Estaban los tres sentados en torno a la hoguera, hacía unos días que había llegado ya el frío invernal. Planificaban, otro año más, su misión, la aventura que, hacía mucho tiempo ya, daba sentido a sus vidas. Esa aventura que pasaban el resto del año esperando iniciar.
Era su santo grial, su gran Búsqueda. Para ellos que prácticamente lo tenían todo, se había convertido en una obsesión, pensaban que podrían salvar al mundo de la cada vez más cercana destrucción. Si conseguían, este año sí, resolver con éxito la Incógnita, quizás aún fuera posible darle la vuelta a ese próximo final.
Habían empezado por separado, desde sus diferentes orígenes, pero a los tres siempre les había preocupado la misma cuestión. Terminaron encontrándose en el camino, puesto que era el camino de la Verdad, y continuaron juntos. Aunaron sus esfuerzos, los esfuerzos de tres grandes buscadores, quizás los más grandes y sabios que han existido jamás.
Los tres sabían que estas eran las fechas más apropiadas. Mientras todo el mundo estaba distraído en otros menesteres, ellos aprovechaban para intentar conseguir el máximo de información. Registraban casa por casa, palacios y chabolas, persiguiendo lo desconocido, pero en algún sitio tenía que poder resolverse el Enigma.
De paso, seguían cumpliendo una tradición que ellos mismos habían creado mucho tiempo atrás, quizás por entretenerse, quizás pensando que hacían un bien. Todo empezó con aquel muchacho con el que tropezaron casi de casualidad y al que, al ver casi desnudo, hicieron unos cuantos regalos. La cara del niño pagó con creces el valor de lo regalado y les pareció bonito aprovechar su viaje cosechando sonrisas.
No dejaban de sorprenderse de la acogida que esta iniciativa tenía, precisamente en los lugares que menos necesaria era. En cambio, casi nunca llegaban noticias de donde no había nada. Cada vez era mayor la diferencia, del destino final de su viaje llegaban millones de las más variadas y extrañas peticiones, de los otros sitios apenas unos agónicos mensajes de… agua, paz, comida…
Sospechaban que también esto estaba relacionado con el misterio que les ocupaba desde casi el principio de los tiempos.
Por eso nada debía hacerles olvidar su objetivo y nunca lo olvidaban. Ninguna sonrisa era lo bastante grande para hacerles desviar de lo que necesitaban encontrar, que provocaría las risas felices de casi toda la humanidad. Porque, si tenían éxito acabaría la desigualdad tan absoluta que existe en el planeta y que pronto podía hacerlo estallar.
Melchor, Gaspar y Baltasar cargaron su caravana y partieron, un año más, en busca de la respuesta a la pregunta que atemorizaba al mundo:
¿Qué está ocurriendo en Occidente que hasta el sol al llegar allí se apaga?
Risikesh. Diciembre 05
Bienvenidos a las historias del nómada.
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
martes, 28 de diciembre de 2010
jueves, 23 de diciembre de 2010
Diálogos con Pekepo III
Sentados en una roca, en medio del bosque, con los pies colgando y charlando como viejos amigos. Probablemente lo éramos aunque yo no fuera consciente de ello. De eso todavía no habíamos hablado. ¿Nos conocíamos de antes? ¿Podría yo inventar todos los Pekepos que quisiera? ¿De dónde venía realmente? ¿Sólo yo podía inventarlos?
- De tu poesía, aprendiz, yo vengo de tu poesía.
- Entonces, ¿yo también tengo poesía?
- Todos tenéis, pero estáis ciegos a ella. Como el pez que se muere de sed y pregunta dónde hay agua mientras continúa nadando. Sólo tienes que aprender a mirar. Cuando lo hiciste en un momento, aparecí yo. De ese resquicio que dejaste abierto, saltó un Pekepo. ¿Qué si puedes inventar más? Abre esa puerta de par en par y aparecerán millones. ¿Sólo tú? Cualquiera, aprendiz, cualquiera puede hacerlo.
Habíamos ido al bosque porque dijo que me enseñaría a mirarlo de manera diferente. Empezaban las lecciones. Desde esa misma roca me dijo, al ver mis ojos como platos, buscando y buscando:
- Mira bien aprendiz. Cierra los ojos.
Empezó a hablarme de los otros habitantes que en el bosque había y que yo nunca había visto. De los que otros si habían escrito y que yo ya había aceptado como posibilidad. De hadas, duendes, elfos y gnomos…
El haber aceptado la posibilidad de su existencia fue mi puerta de entrada, según me explicó Pekepo. Ese no negar de antemano que haya algo más allá de la razón, permite que la poesía se asome.
