Pregunté por él muchas veces, casi se convirtió en una obsesión encontrarle. Y, pese a que todo el mundo le conocía y a casi todo el mundo había impactado alguna vez, entre los comerciantes de la zona, nadie podía darme ninguna pista sobre su paradero.
Por otro lado, intenté hacer una recopilación de los escritos que había ido entregando, pero no conseguí ni uno. Curiosamente todos le habían considerado un simple vagabundo cuando se les acercó y, después de recibir su papel, pasaban a idealizarlo. Esos trozos de literatura se convertían en algo casi sagrado, se les dotaba de un poder extraordinario y, por supuesto, se consideraban totalmente intransferibles.
En la India se dice que cuando existe una flor lo suficientemente poderosa, todos los insectos acuden a ella, sin necesidad por su parte de hacer grandes esfuerzos. Así explican la veneración que reciben algunos personajes que por su aspecto o forma de vida parecen o son simples vagabundos, pero a los que miles de personas acuden simplemente para captar su atención unos instantes.
Parecía que 9 había bebido de esa misma esencia… Y yo le buscaba como los buscadores que viajan detrás de la verdad, de la felicidad, de cualquier dios de los miles reales o inventados, detrás de cada una de las cosas que las personas necesitamos, como zanahorias atadas a palos, para seguir avanzando, para tirar hacia delante…
No me daba cuenta que en esta vida, quizás una de los millones que nos tocan vivir, las cosas suceden cuando uno menos las espera, quizás cuando uno ya desespera de que sucedan. Todo pasa en el momento que tiene que pasar… Por cierto esa era una sensación que yo tenía cada vez más clara y era algo que me hacía darle vueltas y vueltas. ¿Todo era fruto de la casualidad? Todo lo que sucedía cuando tenía que suceder ¿era simplemente el azar?. Los escritos de este vagabundo que yo me empeñaba en encontrar, ¿acertaban con lo que el destinatario necesitaba, igual que si de una ruleta se tratara, pero con muchos más números, con infinitos números…?
Encontré la respuesta en la servilleta que 9 me había entregado el día que le conocí, yo era de los que ya eran capaces de creer en cualquier cosa, aunque no le encontrara explicación. Las casualidades no existen, o al menos no si se repiten un número determinado de veces. Todo sucede como y cuando tiene que suceder, aunque eso implique creer en una fuerza, en una energía, que lo controle todo, o en millones. Está claro que eso hace pensar, que hace darle vueltas, que hace dudar… Y como dijo alguien una vez, a esa duda llámale dios…
Llegó el día en el que nos encontramos de nuevo, mientras hablaba con una amiga en la barra de un bar. Alguien dejó un escrito delante de mí, sin que me diera cuenta. Cuando lo vi, no siquiera lo miré, me puse a buscar frenéticamente al autor, pensando si sería él y si habría vuelto a perderlo. Estaba sentado al fondo, me miraba y sonreía, me hizo un simple gesto con la mano para que me tranquilizara y leyera su mensaje.
Y ese mensaje ya lo conocéis. Está publicado en este mismo blog, hace un año más o menos: "El Contador de Historias".
Acababa de decirme quien era.
San Sebastián de los Reyes. También allá por el 2004...
Bienvenidos a las historias del nómada.
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
jueves, 20 de octubre de 2011
domingo, 2 de octubre de 2011
9
Se llamaba 9, o al menos se hacía llamar así desde que había emprendido su nueva vida, y era un vagabundo.
Nadie conocía su vida previa a ser “contador de historias”. Probablemente ni él mismo recordaba bien que antes tuvo una vida de las consideradas normales, trabajo con horarios, familia, casa, novia...
Ahora a lo que se dedicaba era a hacer más felices a los demás, aunque pocos se daban cuenta. Era un moderno renunciante, parecido, quizás sin habérselo planteado, a los sadhus de la India.
En un momento consideró que había acabado un ciclo de su existencia y empezó a viajar por el mundo, como siempre decía “por el camino de la sabiduría...”. Antes había viajado bastante, por trabajo, por vacaciones... Pero decidió viajar como hay que hacerlo, sin tiempo, sin prisa y, sobre todo, sin destino.
