros sobre ello, sino lo que para mí supone.

Hay alguna definición que me gusta especialmente, como esa que dice que si nuestra cabeza es una habitación con todos los cajones y armarios desordenados, la ropa en el suelo, etc. y, al rato, la vemos totalmente ordenada, con todo perfectamente colocado, la meditación es lo que ha sucedido entre medias. Por eso no comparto “el no tener tiempo para meditar”, puesto que la meditación puede hacer que tu tiempo se estire, en realidad ¿qué es el tiempo?...

Para mí la meditación consiste en situarse en el momento presente, en el tiempo y en el espacio. En realidad puede meditarse en cualquier situación, estemos haciendo lo que estemos haciendo, como el pintor, el bailarín, la cantante, la escritora, el cocinero…, que pierde la noción del tiempo y sólo está haciendo eso. Cien por cien metido en su tarea, el resto del universo desaparece… Y hablo de esas disciplinas más creativas porque ahí parece más sencillo que suceda, pues la propia belleza de lo que estamos haciendo nos atrapa, pero también vale para el albañil, el fontanero, la enfermera, etc. Pero como a esto no estamos acostumbrados en nuestra vida diaria, a prescindir de ese pasado que murió y de ese futuro que no existe, es por lo que nos sentamos a meditar.

Y entonces nuestra cabeza se llena de pensamientos y nos peleamos con ellos… ¡tengo que tener la mente en blanco! Y elimino a la fuerza un pensamiento y viene otro o el mismo a lo bestia y sigo luchando… Y acuden a la batalla hasta cosas de cuando era pequeño... La mente no se deja, si es una pelea, ella gana. Está acostumbrada. ¿Esto es lo que me habían dicho que relaja la meditación? Me levanto mosqueado, ¡esto no es para mí!.

Si os fijais, nuestra cabeza siempre está pensando en cosas que pasaron o que debieron haber pasado y de ahí salta a lo que tengo que hacer o no hacer. Del futuro al pasado y del pasado al futuro, un continuo partido de tenis, con la pelota de lado a lado y sin dejarla suspendida encima justo de la red. Aquí y ahora.

La meditación no es lucha, es rendición. Rendirnos a la vida. Aceptar todo lo que sucede sin juzgarlo. Lo que ayer consideré malísimo hoy veo que no lo fue tanto, lo que para aquel es bueno, a mí me parece horroroso. Etiquetas y etiquetas, todo bueno o malo. La meditación es no juzgar, sólo aceptar lo que la vida nos trae. Aunque no entendamos lo que nos pase, da igual, nunca entenderemos todo. Sólo hay que dar gracias a la vida (como la canción).

Cuando me siento a meditar, me rindo de entrada. No busco nada, no espero nada, que suceda lo que tenga que suceder. No medito con ningún objetivo, no pretendo nada, sólo medito. Un pensamiento viene, no lucho con él, lo observo y lo dejo marchar. Pero tampoco me voy con él, es decir, no me enredo en él y lo desarrollo y dejo que me leve a otro y a otro. Lo miro y dejo que pase. Me gusta la analogía con mirar al cielo, ver una nube que pasa y luego viene otra, y otra… hola nube, adiós nube. Y en un momento, hoy o mañana, deja de haber nubes y ya estás meditando. Eres el cielo.

Pero la siguiente vez exige una nueva rendición y empiezas a conocerte mejor. Cuando te cuesta menos meditar, cuando más… Lo que va sucediendo por dentro y por fuera. Las capas que van emergiendo de emociones, pensamientos, frustraciones, alegrías… todo se va quemando en ese fuego meditativo. Y a veces lloras y a veces ríes. Te sientes fatal o te encuentras en el paraíso. Y no quieres salir de ese paraíso y ese deseo te saca inmediatamente de él. Abres los ojos y te duelen las piernas, el culo y la espalda, pero ya lo viste, ya lo sentiste, ya sabes que existe y está dentro de ti…

Fue en un viaje hace ya unos cuantos años en Varanasi, donde un día se abrió una ventanita por la que me asomé por simple espíritu aventurero, porque me encantaba viajar. Una ventanita en mi interior donde un profesor, en una oscura habitación de las entrañas de la ciudad, me animó a mirar. Ahí descubrí el viaje más increíble que podía realizar y no tenía que salir ni de mi casa para empezar a explorar. Y ya prácticamente no viajo por el mundo, no me hace falta lo que antes era imprescindible en mi vida.