Me explicó como mirar con los ojos cerrados y sólo abrirlos cuando empezara a ver. Y la magia se asomó…
Lo primero que me sorprendió fue el color. Veía colores cuyos nombres no sabía, que jamás había visto. Pensé que para intentar describirlos tendría que inventar palabras nuevas…
Extraños personajes, animales nuevos… y lo más curioso es que cuando pensaba que sería bonito ver un determinado tipo de ser, éste aparecía. Estaba mirando dentro de mí, todo eso lo estaba creando yo en ese instante…
¿Alucinaciones? ¿Me habría drogado el pequeñazo?
Abrí los ojos y todo continuaba igual. Los colores, los seres extraños… Empecé a asustarme porque todo era demasiado raro. Entonces, todo se volvió oscuro y se escucharon sonidos tenebrosos. En ese momento, miré a Pekepo, cada vez con más miedo, pero, al ver que sonreía, me tranquilicé. Y volvieron los colores y la luz a alumbrar el bosque, mientras una música suave se oía de fondo, acompañándonos…
Descubrí que podía cambiar el mundo…
Risikesh. Septiembre 2008
- De tu poesía, aprendiz, yo vengo de tu poesía.
- Entonces, ¿yo también tengo poesía?
- Todos tenéis, pero estáis ciegos a ella. Como el pez que se muere de sed y pregunta dónde hay agua mientras continúa nadando. Sólo tienes que aprender a mirar. Cuando lo hiciste en un momento, aparecí yo. De ese resquicio que dejaste abierto, saltó un Pekepo. ¿Qué si puedes inventar más? Abre esa puerta de par en par y aparecerán millones. ¿Sólo tú? Cualquiera, aprendiz, cualquiera puede hacerlo.
Habíamos ido al bosque porque dijo que me enseñaría a mirarlo de manera diferente. Empezaban las lecciones. Desde esa misma roca me dijo, al ver mis ojos como platos, buscando y buscando:
- Mira bien aprendiz. Cierra los ojos.
Empezó a hablarme de los otros habitantes que en el bosque había y que yo nunca había visto. De los que otros si habían escrito y que yo ya había aceptado como posibilidad. De hadas, duendes, elfos y gnomos…
El haber aceptado la posibilidad de su existencia fue mi puerta de entrada, según me explicó Pekepo. Ese no negar de antemano que haya algo más allá de la razón, permite que la poesía se asome.
Me explicó como mirar con los ojos cerrados y sólo abrirlos cuando empezara a ver. Y la magia se asomó…
Lo primero que me sorprendió fue el color. Veía colores cuyos nombres no sabía, que jamás había visto. Pensé que para intentar describirlos tendría que inventar palabras nuevas…
Extraños personajes, animales nuevos… y lo más curioso es que cuando pensaba que sería bonito ver un determinado tipo de ser, éste aparecía. Estaba mirando dentro de mí, todo eso lo estaba creando yo en ese instante…
¿Alucinaciones? ¿Me habría drogado el pequeñazo?
Abrí los ojos y todo continuaba igual. Los colores, los seres extraños… Empecé a asustarme porque todo era demasiado raro. Entonces, todo se volvió oscuro y se escucharon sonidos tenebrosos. En ese momento, miré a Pekepo, cada vez con más miedo, pero, al ver que sonreía, me tranquilicé. Y volvieron los colores y la luz a alumbrar el bosque, mientras una música suave se oía de fondo, acompañándonos…
Descubrí que podía cambiar el mundo…
Risikesh. Septiembre 2008
viernes, 17 de diciembre de 2010
Om de estoy metido… (Planeta India)
Si cuando entras en tu habitación ves tus chancletas flotando, es que algo ha pasado… Después de un rato de sorpresa, deduces que es que hay agua en el suelo. La primera emoción es la alegría ¡no son aguas fecales!, y luego ya te planteas qué hacer. Al final tomé la decisión errónea, me fui a buscar a Shuvam. Un minuto antes estaba estorbando en medio de la escalera, así que comprobé que mi teoría sobre la capa de Harry Potter era correcta. Había desaparecido y era imposible que le hubiera dado tiempo a salir del hotel. Así que me di cuenta que a la invisivilidad debía sumarle su capacidad de leer el pensamiento.