Yo le conocí en la taberna que regentaban mis hermanas, en pleno centro de Madrid. Se llamaba, o le llamaban, 9 y siempre firmaba sus escritos con ese número.
Sus escritos... en realidad eso era 9, sus escritos. Ya fueran poesías, cuentos para niños, letras de canciones, historias de amor o desamor, leyendas fantásticas, hechos reales o inventados, viajes y más viajes.
Era lo que daba sentido a su vida, sus historias, como él las llamaba. Y desgraciada o afortunadamente, era lo que empezaba a dar sentido a la mía también.
Rectifiquemos pues, el principio de la historia:
Se llamaba 9, o al menos se hacía llamar así desde que había emprendido su nueva vida, y era un escritor.
Cada vez que se establecía en un sitio, pronto la gente le conocía y le apreciaba porque se dedicaba a hacer regalos... trozos de papel con alguna de sus “historias”. Quizás fueran sólo unas frases que improvisaba en el momento y escribía en cualquier papel, o una larga historia con gran moraleja incluida. Siempre acertaba con lo que necesitabas leer. Era capaz de interpretar como nadie las emociones y los sentimientos de sus interlocutores y sus escritos eran recibidos como bálsamos para la depresión, como fuentes de alegría o como dardos precisos en la conciencia del receptor.
No lo hacía sólo con los conocidos, que tenía pocos, había decidido ayudar a la gente y aunque a veces era confundido con algún indigente, cualquiera que leyera un papel suyo, se daba cuenta de que 9 era alguien especial.
Cuando le vi la primera vez, no le presté atención, es decir, hice lo que siempre hacemos cuando estando con amigos alguien nos interrumpe, sea para vendernos rosas, Cds, o... contarnos historias. Curiosos personajes los que te sorprenden con retazos de arte escritos o pintados en pedazos mugrientos de papel...
Sólo me miró a los ojos, me sonrió y me entrego un pequeño trozo de servilleta de papel escrito. Se marchó antes de darme tiempo a decirle que no quería nada, que no tenía suelto, que no sabía leer...
“Creo que sólo hay dos posibilidades, o se está en el lado de los que sólo se creen lo que ven, lo que puede explicarse científica o racionalmente, o se está abierto a creer cosas que no tienen ninguna lógica ni ninguna explicación.
Dentro de la segunda posibilidad se nos abren muchas puertas, porque ya todo es posible. Aquí están todas las religiones, que exigen un ejercicio de fe, de creer lo imposible, sean milagros, resurrecciones, reencarnaciones....
Pero también están todas las cosas que denominamos fantasía, superstición, invención, magia, brujería, etc.
Si se ha dado este paso, el que va desde el estricto racionalismo hasta la apertura de la mente, ya todo debería ser posible...”
9
Sólo eso y tanto como eso. Probablemente en cualquier otro momento de mi vida hubiera arrugado el papel y lo hubiera tirado, o quizás guardado como tantas cosas que guardo por no tirar nada escrito con cabeza, pero justo ahora...
Encontré escrito lo que yo pensaba. Así de claro. Llevaba muchos años dándome cuenta de algo y no me había parado a pensarlo, a razonarlo. Este tío que no me conocía de nada, me tiraba encima de la mesa de un bar, el resumen de mis pensamientos, algo que me daría que pensar, sufrir y escribir mucho tiempo a partir de ese momento.
Ese era 9, así le conocí y ese fue el principio de nuestra relación.
San Sebastián de los Reyes. Allá por el 2004…
Nadie conocía su vida previa a ser “contador de historias”. Probablemente ni él mismo recordaba bien que antes tuvo una vida de las consideradas normales, trabajo con horarios, familia, casa, novia...
Ahora a lo que se dedicaba era a hacer más felices a los demás, aunque pocos se daban cuenta. Era un moderno renunciante, parecido, quizás sin habérselo planteado, a los sadhus de la India.
En un momento consideró que había acabado un ciclo de su existencia y empezó a viajar por el mundo, como siempre decía “por el camino de la sabiduría...”. Antes había viajado bastante, por trabajo, por vacaciones... Pero decidió viajar como hay que hacerlo, sin tiempo, sin prisa y, sobre todo, sin destino.
Yo le conocí en la taberna que regentaban mis hermanas, en pleno centro de Madrid. Se llamaba, o le llamaban, 9 y siempre firmaba sus escritos con ese número.
