Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Bharat

Es que ya no sé como titular las historias cuando llego al Planeta India… Bharat es el nombre en sánscrito del país. Así que aquí estoy de nuevo, en Bharat.

Después de 24 horas justas de puerta a puerta, ya estoy en casa india. De esas 24, las últimas siete fueron recitando el mantra del que ya hablé hace una par de años (http://historiasdelnomada.blogspot.in/2011/02/y-vuelta-volver.html) así que no lo repetiré, pero sigue de plena actualidad.

Podría pensarse después de releer aquella historia que las carreteras van mejorando dado que siempre están en obras, pero he llegado a la conclusión de que las obras realmente son para estropearlas, sino no se explica. Al menos esta carretera, la que va de Delhi a Risikesh, lleva de obras toda una vida y se siguen tardando más de siete horas en hacer menos de 240 km.

Lo primero que hice al llegar fue pedirme un tali para cenar. Es un plato indio dividido en secciones, cada una con alguna verdura que pica mucho y arroz en el centro. Mucho es mucho, se me fundieron dos empastes… Año tras año sigo intentando encontrarle el gusto al picante y no lo consigo. En realidad lo sigo intentando porque no tengo más remedio ya que es bastante ineludible a no ser que te alimentes de fruta del tiempo (y eso, en España es un postre de restaurante, cutre, pero un postre).

Luego, ya instalado en la suite habitual, comprobé que todo seguía igual. Las sábanas eran viejas conocidas, las toallas también y las mantas seguían de pie. Podía pedir que lavaran todo pero pensé que era mejor acostumbrarse cuanto antes. Es más fácil que yo coja el olor de todo y deje de extrañar el jabón de Marsella que cambiar un pueblo entero. Uno de los lujos que tú lector no te das cuenta que tienes a diario, el olor de la ropita cuando sale de la lavadora. En unos meses se me saltarán las lágrimas al sentirlo.

Lo más impactante de estos primeros días ha sido el hablar con algunos amigos y conocidos acerca de la catástrofe que sucedió aquí a mediados de junio y que en España pasó prácticamente desapercibida. Realmente no entiendo el criterio para seleccionar que noticias internacionales son portada o al menos importantes y cuales no los son. De la India lo único que he leído estos meses han sido casos horribles de violaciones que, desgraciadamente llevan ocurriendo siempre y ahora se han hecho famosos. Del desastre del que hablo, que se ha catalogado como el tsunami de los Himalayas, casi no vi nada, más que lo que busqué en Internet. Parece que entre muertos y desaparecidos ha habido más de cien mil, los más optimistas dicen cincuenta mil y el gobierno… siete mil. La explicación me la dieron ayer muy clarita, sólo cuentan a los ricos, al menos los que tienen a alguien que los reclame o pregunte por ellos. Las familias, pueblos, comunidades que han desaparecido enteras, no están contabilizadas. Gente pobre, paupérrima, de las montañas. Es mejor que no se sepa porque perjudicaría el turismo que está creciendo y creciendo en esta región.

Pero lo que más me ha sorprendido es como se toma la gente esto que ha sucedido. Imagino una situación similar en España o en cualquier lugar de Occidente. El país entero estaría de luto durante años y años, se victimizaría media población, no sé si se superaría jamás… Creo que arrastramos las desgracias demasiado tiempo, incluso tengo la sensación de que nos regodeamos en ellas.

En la India se ve diferente, no se da tanta importancia a la muerte quizás porque tampoco se le da a la vida. Pasan cosas continuamente, algunas horribles y otras maravillosas y todas se aceptan con bastante naturalidad. Es cierto que en mi pueblo no ha habido daños personales y no muchos materiales, pero estuvieron viendo pasar los cadáveres que arrastraba el río que crecía y crecía. Y no sabían cuando iba a parar.