Llamé por teléfono a Manish y me dijo que iría con el fontanero. Al ratito suena la puerta y abro, pensando que eran los susodichos. Pues no, ahí me encuentro al de la habitación 32 que venía a hacerrme una visita. Un rato antes, cuando subía de buscar al hombre invisible, me lo había encontrado bloqueando el paso y buscando conversación… porque estábamos en la misma planta. Yo le preguntaba que si estaba de vacaciones y él me decía que era de Agra, yo le decía que vale, que si estaba de vacaciones y él me decía que de Agra y como yo insistía con mi pregunta, me dijo, a ver si le entendía, de donde el Taj Mahal. Al final logré regatearle y mientras iba hacia mi habitación le escuchaba decir, ¡ven a visitarme, estoy en la 32! ¡estamos en la misma planta!. Tengo que investigar a ver que pasa en los hoteles indios cuando estás en la misma planta.
Lo que sí he aprendido es que en una habitación de un hotel de este planeta siempre hay que echar el cerrojo, si no cualquiera puede entrar. No existe privacidad en la India y para ellos es lo más normal del mundo. Un día en Delhi (la capital…) estaba en gallumbos tirado en la cama y entra un tio y se me queda mirando como pensando ¿qué hará este en bolas en su habitación…?. Venía para ver si necesitaba algo y le conteste que sí que se pirara o se pusiera él también en calzoncillos para seguir hablando.
En este mismo hotel de Delhi (la capital…) llovía muchísimo fuera por el monzón y dentro exactamente lo mismo. En mi vida había visto entrar tanta agua dentro de un edificio, como si la metieran a mala idea. Al rato me fui a cenar con el agua por encima de la rodilla para cruzar la calle. Lo bueno es que en Delhi (la capital…) no es sólo agua lo que te cubre tanto, arrastra absolutamente todo lo que hay por las calles. Nada bueno. Pero como me mojé las dos, decidí no cortarme las piernas.
Pues aquí sigo en el Hari Om, con total normalidad… Algunos detallitos con el agua, por ejemplo lo que os contaba, que sale por el suelo. Pero compensa porque habitualmente por los grifos no sale. He desarrollado una habilidad especial para pegarme a la pared como una salamanquesa y aprovechar el hilillo de agua caliente que sale de la ducha y, en lugar de brotar cual manantial, se arrastra por el caño hacia el muro y continúa por él hasta encontrar mi reptílico cuerpo esperándola. No he podido adaptarme todavía perfectamente al grifo que sobresale, pero, como sigo con el yoga, lo conseguiré.
Me limpiaron el moho de la habitación, aunque insistí en que le había cogido ya cariño. Afortunadamente está volviendo a salir uno muy parecido, deben ser familia o también de Belmes. Así que en realidad no puedo decir que no haya agua sino que está desordenada.
Rishikesh. Diciembre 2010
Llamé por teléfono a Manish y me dijo que iría con el fontanero. Al ratito suena la puerta y abro, pensando que eran los susodichos. Pues no, ahí me encuentro al de la habitación 32 que venía a hacerrme una visita. Un rato antes, cuando subía de buscar al hombre invisible, me lo había encontrado bloqueando el paso y buscando conversación… porque estábamos en la misma planta. Yo le preguntaba que si estaba de vacaciones y él me decía que era de Agra, yo le decía que vale, que si estaba de vacaciones y él me decía que de Agra y como yo insistía con mi pregunta, me dijo, a ver si le entendía, de donde el Taj Mahal. Al final logré regatearle y mientras iba hacia mi habitación le escuchaba decir, ¡ven a visitarme, estoy en la 32! ¡estamos en la misma planta!. Tengo que investigar a ver que pasa en los hoteles indios cuando estás en la misma planta.
Lo que sí he aprendido es que en una habitación de un hotel de este planeta siempre hay que echar el cerrojo, si no cualquiera puede entrar. No existe privacidad en la India y para ellos es lo más normal del mundo. Un día en Delhi (la capital…) estaba en gallumbos tirado en la cama y entra un tio y se me queda mirando como pensando ¿qué hará este en bolas en su habitación…?. Venía para ver si necesitaba algo y le conteste que sí que se pirara o se pusiera él también en calzoncillos para seguir hablando.
En este mismo hotel de Delhi (la capital…) llovía muchísimo fuera por el monzón y dentro exactamente lo mismo. En mi vida había visto entrar tanta agua dentro de un edificio, como si la metieran a mala idea. Al rato me fui a cenar con el agua por encima de la rodilla para cruzar la calle. Lo bueno es que en Delhi (la capital…) no es sólo agua lo que te cubre tanto, arrastra absolutamente todo lo que hay por las calles. Nada bueno. Pero como me mojé las dos, decidí no cortarme las piernas.
