Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



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sábado, 15 de junio de 2013

La casa de Hugo

¡Hola Hugo!

Acabas de llegar a este extraño lugar y me apetece contarte un cuento. Y a cambio sólo te pediría que me contaras de donde vienes…

Lo malo es que ahora que tienes reciente el viaje no me lo puedes explicar o al menos yo no se entenderte y cuando ya seamos capaces de comunicarnos, lo habrás olvidado. Eso es lo que nos suele pasar a todos, así que así estamos siempre, dando vueltas a “de dónde venimos” y a “dónde terminaremos”. ¿A qué ahora te da igual?

Vamos con el cuento, aprovechando que no puedes defenderte. Cuando crezcas te será más fácil huir del tío cuentista, ahora apechuga con lo que te toca. No será peor que lo que te han hecho en estas pocas horas que llevas por aquí, porque vaya cambio de vida que has tenido. Por cierto, este seguro que es el cambio más radical que todos hacemos jamás y, aunque ahora no puedas creerlo, luego hay otros cambios mucho menores que, en ocasiones, nos paralizan…

Ahora sí que va. Cuando yo era pequeño, no tanto como tú pero pequeño, jugábamos a un juego que consistía en perseguirnos los unos a los otros. Había quien lo llamaba “pillla pilla”, pero yo no era de esos que usaban ese nombre horrible… Bueno lo que quiero contarte es que dentro de ese juego, había un lugar que se elegía previamente en el que nadie podía hacerte nada, en el que estabas completamente a salvo. Ese lugar lo llamábamos, aquí si que yo me incluyo entre los que lo llamaban así, “casa”.

Casa era ese sitio donde descansar, agotado de que te persiguieran, ese lugar tranquilo desde donde podías ver el juego en el que otros corrían, los malos y los buenos. Todo sucedía delante de ti y, mientras lo observabas, podías decidir cuando salir de nuevo y continuar jugando. En ocasiones, ese ratito en casa te servía para comprender mejor como se desarrollaba, darte cuenta de quienes eran más rápidos que tú, por donde era más sencillo moverse… Te permitía tomar mejores decisiones para cuando te incorporaras de nuevo. Además desde ahí eras más consciente de que sólo era un juego. ¡Incluso el haber parado te permitía darte cuenta si te apetecía seguir jugando a eso!

Este rollo te lo cuento como introducción a otro. Y es que yo, ya de mayor, volví a descubrir “casa”. ¡Existe de verdad!. Y desde ahí he podido entender mejor el “pilla pilla” en el que vivimos, ese al que acabas de llegar. Esta historia que te escribo sólo es para decirte que puedes estar tranquilo, que aunque este nuevo mundo te parezca de locos, siempre vas a tener un lugar en paz desde donde observar y decidir como quieres continuar jugando. Quiero que sientas que hasta en las circunstancias más adversas podrás decidir sobre el cómo afrontarlas y que aunque eso te parezca en ocasiones imposible exteriormente, dentro de ti hay un sitio desde el que entenderás mejor el juego y sabrás que hacer.

Comprenderás que puedes tomar decisiones que hagan que el juego se desarrolle de la manera que te parezca más correcta, que no es tan importante ganar o perder, incluso que para ganar no es necesario que otros pierdan.

Esto significa que aunque la parte de vida que ahora te toca tendrá momentos de todo tipo, siempre dependerá de ti el cómo te afecten. Hay un punto a partir del cual, suceda lo que suceda, ya sólo mandas tú. Claro que te será algo complicado saber realmente quién es ese tú, porque aunque ahora lo tienes clarísimo, pronto entre todos te haremos olvidarlo y te tirarás un montón de tiempo para recordarlo de nuevo… Pero esas son las reglas de este juego.

En principio ya hemos empezado todos a llamarte Hugo… y te voy avisando desde ya que, aunque ahora mismo sabes que tú no eres Hugo, que ese sólo es el nombre que te han puesto, lo olvidarás y terminarás creyendo que sí que lo eres y que eres un montón de cosas más.

Iba a contarte también la manera de contactar con tu “casa”, incluso a explicarte que aunque accedas a ella desde ti mismo, en realidad es la casa de todos… Pero ya tendremos tiempo de hablar de ello. De hecho, tengo claro que en este momento podría aprender mucho más yo de ti que tú de mí y es absurdo intentar enseñar a quien podría ser tu maestro.