Por ahora no he oído a nadie hablar de lo injusta que ha sido la naturaleza o lo pobrecitos que son los que lo han sufrido. He oído más sobre Shiva que, enfadado por lo que estaba sucediendo en sus lugares sagrados, ha descargado su furia sobre Kedarnath. Es cierto que curiosamente allí, donde se originó la catástrofe, sólo ha quedado en pie el templo de Shiva, todo lo demás desapareció bajo las aguas del Ganges.

Y, mientras tanto, mi culo comienza a aplanarse de meditar en el suelo, comer en el suelo, leer en el suelo…, la espalda ya ha empezado a quejarse, los pies ya están un poco negros de ir descalzo (si que me ducho a diario pero hay un momento en que te rindes), el frío está llegando antes de tiempo porque parece que hay mucha nieve en las montañas (la que no se fundió y arrasó con todo, digo yo), el río está precioso (curiosamente nadie le acusa, sigue siendo la madre Ganga) y casi todo sigue igual o parecido.

Ya ha empezado la época de meditación más intensiva para beneficio, espero, de mente y espíritu y para perjuicio, constato, del cuerpo. El lugar es de nuevo el samadhi de mi maestro que nos ayuda a entender todo lo que aquí he contado desde lo divertido a lo horrible, desde las carreteras con baches hasta los desastres naturales, ya que en realidad, todo es parte de lo mismo.

¿Y qué es lo mismo? Buena pregunta, seguiremos informando…



Risikesh. Noviembre 2013

miércoles, 16 de octubre de 2013

CONOCERTE

Los maestros, los sabios, saben cosas que la gente normal no sabe, por eso son maestros y sabios. Lo he comprobado en muchas ocasiones en el Planeta India, pero aún así no deja de sorprenderme.

La última vez que vimos a Sahidji, el maestro Sikh del que he hablado aquí en algunas ocasiones, nos dijo: “tenéis que montar vuestro propio lugar para enseñar” y nos insistió mucho en que lo hiciéramos. Yo, como tantas veces que me hablan, incluso cuando lo hacen los maestros, no lo veía nada claro. No quise contradecirle puesto que estaba muy malito, terminando ya su paso por la tierra, pero no formaba parte de nuestros planes, ni complicarnos la vida de esa manera y. menos todavía, asumir esa gran responsabilidad.

Pero ellos siempre van por delante, por eso son maestros y sabios…

Inauguramos CONOCERTE un Centro de Psicología y Crecimiento Personal, donde compartiremos lo que aprendemos en la India y algunas cosas que vienen de más cerca, de la psicología, de la inteligencia emocional, del coaching, pero siempre con un barniz especial, claro, ese al que ya no podemos renunciar. Coincide con el Laboratorio del Alma del que os hablaba hace poco, con la nueva temporada india que será un poco más corta esta vez y con la publicación de Planeta India que parece que será en marzo por fin… Viene una temporada interesante.

En realidad todo está relacionado. Creo que desde esos lugares, sean centros, libros, blogs o proyectos para trabajar con empresas podemos aportar algunas cosas diferentes a lo que habitualmente se entiende por “normal”. La idea es señalar hacia el corazón de cada uno, para que todos nos miremos por dentro. Para mí es el único lugar donde habita la felicidad y es donde hay que descubrirla, puesto que está cubierta.

Así que, en CONOCERTE trabajaremos con el yoga, con la meditación, con las emociones, con las creencias, con el autoconocimiento, con… yo que sé lo que irá pasando y por donde creceremos o si lo haremos. En realidad ¿qué más da? Si está claro que pasará lo que tenga que pasar y que sólo lo saben los maestros.

Fue en una cena con unos amigos de toda la vida que se mudaron a nuestro pueblo. Ella, psicóloga, nos contaba su proyecto de montar un gabinete por aquí. El proyecto empezó a hacerse más y más grande en esa misma conversación…

Y mientras Sahidji sonreía.