Pues aquí sigo en el Hari Om, con total normalidad… Algunos detallitos con el agua, por ejemplo lo que os contaba, que sale por el suelo. Pero compensa porque habitualmente por los grifos no sale. He desarrollado una habilidad especial para pegarme a la pared como una salamanquesa y aprovechar el hilillo de agua caliente que sale de la ducha y, en lugar de brotar cual manantial, se arrastra por el caño hacia el muro y continúa por él hasta encontrar mi reptílico cuerpo esperándola. No he podido adaptarme todavía perfectamente al grifo que sobresale, pero, como sigo con el yoga, lo conseguiré.
Me limpiaron el moho de la habitación, aunque insistí en que le había cogido ya cariño. Afortunadamente está volviendo a salir uno muy parecido, deben ser familia o también de Belmes. Así que en realidad no puedo decir que no haya agua sino que está desordenada.
Rishikesh. Diciembre 2010
domingo, 12 de diciembre de 2010
Realidad
"Soñé que era una mariposa que volaba por el cielo. Después me desperté. Y ahora me pregunto si soy un hombre que soñó ser una mariposa o una mariposa que sueña ser un hombre"
Chuang Tzu
Yo no puedo saber si realmente estoy aquí escribiendo en este blog o, en realidad, estoy subido en un cubo de basura, en mitad de la calle, creyendo que escribo. Y cada cierto tiempo, con la idea de que estoy comprando el pan, hablándole a la gente que me toma por loco…
En mi ashram en Risikesh hay una mujer que no habla con nadie, pero siempre va hablando sola. Todos la tratan bien, pero la consideran loca. ¿Dónde estará esta mujer en realidad? La he visto bailar con la música del templo, con lágrimas en los ojos, ajena al resto del mundo, símplemente dejándose mecer por los acordes.
¿Y si somos nosotros los que estamos en un falso lugar? ¿Y si es ella la única que está en el sitio correcto y se compadece de nuestro sueño?
San Agustín del Guadalix. Noviembre 2010
Chuang Tzu
Yo no puedo saber si realmente estoy aquí escribiendo en este blog o, en realidad, estoy subido en un cubo de basura, en mitad de la calle, creyendo que escribo. Y cada cierto tiempo, con la idea de que estoy comprando el pan, hablándole a la gente que me toma por loco…
En mi ashram en Risikesh hay una mujer que no habla con nadie, pero siempre va hablando sola. Todos la tratan bien, pero la consideran loca. ¿Dónde estará esta mujer en realidad? La he visto bailar con la música del templo, con lágrimas en los ojos, ajena al resto del mundo, símplemente dejándose mecer por los acordes.
¿Y si somos nosotros los que estamos en un falso lugar? ¿Y si es ella la única que está en el sitio correcto y se compadece de nuestro sueño?
San Agustín del Guadalix. Noviembre 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
Motos, vacas y otros animales (Planeta India)
Pues no, nunca he ordeñado una motocicleta, pero tampoco una vaca, así que no sé las principales diferencias entre ellas. Lo que sí sé es una gran semejanza, ambas te pueden atropellar. La motocicleta generalmente lo hace cuando no funciona su pito convenientemente, es decir, se lo han vendido sin la mágica cualidad de hacer desaparecer al que está enfrente cuando se hace sonar violentamente. La vaca lo hace simplemente cuando estás en medio, como ella no tiene claxon (diferencia que sí sé) no puede avisarte, dado que el mugir lo utilizan para otros menesteres que, cuando escriba el “Tratado sobre la comunicación bovina”, aclararé convenientemente.
Ambas cosas o, mejor dicho, ambos atropellos, son fáciles de conseguir. Incluso, si hay suerte, puedes hacer un pleno el mismo día. Una vaca puede intuir tu nacionalidad, no puedo explicarlo, pero se que poseen ese don, e intentando vengar a todos esos congéneres cuyos compatriotas (tuyos, no de la vaca) han toreado, pisarte esos piececitos que llevas calzados con unas simples chanclas y hacer que tus deditos (de cuyo sufrimiento también tendré que escribir un tratado) no se reconozcan los unos a los otros. Y seguir tan tranquila su camino mientras tú te cagas en lo más sagrado (que recordemos que aquí es la vaca).