Sus escritos... en realidad eso era 9, sus escritos. Ya fueran poesías, cuentos para niños, letras de canciones, historias de amor o desamor, leyendas fantásticas, hechos reales o inventados, viajes y más viajes.
Era lo que daba sentido a su vida, sus historias, como él las llamaba. Y desgraciada o afortunadamente, era lo que empezaba a dar sentido a la mía también.
Rectifiquemos pues, el principio de la historia:
Se llamaba 9, o al menos se hacía llamar así desde que había emprendido su nueva vida, y era un escritor.
Cada vez que se establecía en un sitio, pronto la gente le conocía y le apreciaba porque se dedicaba a hacer regalos... trozos de papel con alguna de sus “historias”. Quizás fueran sólo unas frases que improvisaba en el momento y escribía en cualquier papel, o una larga historia con gran moraleja incluida. Siempre acertaba con lo que necesitabas leer. Era capaz de interpretar como nadie las emociones y los sentimientos de sus interlocutores y sus escritos eran recibidos como bálsamos para la depresión, como fuentes de alegría o como dardos precisos en la conciencia del receptor.
No lo hacía sólo con los conocidos, que tenía pocos, había decidido ayudar a la gente y aunque a veces era confundido con algún indigente, cualquiera que leyera un papel suyo, se daba cuenta de que 9 era alguien especial.
Cuando le vi la primera vez, no le presté atención, es decir, hice lo que siempre hacemos cuando estando con amigos alguien nos interrumpe, sea para vendernos rosas, Cds, o... contarnos historias. Curiosos personajes los que te sorprenden con retazos de arte escritos o pintados en pedazos mugrientos de papel...
Sólo me miró a los ojos, me sonrió y me entrego un pequeño trozo de servilleta de papel escrito. Se marchó antes de darme tiempo a decirle que no quería nada, que no tenía suelto, que no sabía leer...
“Creo que sólo hay dos posibilidades, o se está en el lado de los que sólo se creen lo que ven, lo que puede explicarse científica o racionalmente, o se está abierto a creer cosas que no tienen ninguna lógica ni ninguna explicación.
Dentro de la segunda posibilidad se nos abren muchas puertas, porque ya todo es posible. Aquí están todas las religiones, que exigen un ejercicio de fe, de creer lo imposible, sean milagros, resurrecciones, reencarnaciones....
Pero también están todas las cosas que denominamos fantasía, superstición, invención, magia, brujería, etc.
Si se ha dado este paso, el que va desde el estricto racionalismo hasta la apertura de la mente, ya todo debería ser posible...”
9
Sólo eso y tanto como eso. Probablemente en cualquier otro momento de mi vida hubiera arrugado el papel y lo hubiera tirado, o quizás guardado como tantas cosas que guardo por no tirar nada escrito con cabeza, pero justo ahora...
Encontré escrito lo que yo pensaba. Así de claro. Llevaba muchos años dándome cuenta de algo y no me había parado a pensarlo, a razonarlo. Este tío que no me conocía de nada, me tiraba encima de la mesa de un bar, el resumen de mis pensamientos, algo que me daría que pensar, sufrir y escribir mucho tiempo a partir de ese momento.
Ese era 9, así le conocí y ese fue el principio de nuestra relación.
San Sebastián de los Reyes. Allá por el 2004…
jueves, 15 de septiembre de 2011
Confesiones
Voy a aprovechar esta historia después del parón que he tenido en el blog para hacer algunas confesiones. Primero quiero disculparme por haber ralentizado la dinámica que llevaba de ir publicando casi semanalmente. Ha sido por... qué más da, las excusas son excusas y no cambian lo que ya ha sucedido.
Hay momentos que me bloqueo al escribir y no sé por donde tirar. A veces salen historias divertidas y otras veces siento la necesidad de contar cosas algo más profundas, quizás incluso útiles para alguien. En ocasiones simplemente escribo lo que me va saliendo, como ahora…
Varias personas me animan a escribir un libro, lo que creo que es y quizás sea siempre mi asignatura pendiente. Bueno, una de ellas, seguro que tengo un montón aunque no se me ocurran (para lo del niño, se me pasó la paella entera).