Si te interesa conocer algo más del proyecto CONOCERTE, me lo dices
Y pronto la web  www.conocerte.es


San Agustín del Guadalix. Octubre 2013

sábado, 7 de septiembre de 2013

Laboratorio del Alma

Después de unos cuantos años realizando un trabajo apasionante, viajando por muchos lugares de España y el mundo, diseñando, organizando, montando eventos para más de cien empresas, todo empezaba a tambalearse. Había sido fundador y socio de la compañía, pionera en marketing experiencial, emocional, incentivos diferentes y un montón de cosas más, pero todo eso dejaba de tener sentido.

Empezaba a ver el dinero que se gastaban las empresas, aunque fuera con nosotros, como un gasto superfluo, no como una inversión. Sentía que era dinero desperdiciado. Además, empezaba a darme igual qué cliente nos contrataba. Me interesaba que todos los participantes disfrutaran y que todo saliera según lo previsto, pero que una marca de coches vendiera más que otra, o una compañía de seguros creciera más, gracias a nuestra ayuda, me tenía completamente sin cuidado.

Tenía un trabajo envidiable para mucha gente, bien pagado, con buenos colaboradores, cerca de casa, parking, visa… Pero algo fallaba.

Y un día llegó la solución. Una empresa nos permitió presentar una propuesta completamente diferente y, no sólo eso, aceptó la extraña idea y la llevamos a cabo. Fue la primera experiencia solidaria, que posteriormente llamaríamos experiencia con alma.

Todo había empezado el año anterior cuando, colaborando para el mismo cliente que quería hacer hincapié en el trabajo en equipo, montamos una ciudad medieval dentro del castillo de Trujillo. Troncos, cuerdas, clavos… que terminaron formando catapultas, torres, puentes levadizos, etc. gracias a los más de cien participantes. Viendo el resultado desde una almena del castillo verdadero, el concejal con el que había estado gestionando todos los permisos me dijo en broma: Ha quedado precioso ¿cuánto me cobras por no llevártelo?, yo le contesté: ¿Cobrarte? Te pagaría por no tener que desmontarlo todo y cargarlo en camiones…

Pero se me encendió una bombillita ¿y si montáramos alguna cosa que no sólo no hubiera que desmontar sino que sirviera a alguien una vez que nos marcháramos?

Escribí esto en aquella época:

28 de diciembre de 2004. Un pequeño pueblo bereber, en mitad de la nada, en el desierto, no en ese lleno de dunas como en las películas, en el verdadero desierto, muchas piedras, poca arena y casi sin vegetación. Al lado de un oued o río seco, pero que guarda agua en su interior suficiente para alimentar algunos pozos excavados a mano, una familia se instaló hace unos 60 años…

Este día de los inocentes de 2004, la fortuna sonrió a unos cuantos de ellos, darían un pequeño salto en la evolución, en el tiempo… salto que una gran parte de la humanidad ha dado hace mucho, y que una parte mucho mayor no dará jamás.

De repente, y por motivos laborales, tuve una ocasión única, ayudar a un grupo de gente que el destino, la casualidad o lo que se encargue de ello, había puesto en mi camino. Otro paso más, otra aventura más, otra oportunidad más…

Pondríamos la luz y el agua en sus casas. Una sola y corta frase, que resume un radical cambio de vida para un montón de gente.

El día definitivo fue el 4 de marzo del 2005. Atrás quedaban dos meses de preparativos, de inconvenientes, de miedos, de alegrías, de emociones… Este día llegaríamos al pueblo con 100 participantes voluntariosos y trabajaríamos hasta la puesta de sol, el momento de comprobar que el esfuerzo había valido la pena, que habíamos cumplido el objetivo.