Una vaca también puede acercarse cariñosamente, es curioso porque te apoyan la cabeza en el regazo y se frotan como los gatos. Un gato de 400 kilos queriendo que la acaricies… Tú piensas, joder ¿No puedes pisarme y seguir tan tranquila?
Las motos no se acercan para que las acaricies, tienen otras costumbres. Por ejemplo, parece que la hora del apareamiento es la media noche, entonces, muchas de ellas dejan oir su estridente llamada para la cópula. Y joder, desde luego que joden. Luego, durante el día se dedican a pasear capullos que quitan puntos a las vacas atropellando personas...
También disfrutamos de la compañía de otros animales a diario. Por ejemplo, los alegres monitos como Amedio, el de Marco, pero en hijoputa. Te quitan la comida, te dan un bocao, se meten en tu habitación… Y no se achantan les hagas lo que les hagas. Hace unos años les amagabas y huían, luego ya había que coger un palo o una piedra y ahora ni con un AK47 se piran. Claro que el AK 47 te puede servir para los cachondos que les mosquean justo cuando tú pasas al lado. Porque el mono le mete al que tiene más cerca y luego ya pregunta…
Tenemos perros también, vamos, algunas garrapatas los tienen. Los perros indios tienen la virtud de extrarte todas las emociones, te dan tristeza por su aspecto y asco por lo mismo, miedo cuando se juntan varios de noche, rabia si te muerden y no te vacunas, odio cuando te rondan de madrugada, alegría (bueno, esta la he puesto porque no me salían más emociones)…
Gatos no hay muchos porque aunque es zona vegetariana deben competir con los monos que son bastante más listos (compartimos el 90 y tantos por ciento de los genes con ellos y el otro tanto es el de ir al corte inglés, así que deben ser listísimos). Ratas, ratones, etc. si que hay alguno, unos cien millones. Al ver uno, le sonríes y esperas que te diga algo, como Welcome to Disneyland… Sí, son grandes, sí. Las serpientes de vez en cuando vienen de visita y como son sagradas y no se las mata, a alguna cobra la puedes terminar cogiendo cariño.
Lo bueno de todos estos animales es que te muerda lo que te muerda, te jode. Si no es por la grandeza del bocado (coño, parece que un mordisco pudiera ser marqués) o por el veneno, lo es por los bichitos que pueda llevar en la boca el asqueroso. Y parece que ellos lo saben, así que el monito recién nacido ya se pavonea delante de ti conocedor que un rocecito de sus dientes te hace pasar un interesante periplo de vacuna en vacuna.
También he aprendido algunas cosas que no estudié en la facultad, por ejemplo que los mosquitos saben que si te zumban en la oreja vas a moverte lo suficiente como para colarse por debajo de la sábana y brearte. Que el sonido de tuneladora que se escucha cuando intentas dormir proviene del festín que las termitas se están dando con tu propia cama. Que el desproporcionado número de ronchones que aparece en tu cuerpo por la mañana debe ser proporcional al número de chinches que compartieron tu lecho. Que las moscas en la India no se reproducen, se rereproducen. Y aunque sigo sin saber la diferencia entre escorpión y alacrán (que sería fácil si alguno llevara h), sé que el hábitat de uno de los dos son las esterillas de meditación. Y, por supuesto, cucarachas no hay, yo nunca he visto ninguna, bueno quitando la que se me llevó el portatil encima cuando creí que era la mesilla de noche…
Y los tigres… para saber de eso hay que leerse otras historias.
Risikesh. Diciembre 2010
Ambas cosas o, mejor dicho, ambos atropellos, son fáciles de conseguir. Incluso, si hay suerte, puedes hacer un pleno el mismo día. Una vaca puede intuir tu nacionalidad, no puedo explicarlo, pero se que poseen ese don, e intentando vengar a todos esos congéneres cuyos compatriotas (tuyos, no de la vaca) han toreado, pisarte esos piececitos que llevas calzados con unas simples chanclas y hacer que tus deditos (de cuyo sufrimiento también tendré que escribir un tratado) no se reconozcan los unos a los otros. Y seguir tan tranquila su camino mientras tú te cagas en lo más sagrado (que recordemos que aquí es la vaca).
Una vaca también puede acercarse cariñosamente, es curioso porque te apoyan la cabeza en el regazo y se frotan como los gatos. Un gato de 400 kilos queriendo que la acaricies… Tú piensas, joder ¿No puedes pisarme y seguir tan tranquila?
Las motos no se acercan para que las acaricies, tienen otras costumbres. Por ejemplo, parece que la hora del apareamiento es la media noche, entonces, muchas de ellas dejan oir su estridente llamada para la cópula. Y joder, desde luego que joden. Luego, durante el día se dedican a pasear capullos que quitan puntos a las vacas atropellando personas...