Empecé con el blog, para obligarme a escribir con continuidad y a lo mejor desde ahí… Un libro, ¿os imagináis tener un libro escrito?. No un libro digital, uno en papel, encuadernado, con su tacto, con su olor… Poder cogerlo y que pese… Y si encima ya sirviera para algo…
Un libro contando las “Aventuras y pensamientos de un aprendiz de Nómada” o las conversaciones con Pekepo, o la vida de “9” un personaje que todavía no conocéis y que te ayuda a cambiar la vida simplemente con sus trozos de papel escritos, o buceando en el “Planeta India” o ayudando a conectar con la Paz interior, o escribir la historia donde un viejo sadhu me ayudó a montar una empresa, o plasmar las nuevas ideas que siguen viniendo… Un libro…
Lo confieso… ¡no sé por donde agarrarlo! No sé si debe tener un tono profundo, educativo o sólo ser divertido. No sé si utilizar sesudos aprendizajes indios o simplemente divertidas anécdotas de viajes… No sé si se puede mezclar todo. No sé si un libro que te hace reír lo puedes tomar en serio como para extraer algún conocimiento de él. En realidad, ni siquiera sé si me atrevo a agarrarlo, a agarrar esa responsabilidad…
Un libro…
San Agustín del Guadalix. Septiembre 2011
Hay momentos que me bloqueo al escribir y no sé por donde tirar. A veces salen historias divertidas y otras veces siento la necesidad de contar cosas algo más profundas, quizás incluso útiles para alguien. En ocasiones simplemente escribo lo que me va saliendo, como ahora…
Varias personas me animan a escribir un libro, lo que creo que es y quizás sea siempre mi asignatura pendiente. Bueno, una de ellas, seguro que tengo un montón aunque no se me ocurran (para lo del niño, se me pasó la paella entera).
Empecé con el blog, para obligarme a escribir con continuidad y a lo mejor desde ahí… Un libro, ¿os imagináis tener un libro escrito?. No un libro digital, uno en papel, encuadernado, con su tacto, con su olor… Poder cogerlo y que pese… Y si encima ya sirviera para algo…
Un libro contando las “Aventuras y pensamientos de un aprendiz de Nómada” o las conversaciones con Pekepo, o la vida de “9” un personaje que todavía no conocéis y que te ayuda a cambiar la vida simplemente con sus trozos de papel escritos, o buceando en el “Planeta India” o ayudando a conectar con la Paz interior, o escribir la historia donde un viejo sadhu me ayudó a montar una empresa, o plasmar las nuevas ideas que siguen viniendo… Un libro…
Lo confieso… ¡no sé por donde agarrarlo! No sé si debe tener un tono profundo, educativo o sólo ser divertido. No sé si utilizar sesudos aprendizajes indios o simplemente divertidas anécdotas de viajes… No sé si se puede mezclar todo. No sé si un libro que te hace reír lo puedes tomar en serio como para extraer algún conocimiento de él. En realidad, ni siquiera sé si me atrevo a agarrarlo, a agarrar esa responsabilidad…
Un libro…
San Agustín del Guadalix. Septiembre 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
Diálogos con Pekepo IV
Mi experiencia en el bosque fue un regalo que Pekepo me hizo para que comprendiera, pero todavía no era mi momento de “crear mundos” y no sé si alguna vez lo será. Como bien se encarga de recordarme el pequeñazo:
- ¿¿Poeta?? Tú sigues siendo un aprendiz, así que escribe y escribe. Pero recuerda, hazlo con el corazón.
Y lo malo de haber visto aquello es que nunca vuelves a ser el de antes. De repente, has descubierto que lo que entiendes por realidad no existe, que todo es inventado. Que las mentes de todos los hombres que no saben que existe la poesía, generan continuamente un mundo del que nadie está especialmente orgulloso.
¿Y qué puedes hacer? Cuantas más vueltas le das, más en la mente estás… ¿Y Pekepo? Pekepo se ríe de lo difícil que hacemos nuestra propia vida.
Sólo me dice que escriba y escriba, como si fuera fácil hacerlo ahora… Insiste en que para mí la conexión con el corazón es a través de escribir historias, igual que para otros es la música, la pintura, la danza… Cada uno debe encontrar su camino para conectar con la poesía.