Esta historia no es la crónica de un trabajo, sólo pretende ser el reflejo de una emoción. Todo salió bien. En medio de unos días lluviosos que empañaron el ánimo de los que buscábamos la perfección para un día tan importante, amaneció un día totalmente soleado, que cargaba tanto las baterías de los paneles solares que instalábamos, como las nuestras. Aquí, este día y más que nunca Alhamdulilah…

En Imidar, precioso nombre que ya quedará grabado para siempre entre los nombres de mi memoria, todo cambió y para siempre este 4 de marzo. La felicidad de los habitantes del pueblo sólo era comparable a la de los que acabábamos de hacerla posible.

Era noche cerrada y desde las casas del pueblo ya no se veía brillar el cielo, pero los habitantes estaban contentos. Sólo tenían que separarse unos metros para continuar viendo el espectáculo más bonito del mundo, el que sólo se observa en las noches del Sahara…

Sólo complementamos las estrellas…

Esa frase, “sólo complementamos las estrellas” es la que escribí, dejando asomarse a ese pequeño poeta que todos tenemos dentro, en el cartel conmemorativo que allí quedó tras nuestro paso por Imidar.

Después de esto, ya supe que quería hacer, todo cobraba sentido. Podía aprovechar toda mi experiencia de años viajando y desarrollando experiencias para empresas y, además, hacer algo que permitiría recuperar el sentido a la parte profesional de mi vida, uniéndolo definitivamente a la personal.

Ahí nació el “Laboratorio de experiencias con alma”, dentro de la empresa en la que yo trabajaba. Y desarrollamos el concepto de “marketing con alma” y lo presentamos en una bonita conferencia en Expomanagement con ayuda de un precioso cuento y de un mimo y era el futuro de nuestra compañía en una época en la que amenazaba tormenta ya que nadie hacía nada parecido y…

Me despidieron y se acabó todo. El laboratorio murió poco después de su presentación y la empresa a la que quizás hubiera salvado cerró unos meses después.

Y yo, además de decidir que mi vida pasaría por vivir parte del año en la India, me formé como coach ejecutivo y empecé a dedicarme a ello y a la formación. Entré en un mundo desconocido que me fue atrapando, el de colaborar con la gente en su felicidad, en su aceptación, en su mirada interior…

Ahora, unos añitos después, uniendo lo que pudo haber sido el laboratorio de experiencias con alma, con el coaching, la formación y una gran dosis de meditación y aprendizajes indios nace “El Laboratorio del Alma”.

Una mirada hacia dentro para darnos cuenta de lo que realmente somos y una mirada hacia fuera para saber lo que los demás necesitan.

Si te interesa saber más de la experiencia de Imidar: http://www.youtube.com/watch?v=l31tHnWAoN8
Si te interesa seguir al laboratorio en twitter: @labdelalma
Si te interesa conocer aquel cuento de presentación con el mimo, me lo dices
Y pronto la web. www.laboratoriodelalma.com



San Agustín del Guadalix. Septiembre 2013

martes, 23 de julio de 2013

Libros

Esta es una historia diferente, como si fuera de otro blog o un email, pero bueno, salió así. 

Como muchos me preguntáis como va el libro Planeta India, aprovecho desde aquí para contároslo. Parece que finalmente se publicará el año que viene. Una vez que firmas el contrato con la editorial, lo que en su momento me pareció, dentro de la emoción, una venta de alma al diablo, esta tiene dos años para publicarlo. Inicialmente me dijeron abril del 2013, luego septiembre y ahora que el año que viene. No es su culpa, parece que la crisis les ha afectado bastante, a ellos y a todo el sector, así que sólo pueden publicar este año, libros que garanticen el éxito, al menos para autofinanciarse. El mío lo garantiza, pero ellos todavía no lo saben…

Me ofrecieron publicarlo este año, pero a cambio yo debía comprar al menos trescientos ejemplares. Así cubrían, no sé si parcial o totalmente, la edición. Me planteé hacerlo, preguntar vía blog, email, facebook, etc. quién lo quería, para tener una idea de qué podría hacer con ellos (con los trescientos más los que me corresponden por contrato), incluso hacer una especie de “crowdfunding”. Pero he decidido que no, que pase lo que tenga que pasar. Y si en algún momento pido dinero por estas vías, que lo haré, será para otras cosas bastante más necesarias que publicar un libro (el que no haya leído “Jespal” es buen momento para hacerlo).