También disfrutamos de la compañía de otros animales a diario. Por ejemplo, los alegres monitos como Amedio, el de Marco, pero en hijoputa. Te quitan la comida, te dan un bocao, se meten en tu habitación… Y no se achantan les hagas lo que les hagas. Hace unos años les amagabas y huían, luego ya había que coger un palo o una piedra y ahora ni con un AK47 se piran. Claro que el AK 47 te puede servir para los cachondos que les mosquean justo cuando tú pasas al lado. Porque el mono le mete al que tiene más cerca y luego ya pregunta…
Tenemos perros también, vamos, algunas garrapatas los tienen. Los perros indios tienen la virtud de extrarte todas las emociones, te dan tristeza por su aspecto y asco por lo mismo, miedo cuando se juntan varios de noche, rabia si te muerden y no te vacunas, odio cuando te rondan de madrugada, alegría (bueno, esta la he puesto porque no me salían más emociones)…
Gatos no hay muchos porque aunque es zona vegetariana deben competir con los monos que son bastante más listos (compartimos el 90 y tantos por ciento de los genes con ellos y el otro tanto es el de ir al corte inglés, así que deben ser listísimos). Ratas, ratones, etc. si que hay alguno, unos cien millones. Al ver uno, le sonríes y esperas que te diga algo, como Welcome to Disneyland… Sí, son grandes, sí. Las serpientes de vez en cuando vienen de visita y como son sagradas y no se las mata, a alguna cobra la puedes terminar cogiendo cariño.
Lo bueno de todos estos animales es que te muerda lo que te muerda, te jode. Si no es por la grandeza del bocado (coño, parece que un mordisco pudiera ser marqués) o por el veneno, lo es por los bichitos que pueda llevar en la boca el asqueroso. Y parece que ellos lo saben, así que el monito recién nacido ya se pavonea delante de ti conocedor que un rocecito de sus dientes te hace pasar un interesante periplo de vacuna en vacuna.
También he aprendido algunas cosas que no estudié en la facultad, por ejemplo que los mosquitos saben que si te zumban en la oreja vas a moverte lo suficiente como para colarse por debajo de la sábana y brearte. Que el sonido de tuneladora que se escucha cuando intentas dormir proviene del festín que las termitas se están dando con tu propia cama. Que el desproporcionado número de ronchones que aparece en tu cuerpo por la mañana debe ser proporcional al número de chinches que compartieron tu lecho. Que las moscas en la India no se reproducen, se rereproducen. Y aunque sigo sin saber la diferencia entre escorpión y alacrán (que sería fácil si alguno llevara h), sé que el hábitat de uno de los dos son las esterillas de meditación. Y, por supuesto, cucarachas no hay, yo nunca he visto ninguna, bueno quitando la que se me llevó el portatil encima cuando creí que era la mesilla de noche…
Y los tigres… para saber de eso hay que leerse otras historias.
Risikesh. Diciembre 2010
martes, 30 de noviembre de 2010
Hari Om (Planeta India)
Hari Om es el saludo más sagrado en la India y de los más utilizados en la zona donde me encuentro, pero para fieles lectores es algo mucho más importante. Es el hotel donde continúo alojado.
Por el día las cosas transcurren con normalidad en mi habitación, quiero decir que, como no estoy, no sé lo que pasa. Pero de noche, al acostarme, empiezan a oirse ruidos, como cacofonías…
Lo primero que se oye es el pis del de la habitación de al lado, y se oye tanto que te quedas esperando las últimas gotitas… No hay, es chica (que de todos es sabido que las reabsorben)
Por cierto aprovecho para contaros (viene al caso, es de pis) una anécdota de por aquí, una ocasión en la que estaba en un urinario al aire libre. (Era un urinario de verdad, si no diría la puta calle). En fin, estaba ahí con las manos ocupadas y, de repente, a la altura de mi cara, aparece una víbora mirándome. ¿Qué coño se hace con una víbora en la cara, si tienes la propia agarrada? Pues encomendarte al dios de las víboras, que seguro que aquí lo hay, cerrar los ojos e intentar seguir a lo tuyo…
¿Seguir? Tres días sin mear estuve… Pero hubo suerte, no le interesó aparearse.