Y para escribir, hay que mirar, oler, tocar, escuchar, degustar, sentir, reír, llorar… De repente, se produce un momento de ¿inspiración? ¿magia? ¿poesía?. Las palabras brotan y se colocan, transmiten paz, serenidad.
Recuerdas como el frío siempre llega cuando los petirrojos empiezan a cantar en los jardines y te das cuenta que es porque traen el invierno enganchado en sus alas. Hasta que llegan las golondrinas con el tiempo inicialmente templado y luego tórrido. Escuchas las discusiones entre flores y espinas en el rosal, unas que quieren ofrecerse como símbolo de amor y las otras empeñadas en protegerlas, aunque con ello sólo consigan que se mustien tristes y solas. Comprendes que el azar sólo es una bonita palabra que perdió el significado en el momento que eres consciente de su inexistencia, como dijo san Agustín sobre la humildad, que la pierdes justo en el momento que crees que la has alcanzado. Y tantas otras cosas que no existen, pero alrededor de las cuales se crean mundos y guerras.
Quizás podría empezar a traer Pekepos a este mundo, para que cada humano tuviera uno cerca. Era tan alucinante lo que había cambiado mi vida desde que en ella apareció el pequeñazo…
- ¿Aparecí, aprendiz? Yo no aparecí. Ni aparezco ni desaparezco. ¿Todavía no has entendido que siempre estoy, que siempre he estado?
Es verdad, tenía razón. Lo que sucedió simplemente es que yo aprendí a mirar. Y seguía aprendiendo cosas, de hecho, mi experiencia de creación de un mundo nuevo fue parte de mi aprendizaje. No era sencillo hacerlo, sólo cuando Pekepo usaba su poder, o lo que fuera que tenía, yo lograba ver claramente con los ojos cerrados.
- Sí podrías traer muchos Pekepos, pero ¿de qué serviría? Continuarían sin verlos. Ya que si pudieran verlos no les haría falta tu ayuda, ellos también habrían aprendido.
- Pero, tiene que haber algo que yo pueda hacer. Ahora que sé que vivimos como dormidos, tengo que ayudar a despertar a los demás. ¿Qué puedo hacer?
- Escribe la historia de Pekepo, aprendiz, quizás eso ayude.
El siguiente paso a creer lo que no comprende la razón es colaborar con la fantasía, inventarse personajes y hacerlos vivir.
Risikesh. Febrero 2011
- ¿¿Poeta?? Tú sigues siendo un aprendiz, así que escribe y escribe. Pero recuerda, hazlo con el corazón.
Y lo malo de haber visto aquello es que nunca vuelves a ser el de antes. De repente, has descubierto que lo que entiendes por realidad no existe, que todo es inventado. Que las mentes de todos los hombres que no saben que existe la poesía, generan continuamente un mundo del que nadie está especialmente orgulloso.
¿Y qué puedes hacer? Cuantas más vueltas le das, más en la mente estás… ¿Y Pekepo? Pekepo se ríe de lo difícil que hacemos nuestra propia vida.
Sólo me dice que escriba y escriba, como si fuera fácil hacerlo ahora… Insiste en que para mí la conexión con el corazón es a través de escribir historias, igual que para otros es la música, la pintura, la danza… Cada uno debe encontrar su camino para conectar con la poesía.
Y para escribir, hay que mirar, oler, tocar, escuchar, degustar, sentir, reír, llorar… De repente, se produce un momento de ¿inspiración? ¿magia? ¿poesía?. Las palabras brotan y se colocan, transmiten paz, serenidad.
Recuerdas como el frío siempre llega cuando los petirrojos empiezan a cantar en los jardines y te das cuenta que es porque traen el invierno enganchado en sus alas. Hasta que llegan las golondrinas con el tiempo inicialmente templado y luego tórrido. Escuchas las discusiones entre flores y espinas en el rosal, unas que quieren ofrecerse como símbolo de amor y las otras empeñadas en protegerlas, aunque con ello sólo consigan que se mustien tristes y solas. Comprendes que el azar sólo es una bonita palabra que perdió el significado en el momento que eres consciente de su inexistencia, como dijo san Agustín sobre la humildad, que la pierdes justo en el momento que crees que la has alcanzado. Y tantas otras cosas que no existen, pero alrededor de las cuales se crean mundos y guerras.