Sí que me me han confirmado su interés, veremos como evoluciona la situación. Así que, aunque arriesgo a no publicarlo, ahí queda, en manos del destino.

Mientras tanto, me estoy planteando escribir otro (quizás ya para mí solo, o para publicar por aquí, ya veremos). Es de otro estilo, no serán historias cortas, ni siquiera sé si la idea sobrevivirá al verano… Pero mientras todo eso se decide, me apetece compartir el principio con vosotros.

Les llaman “contadores de historias” y ellos lo que más valoran es el silencio…

Pero saben que mientras que las mujeres y los hombres no estén preparados deben seguir escribiendo, narrando, representando, según el momento, según los interlocutores. La gente necesita entenderles aunque no sea consciente de ello y ellos… bueno, ellos tienen que hacerlo, es una misión que llevan realizando generación tras generación, vida tras vida, hasta que la cumplan del todo, hasta que pueda darse por finalizada. Eso parece todavía lejano en el tiempo y en el espacio.

Esta es la historia de los “contadores de historias”. Y es una historia de dioses que juegan con la vida de humanos que sufren, de magia y misterio, de saltos en el tiempo que no existe, o al menos no parece que exista, de almas viejas que vagan dubitativas y de almas jóvenes que se regocijan en su inexperiencia. Una historia de de sabiduría e ignorancia, de la vida tal como es, aunque no sepamos entenderla.

Y de aquellos que nos ayudan a hacerlo.



San Agustín del Guadalix. Julio 2013

sábado, 15 de junio de 2013

La casa de Hugo

¡Hola Hugo!

Acabas de llegar a este extraño lugar y me apetece contarte un cuento. Y a cambio sólo te pediría que me contaras de donde vienes…

Lo malo es que ahora que tienes reciente el viaje no me lo puedes explicar o al menos yo no se entenderte y cuando ya seamos capaces de comunicarnos, lo habrás olvidado. Eso es lo que nos suele pasar a todos, así que así estamos siempre, dando vueltas a “de dónde venimos” y a “dónde terminaremos”. ¿A qué ahora te da igual?

Vamos con el cuento, aprovechando que no puedes defenderte. Cuando crezcas te será más fácil huir del tío cuentista, ahora apechuga con lo que te toca. No será peor que lo que te han hecho en estas pocas horas que llevas por aquí, porque vaya cambio de vida que has tenido. Por cierto, este seguro que es el cambio más radical que todos hacemos jamás y, aunque ahora no puedas creerlo, luego hay otros cambios mucho menores que, en ocasiones, nos paralizan…

Ahora sí que va. Cuando yo era pequeño, no tanto como tú pero pequeño, jugábamos a un juego que consistía en perseguirnos los unos a los otros. Había quien lo llamaba “pillla pilla”, pero yo no era de esos que usaban ese nombre horrible… Bueno lo que quiero contarte es que dentro de ese juego, había un lugar que se elegía previamente en el que nadie podía hacerte nada, en el que estabas completamente a salvo. Ese lugar lo llamábamos, aquí si que yo me incluyo entre los que lo llamaban así, “casa”.

Casa era ese sitio donde descansar, agotado de que te persiguieran, ese lugar tranquilo desde donde podías ver el juego en el que otros corrían, los malos y los buenos. Todo sucedía delante de ti y, mientras lo observabas, podías decidir cuando salir de nuevo y continuar jugando. En ocasiones, ese ratito en casa te servía para comprender mejor como se desarrollaba, darte cuenta de quienes eran más rápidos que tú, por donde era más sencillo moverse… Te permitía tomar mejores decisiones para cuando te incorporaras de nuevo. Además desde ahí eras más consciente de que sólo era un juego. ¡Incluso el haber parado te permitía darte cuenta si te apetecía seguir jugando a eso!