Continuando con los extraños ruidos… Después se oyen las toses de la misma u otra habitación de al lado. No sé como explicar mi sensación, una mezcla de pena, asco, curiosidad… Creo que lo mejor lo define es miedo… Susto, pánico, terror. Parecía que iba a darse la vuelta. Que sensación sería verle al día siguiente al revés ¿cómo le reconocería? ¿Se reconocerá a la gente por su pancreas? ¿Servirá para eso el pancreas? ¿Cómo coño es un pancreas?
A esto añadimos perros con afán de notoriedad, monos en continua pelea de a ver quien la tiene más larga, motoristas con la mano pegada a la bocina creo que con la misma pelea que los monos, gente hablando a voces a cualquier hora de la noche, petardos que no se que coño celebran, pero parece que siempre son Fallas y, ahora, además, la suerte de que es la época de las bodas y la música está a tope (canción estrella en toda boda india que se precie: Dame, dame gasolina…, sí, si, en español)… En fin ¿quieres encontrar paz? Vente a India, paraiso del yoga y la meditación…
Última hora del Hari Om
Pasé un par de días sin ver a Shuvam y eso me preocupaba. No porque creyera que le había pasado nada, si no porque me preguntaba qué habría hecho. En el hotel de al lado unas amigas le dieron al “chico para todo” sus tangas (sic) para que se los lavaran. Y fue la última vez que vieron al chico y sus tangas. Supongo que le compensó la pérdida de emplero… y mis amigas ya siempre lavan su propia ropa interior.
Finalmente Shuvam apareció y yo preferí no preguntar, eso sí, confirmé que mis gallumbos Carfur Klein siguen en su sitio, es decir encima de la mesa, al lado del ordenador.
Manish me regañó porque llevaba dos días buscándome para limpiarme la habitación… Todavía flipo, es la primera vez en la India que me ocurre algo así. Y hoy llegó con la blacandequer y, sin pedírselo, me colocó un espejo en el baño (me había olvidado de cómo era, yo, no un espejo), una jabonera y unos colgadores. Además prometió arreglarme las humedades (yo creí que era el Ganges y eran humedades…). Así que, hay que ser justos, al César lo que es del idem y a Manish lo que es suyo.
Además tiene un hijo de un añito que, cuando me ve, salta a mis brazos a que le diga cosas en español, se ríe y se vuelve con su papi…
Así que esto se empieza a parecer a un hogar…
Rishikesh. Noviembre 2010
Por el día las cosas transcurren con normalidad en mi habitación, quiero decir que, como no estoy, no sé lo que pasa. Pero de noche, al acostarme, empiezan a oirse ruidos, como cacofonías…
Lo primero que se oye es el pis del de la habitación de al lado, y se oye tanto que te quedas esperando las últimas gotitas… No hay, es chica (que de todos es sabido que las reabsorben)
Por cierto aprovecho para contaros (viene al caso, es de pis) una anécdota de por aquí, una ocasión en la que estaba en un urinario al aire libre. (Era un urinario de verdad, si no diría la puta calle). En fin, estaba ahí con las manos ocupadas y, de repente, a la altura de mi cara, aparece una víbora mirándome. ¿Qué coño se hace con una víbora en la cara, si tienes la propia agarrada? Pues encomendarte al dios de las víboras, que seguro que aquí lo hay, cerrar los ojos e intentar seguir a lo tuyo…
¿Seguir? Tres días sin mear estuve… Pero hubo suerte, no le interesó aparearse.
Continuando con los extraños ruidos… Después se oyen las toses de la misma u otra habitación de al lado. No sé como explicar mi sensación, una mezcla de pena, asco, curiosidad… Creo que lo mejor lo define es miedo… Susto, pánico, terror. Parecía que iba a darse la vuelta. Que sensación sería verle al día siguiente al revés ¿cómo le reconocería? ¿Se reconocerá a la gente por su pancreas? ¿Servirá para eso el pancreas? ¿Cómo coño es un pancreas?
A esto añadimos perros con afán de notoriedad, monos en continua pelea de a ver quien la tiene más larga, motoristas con la mano pegada a la bocina creo que con la misma pelea que los monos, gente hablando a voces a cualquier hora de la noche, petardos que no se que coño celebran, pero parece que siempre son Fallas y, ahora, además, la suerte de que es la época de las bodas y la música está a tope (canción estrella en toda boda india que se precie: Dame, dame gasolina…, sí, si, en español)… En fin ¿quieres encontrar paz? Vente a India, paraiso del yoga y la meditación…
Última hora del Hari Om
Pasé un par de días sin ver a Shuvam y eso me preocupaba. No porque creyera que le había pasado nada, si no porque me preguntaba qué habría hecho. En el hotel de al lado unas amigas le dieron al “chico para todo” sus tangas (sic) para que se los lavaran. Y fue la última vez que vieron al chico y sus tangas. Supongo que le compensó la pérdida de emplero… y mis amigas ya siempre lavan su propia ropa interior.