Quizás podría empezar a traer Pekepos a este mundo, para que cada humano tuviera uno cerca. Era tan alucinante lo que había cambiado mi vida desde que en ella apareció el pequeñazo…
- ¿Aparecí, aprendiz? Yo no aparecí. Ni aparezco ni desaparezco. ¿Todavía no has entendido que siempre estoy, que siempre he estado?
Es verdad, tenía razón. Lo que sucedió simplemente es que yo aprendí a mirar. Y seguía aprendiendo cosas, de hecho, mi experiencia de creación de un mundo nuevo fue parte de mi aprendizaje. No era sencillo hacerlo, sólo cuando Pekepo usaba su poder, o lo que fuera que tenía, yo lograba ver claramente con los ojos cerrados.
- Sí podrías traer muchos Pekepos, pero ¿de qué serviría? Continuarían sin verlos. Ya que si pudieran verlos no les haría falta tu ayuda, ellos también habrían aprendido.
- Pero, tiene que haber algo que yo pueda hacer. Ahora que sé que vivimos como dormidos, tengo que ayudar a despertar a los demás. ¿Qué puedo hacer?
- Escribe la historia de Pekepo, aprendiz, quizás eso ayude.
El siguiente paso a creer lo que no comprende la razón es colaborar con la fantasía, inventarse personajes y hacerlos vivir.
Risikesh. Febrero 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
Más meditación
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy novio, soy biólogo, soy coach, soy…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy novio, soy biól…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hij…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy galle…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy esp…
Yo soy un hombre, soy blan…
Yo soy un homb …
Yo soy …
Yo …
Y…
…
.
ESTO ES MEDITAR
Oviedo. Julio 2011
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy novio, soy biól…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hijo, soy hermano, soy…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy gallego, soy hij…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy español, soy galle…
Yo soy un hombre, soy blanco, soy esp…
Yo soy un hombre, soy blan…
Yo soy un homb …
Yo soy …
Yo …
Y…
…
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ESTO ES MEDITAR
Oviedo. Julio 2011
martes, 21 de junio de 2011
Sólo pintando
Le comunicaron que podía marcharse, pero pidió quedarse. Ensimismado en su obra, pintaba y sólo pintaba. Le dijeron que era libre, que su encarcelamiento había sido un error y que lo lamentaban. Pero él decidió permanecer en su celda. Estaba pintando. Ante la insistencia en que no debía estar allí, sólo dijo que dejaran abierta la puerta, que ya saldría cuando terminara.
Tres años de cárcel por un delito que no había cometido. Hizo todo lo que pudo por demostrar su inocencia y cuando no pudo hacer más, aceptó la nueva situación. Decidió aprender a pintar y ahora estaba con su primer cuadro. Sólo pintaba.
Terminó de pintar dos meses después, se giró hacia la verja que le separaba de la libertad y salió. Sin mirar atrás, sin ni siquiera echar un vistazo general a la obra que recién terminaba. Se había acabado el momento de pintar y no había apego al resultado.
Ahora tocaba seguir viviendo.
San Agustín del Guadalix. Junio 2011
Tres años de cárcel por un delito que no había cometido. Hizo todo lo que pudo por demostrar su inocencia y cuando no pudo hacer más, aceptó la nueva situación. Decidió aprender a pintar y ahora estaba con su primer cuadro. Sólo pintaba.
Terminó de pintar dos meses después, se giró hacia la verja que le separaba de la libertad y salió. Sin mirar atrás, sin ni siquiera echar un vistazo general a la obra que recién terminaba. Se había acabado el momento de pintar y no había apego al resultado.
Ahora tocaba seguir viviendo.
San Agustín del Guadalix. Junio 2011
miércoles, 8 de junio de 2011
La primera, no la treinta y tantas…
Perdón que entre así, de repente, pero es que ha habido un error. Un grave error diría yo. Y es que yo tenía que ser la primera. Tengo la clase y la categoría suficiente para haber inaugurado este blog. Podía ser humorística, sentimental, en prosa o poesía, letra de canción, manifiesto de protesta, larga o corta, de colores… Podía ser cualquier historia, porque era la primera.