Este rollo te lo cuento como introducción a otro. Y es que yo, ya de mayor, volví a descubrir “casa”. ¡Existe de verdad!. Y desde ahí he podido entender mejor el “pilla pilla” en el que vivimos, ese al que acabas de llegar. Esta historia que te escribo sólo es para decirte que puedes estar tranquilo, que aunque este nuevo mundo te parezca de locos, siempre vas a tener un lugar en paz desde donde observar y decidir como quieres continuar jugando. Quiero que sientas que hasta en las circunstancias más adversas podrás decidir sobre el cómo afrontarlas y que aunque eso te parezca en ocasiones imposible exteriormente, dentro de ti hay un sitio desde el que entenderás mejor el juego y sabrás que hacer.

Comprenderás que puedes tomar decisiones que hagan que el juego se desarrolle de la manera que te parezca más correcta, que no es tan importante ganar o perder, incluso que para ganar no es necesario que otros pierdan.

Esto significa que aunque la parte de vida que ahora te toca tendrá momentos de todo tipo, siempre dependerá de ti el cómo te afecten. Hay un punto a partir del cual, suceda lo que suceda, ya sólo mandas tú. Claro que te será algo complicado saber realmente quién es ese tú, porque aunque ahora lo tienes clarísimo, pronto entre todos te haremos olvidarlo y te tirarás un montón de tiempo para recordarlo de nuevo… Pero esas son las reglas de este juego.

En principio ya hemos empezado todos a llamarte Hugo… y te voy avisando desde ya que, aunque ahora mismo sabes que tú no eres Hugo, que ese sólo es el nombre que te han puesto, lo olvidarás y terminarás creyendo que sí que lo eres y que eres un montón de cosas más.

Iba a contarte también la manera de contactar con tu “casa”, incluso a explicarte que aunque accedas a ella desde ti mismo, en realidad es la casa de todos… Pero ya tendremos tiempo de hablar de ello. De hecho, tengo claro que en este momento podría aprender mucho más yo de ti que tú de mí y es absurdo intentar enseñar a quien podría ser tu maestro.

Pero desgraciadamente ahora no se entenderte…



San Agustín del Guadalix. Junio 2013

miércoles, 15 de mayo de 2013

Humildad


“La humildad es algo muy extraño. En el momento mismo que creemos tenerla, ya la hemos perdido”. San Agustín

Creo que llevo en esa lucha toda la vida, aunque hasta hace unos pocos años no he sido consciente y cada vez lo soy más. Mi Maestro, del que ya habéis leído unas cuantas cosas, cada vez que me hace llegar un mensaje, lo suele acompañar de la recomendación que nunca la olvide.

Hace unos meses, trabajando para una escuela de negocios en una actividad de liderazgo, propusimos que los alumnos escribieran cuales debían ser las características del buen líder. Se escribieron muchas, en folios distintos. El asunto consistía en repartir los papeles por el suelo y que la gente se fuera agrupando cerca de la cualidad que creía que necesitaba desarrollar más. La humildad, que había salido como una de esas virtudes necesarias para el buen liderazgo, estaba allí en el suelo. Yo me acerqué y le comenté a una compañera: mírala, que solita se ha quedado…

Al final de la jornada, como suelo hacer, ofrecí para los que quisieran una clase voluntaria de meditación. Fue una alegría porque se apuntaron prácticamente todos. Hicimos la clase y todo fue muy bien.