Aquí, a Risikesh, a la que dicen es la capital mundial del yoga y la meditación porque desde hace miles de años, sabios, sadhus, maestros y aprendices meditan en cuevas a las orillas del Ganges, vengo varios meses al año para eso, para meditar. Porque aquí me puedo dedicar a eso plenamente, sin distracciones, porque me rodeo de gente que viene a lo mismo que yo, porque casi todo me acompaña en mi viaje y, sobre todo, porque aquí está mi maestro. Pero eso es otra historia.

Con la meditación se consiguen un par de cosas interesantes, además de los listados de beneficios fisiológicos y psicológicos que pueden encontrarse en los libros. Desde un punto de vista material, conseguimos poner a descansar la mente, utilizarla sólo cuando nos hace falta. Como cualquier otra parte de nuestro cuerpo, estará mucho más fresca si no la usamos las 24 horas, como hacemos normalmente. Y, por otro lado, si paramos la mente un momentito, podemos ver lo que hay detrás… Podemos empezar a descubrir lo que no somos y a base de descubrir lo que no somos, llegaremos a darnos cuenta de lo que realmente somos. Eso que no puede explicarse, que sólo puede experimentar uno mismo. Porque, ¿cómo explicar algo tan grande cuando nuestras mentes son tan pequeñas? Como dicen aquí, ¿cómo meter todo el agua del mar dentro de un cubo?

Para terminar os cuento lo que a mí me aporta la meditación. Creo que una palabra lo resume todo: PAZ. Paz, para mi sinónimo de alegría, de felicidad, de serenidad, de templanza, de amor, de no miedo… Paz que me acompaña donde voy, a aunque a veces brille y a veces se esconda, siempre está conmigo. Paz que comparto y lo haría aunque no quisiera, porque se expande como el olor de las flores. Paz que captan rápido los más sensibles y a regañadientes los más escépticos, porque no se medita para uno, se medita para todos.

Sólo en la India existen los sadhus, hombres principalmente y algunas mujeres, que visten como mendigos y vagan de lugar en lugar. Los verdaderos son venerados como lo que son, como maestros. La gente los alimenta porque son conscientes de que su trabajo es para todos, porque trabajan espiritualmente por toda la humanidad.

Y los profundos cambios interiores pronto se reflejan en el exterior. En mi caso la vida fue cambiando poco a poco, sin brusquedades. Ahora paso varios meses al año en la India, también cambió mi alimentación, mi profesión, mi casa, nuevos amigos llegan, algunos quedan en el camino, otros regresan, cambiaron mis prioridades, mis deseos…

Y, tanto por dentro como por fuera, cada vez hay más silencio.


Risikesh. Marzo 2011

domingo, 12 de diciembre de 2010

Realidad

"Soñé que era una mariposa que volaba por el cielo. Después me desperté. Y ahora me pregunto si soy un hombre que soñó ser una mariposa o una mariposa que sueña ser un hombre"
Chuang Tzu

Yo no puedo saber si realmente estoy aquí escribiendo en este blog o, en realidad, estoy subido en un cubo de basura, en mitad de la calle, creyendo que escribo. Y cada cierto tiempo, con la idea de que estoy comprando el pan, hablándole a la gente que me toma por loco…

En mi ashram en Risikesh hay una mujer que no habla con nadie, pero siempre va hablando sola. Todos la tratan bien, pero la consideran loca. ¿Dónde estará esta mujer en realidad? La he visto bailar con la música del templo, con lágrimas en los ojos, ajena al resto del mundo, símplemente dejándose mecer por los acordes.

¿Y si somos nosotros los que estamos en un falso lugar? ¿Y si es ella la única que está en el sitio correcto y se compadece de nuestro sueño?


San Agustín del Guadalix. Noviembre 2010