Pero desgraciadamente ahora no se entenderte…



San Agustín del Guadalix. Junio 2013

domingo, 7 de noviembre de 2010

El pequeño Nicolás

Hola Nico,

Soy tu tío y te escribo desde la India, tu primera carta. Seguro que es la primera porque todavía no has nacido. Te la podrá leer tu madre, en un momento de esos en los que estáis los dos solitos, tranquilos. Y quizás, dentro de unos años, puedas leerla tú.

Lo primero que quiero decirte es que tienes mucha suerte por el lugar donde vas a nacer, no todos los niños la tienen. No sé quien ni dónde reparte los lugares, pero tú has sido muy afortunado y eso no debes olvidarlo nunca. Hasta en los peores momentos que pases, no olvides que debes estar agradecido, porque podrás elegir muchísimas de las cosas que pasarán en tu vida y tendrás multitud de ventajas que otros ni imaginan que existen.

No sé de donde vienes, probablemente tú tampoco lo recordarás, pero has aterrizado en este pequeño cuerpo que sólo debe preocuparse de crecer y de ser feliz. Lo primero irá sucediendo y a lo segundo intentaremos ayudarte.

Quiero contarte algo, ya desde tan pequeñito, para que crezcas sabiéndolo y nunca lo olvides.

Hay un antiguo dicho indio: “Esto también pasará”. Aparece en consultas de médicos, en cuentos, en historias… y quiero explicarte lo que significa.

A lo largo de tu vida pasarás por un montón de circunstancias. Buenas y malas, agradables y desagradables, tristes y felices… de todo tipo. Cada día, cada semana, irán sucediéndote cosas. Unas durarán mucho tiempo y otras apenas dará tiempo a que te des cuenta, unas se te harán larguísimas y otras estarás deseando que vuelvan a pasar… Pero recuerda siempre que “Esto también pasará”.

Todo pasa, nada permanece. Esto debes tenerlo claro cuando estés sufriendo, porque no hay un dolor sin fin. Pero también cuando te sientas muy bien, no te aferres a esa felicidad, porque también pasará. Intenta siempre ver las cosas sabiendo que son efímeras, que nunca son para siempre. De esta forma, con ese punto de vista (el del viejo dicho indio…), comprenderás la realidad. Entenderás que no debes depender de factores externos para recorrer tu camino, que estos simplemente te lo harán más o menos cómodo, pero sólo puntualmente.

Comprendiendo esto, que todo pasa y nada queda, podrás entender porqué el camino a recorrer es hacia dentro y no hacia fuera. Porque lo de dentro, tú, si eres para siempre, si eres eterno. Sólo tienes que descubrirte.

En el camino hacia fuera, por mucho que seas, que tengas, que domines, que mandes… sólo eres, sólo somos un puntito, dentro de otro puntito en mitad del universo.

Quiero que sepas algo más. Y es que siempre serás responsable de ti y eso es algo que debes aceptar. Muchas veces no podrás cambiar las circunstancias externas, que podrán ser incómodas o desagradables, pero siempre podrás decidir como interiorizarlas. Cuanto lleguen a afectarte dependerá de ti, si haces un mundo de una pelota o haces una pelota de un mundo. Pero siempre puedes recurrir al viejo dicho indio…

Eres muy pequeñito, tanto que todavía no haría falta escribirte esto. No porque no lo entiendas, sino porque todavía lo entiendes. Pero, yo te lo cuento, por si, como nos va sucediendo a todos, lo vas olvidando…

Recorre ese camino que ya conoces y no des importancia, o dale sólo la justa a todas esas cosas externas que siempre pasarán.

Y, además, quiero pedirte una cosa. Quiero que te fijes en un momento preciso, en ese momento en el que dejas de vivir en el presente. Desgraciadamente te pasará, porque a todos nos pasa. Pero quizás sirva de algo que te des cuenta.

Mientras somos bebés, mientras somos niños, sólo nos preocupa el ahora. De repente, empezamos a pensar en lo que pasará mañana, o a recordar cosas del ayer… Ahí empieza el juego de la mente y desaparece completamente el momento actual.

¿Coincide cuando decimos “ya es todo un hombrecito”?. Probablemente haberte convertido en un hombrecito significa haber cortado el último hilo que te unía con la realidad. Porque el momento presente es la única realidad, el pasado murió y el futuro no existe. A partir de ahí, hay que empezar a tejer de nuevo…

Nunca te conviertas en un hombrecito, Nico.

A mí a veces me verás mucho y a veces me verás poco, pero no te preocupes, eso también dará igual. Ya sabes que nuestra conexión, del corazón, no depende de eso.

Bienvenido a tu paso por aquí.


Risikesh. Agosto 2007