Por la noche, en mi camita, supongo que más henchido de orgullo de lo que me gustaría reconocer por el éxito de convocatoria, apareció mi Maestro en mi mente y sólo me mostró una imagen. Era yo mismo unas horas antes, sobre el folio que ponía: Humildad. Esa hoja que yo creía que se había quedado solita y en realidad había sido escrita para mí…

Y con eso estoy. Entendiendo porque me rechina tanto cuando veo a alguien que cubre su orgullo y soberbia detrás de una máscara de falsa modestia. Prefiero a alguien vanidoso y que no lo oculte a quien porta esa careta, creo que es preferible la falta de humildad que la falsa humildad. Evidentemente, esas personas me muestran lo que necesito ver, lo que necesito seguir trabajando. Así que sólo puedo decir gracias.

Hay muchas caras del ego y una de las más peligrosas es la del ego espiritual. Al tener un Maestro puedes empezar a creerte por encima del bien y del mal, con sabiduría y poder… Pese a ser, precisamente, lo contrario de lo que él te enseña. En este caso la careta consistiría en barnizar lo que realmente piensas, que se note lo importante que eres pero que parezca que no te lo crees...

Comprender este juego es también parte del camino. Son más de esas capas de las que suelo hablar cuando hablo de la Paz Interior cubierta. Sólo queda observar, aceptar y continuar.

Realmente en el Planeta India asumo mucho más fácil mi papel de eterno aprendiz. Tengo claro que la persona o la situación más inesperada puede enseñarme, así que estoy bastante relajado y atento a los aprendizajes. A veces eso me lleva a comerme alguna charla de más o alguna situación aburrida, pero en general me merece la pena.

Mi mayor maestro en humildad fue Sahidji, al que menciono en otra historia porque murió el año pasado. Era un maestro sikh muy reconocido y valorado, pero no tenía ningún problema en agacharse con sus ochenta y tantos años a tocar los pies en señal de respeto a otros maestros, probablemente mucho menos sabios. De ellos, los que también eran humildes, solían pararle a mitad de camino y agacharse ellos. Los que no lo eran, se daban una gran importancia, dado que alguien como Sahidji tocaba sus pies. Él jamás empezaba a comer o se sentaba si el resto de gente, sobre todo sus amigos extranjeros, no lo estaban ya. Sólo al final aceptó alguna consideración especial y era por no herir a los que tanto le insistíamos.

Más difícil me es lidiar con ello en la vida profesional, en España. En una sociedad en la que cada vez es más importante la marca personal, el curriculum, la experiencia… No es lo mismo que alguien anónimo imparta un curso, a que lo haga un coach ejecutivo, con amplia experiencia profesional, que vive parte del año en la India, que lleva meditando tanto tiempo, etc. Es difícil establecer el límite entre lo que es necesario y lo que es superfluo. Un límite evidente es la mentira, pero dentro de la verdad ¿dónde está esa frontera? Combinar el “hay que venderse” con el trabajo con la humildad no es tarea sencilla.

Hay una solución, más fácil de escribir que de practicar, que es el desapego al resultado y actuar con amor. Hacer las cosas lo mejor posible, sin preocuparnos de lo que suceda después, sin esperar halagos, ni felicitaciones, ni premios… Sólo por amor.

Esto del amor, que suena tan bien y es tan difícil de seguir, sirve también para tratar con esas máscaras propias y de otros. Cuando la ves en otro, solo habría que responder con amor y cuando la sientes en ti, también responderte de la misma manera.

Cuando vuelva, ya que en la India no tengo mucha vida profesional, me tocará trabajar con todo esto en España (y será mucho más difícil todavía porque se publicará mi libro, y venderé miles de ejemplares y me haré famoso…). Mientras tanto sigo en este Planeta con lo que la vida me va poniendo por delante, con esos espejos que me hacen saltar aterrorizado o cabreado hasta que me doy cuenta que soy yo, un poco más feo de lo que creía… O reflejan en lo que me puedo llegar a convertir si me descuido.

Ahora siento que escribir esta historia con una confesión forma parte de este trabajo: Soy un simple discípulo al que le falta humildad y que tiene mucho camino por delante por recorrer.


Risikesh. Febrero 2013