Ahora estoy aquí, en medio de no se cuantas y no sé ni de qué ser, ni a qué dedicarme… Como primera que era, estaba preparada para decirles:
Esto va a ser un blog de historias, de todo tipo, no hay argumento predefinido, ni conexión entre unas y otras, lo único que las une es que serán paridas por el mismo cerebro. Paridas en el sentido de traídas desde donde estuvieran hasta donde están, esto es, aquí. Sobre mí recae la responsabilidad de que usted siga leyendo.
Debo ser una historia lo suficientemente interesante para que cuando sea leída invite a continuar, debo conseguir captar su atención de tal forma que no me deje a medias y se pierda las otras. Por otro lado tampoco debo ser la mejor del blog, ya que entonces sería un típico caso de ir “de más a menos”, lo que nunca ha sido bien visto en blogs, libros, películas u obras de teatro.
Desde la humildad de ser sólo unas letras sobre papel, le invito a continuar leyendo. Sólo le pido que si no le interesa lo escrito, por favor, no pare aquí, siga un poquito más, porque, una, pese a ser sólo una historia, es la primera y nunca podría considerarme así si no lee usted la segunda.
Pero no me han dejado serlo, se me han colado unas cuantas por delante…
Claro que... soy la primera de las siguientes… Y la última de las anteriores. Soy un prólogo y un epitafio. Puedo cerrar el ciclo pasado e inaugurar el nuevo… Soy una primera y una última. ¡Es mejor que ser sólo la primera!
Señoras y señores, como última historia de las que han leído ustedes hasta ahora, me alegro de que hayan llegado hasta aquí y entiendo, que si me están leyendo, es que no en todo me he equivocado. Espero que se hayan reído un poco y se hayan emocionado otro poco, quizás que algo hayan aprendido, que lo hayan comentado con sus amigos, incluso me gustaría ser lectura obligada de fin de semana o de ratito en la oficina…
Y les animo, como primera de las próximas, a seguir leyendo todo lo que vendrá y, como última de las anteriores, a volver a leerlas, que quizás hayan quedado cositas sin descubrir…
San Agustín del Guadalix. Junio 2011
Ahora estoy aquí, en medio de no se cuantas y no sé ni de qué ser, ni a qué dedicarme… Como primera que era, estaba preparada para decirles:
Esto va a ser un blog de historias, de todo tipo, no hay argumento predefinido, ni conexión entre unas y otras, lo único que las une es que serán paridas por el mismo cerebro. Paridas en el sentido de traídas desde donde estuvieran hasta donde están, esto es, aquí. Sobre mí recae la responsabilidad de que usted siga leyendo.
Debo ser una historia lo suficientemente interesante para que cuando sea leída invite a continuar, debo conseguir captar su atención de tal forma que no me deje a medias y se pierda las otras. Por otro lado tampoco debo ser la mejor del blog, ya que entonces sería un típico caso de ir “de más a menos”, lo que nunca ha sido bien visto en blogs, libros, películas u obras de teatro.
Desde la humildad de ser sólo unas letras sobre papel, le invito a continuar leyendo. Sólo le pido que si no le interesa lo escrito, por favor, no pare aquí, siga un poquito más, porque, una, pese a ser sólo una historia, es la primera y nunca podría considerarme así si no lee usted la segunda.
Pero no me han dejado serlo, se me han colado unas cuantas por delante…
Claro que... soy la primera de las siguientes… Y la última de las anteriores. Soy un prólogo y un epitafio. Puedo cerrar el ciclo pasado e inaugurar el nuevo… Soy una primera y una última. ¡Es mejor que ser sólo la primera!
Señoras y señores, como última historia de las que han leído ustedes hasta ahora, me alegro de que hayan llegado hasta aquí y entiendo, que si me están leyendo, es que no en todo me he equivocado. Espero que se hayan reído un poco y se hayan emocionado otro poco, quizás que algo hayan aprendido, que lo hayan comentado con sus amigos, incluso me gustaría ser lectura obligada de fin de semana o de ratito en la oficina…
Y les animo, como primera de las próximas, a seguir leyendo todo lo que vendrá y, como última de las anteriores, a volver a leerlas, que quizás hayan quedado cositas sin descubrir…
San Agustín del Guadalix. Junio 2011
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