Finalmente Shuvam apareció y yo preferí no preguntar, eso sí, confirmé que mis gallumbos Carfur Klein siguen en su sitio, es decir encima de la mesa, al lado del ordenador.
Manish me regañó porque llevaba dos días buscándome para limpiarme la habitación… Todavía flipo, es la primera vez en la India que me ocurre algo así. Y hoy llegó con la blacandequer y, sin pedírselo, me colocó un espejo en el baño (me había olvidado de cómo era, yo, no un espejo), una jabonera y unos colgadores. Además prometió arreglarme las humedades (yo creí que era el Ganges y eran humedades…). Así que, hay que ser justos, al César lo que es del idem y a Manish lo que es suyo.
Además tiene un hijo de un añito que, cuando me ve, salta a mis brazos a que le diga cosas en español, se ríe y se vuelve con su papi…
Así que esto se empieza a parecer a un hogar…
Rishikesh. Noviembre 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Om sweet Om (Planeta India)
Pues ya estoy aquí de nuevo…
Tuve que buscar nuevo alojamiento, pues en mi casa de siempre, se celebra la boda de la hija y está completa durante bastantes días. Porque las bodas indias son largas y de ¿mucha gente?, no, unos seiscientos invitados…
Esto de encontrar donde vivir tiene un lado (del dodecágono) divertido… Probé primero en un hotel donde me dieron a elegir entre sábanas new o sábanas clean. Opté por las clean aunque tuvieran agujeros y también opté por mudarme. A unos amigos, al pedir que se las cambiaran, les preguntaron do you want fresh? y como sí que want fresh, los muy pijos tuvieron que esperar cuatro días… Eso sí, un par de noches si que pasé entre sábanas go you to know.
De ahí me mudé, en lo que pensé que sólo sería una nueva escala, al Hari Om Hotel, que cuesta casi 7 € y te dan sábanas sin hablarte de ellas.
El Hari Om Hotel lo veía construir hace unos meses desde el otro lado del río y, viendo como ponían piso sobre piso en los andamios iniciales pensados para una sola planta, pensé “yo no me metería ahí ni de coña”… Y aquí estoy, en el piso más alto. En fin, si llego a colgar esta historia en el blog, es que, por ahora, todo va bien. O que se cayó el edificio sin pillarme a mí ni al ordenador.
Manish es el jefe y Shuvam el “chico para todo”. Estos “chicos para todo” que hay en todos los hoteles indios, son idénticos, creo que se sólo diferencian en el nombre. En realidad yo creo que están para que los jefes tengan a quien chillar, porque su aporte al bien común es absolutamente nulo. Tienen la habilidad para el escaqueo más espectacular que he visto jamás. Si limpian la habitación, tienes que limpiarla tú el doble porque esparcen la porquería como las servilletas de los bares de Madrid; si les pides algo, justo en ese momento, o día, o mes o año, no puede ser, porque tienen mucho lío (o mucha plancha, o un pollo en el horno…); siempre están por ahí, en medio, menos cuando los necesitas, entonces desaparecen, creo que han desarrollado el don de la invisibilidad o que tienen la capa de Harry Potter (aquí todo es posible, quizás Harry Potter trabajó en un hotel indio antes de hacerse famoso). En fin, Shuvam cumple todos estos requisitos con notable alto, aunque en este caso es de gran utilidad, por supuesto sin saberlo o hasta de aquí se escaquearía, porque ha participado como invitado en esta historia.
El primer día en el Hari Om parecía que todo iba bien pero, eso, en el Planeta India, suele ser como cuando en la selva de Tarzán todos los animales enmudecen, algún grave peligro acecha… Al irse el sol, mientras leía tumbado en la cama, noto como los dedos de los pies se me empiezan a criogenizar y se escucha de fondo un viento huracanado... En realidad, no había mucho misterio, el baño tenía un agujero a la calle de más de medio metro, el cual, en mi hábil chequeo de la habitación, había pasado por alto.
Ventilation, me dijo Manish… Ya, ya, contesté yo.
Tras cuatro intentos infructuosos de quedar, vamos, tras cuatro plantones de puta madre que me dio, por fin ahí estábamos Manish y yo, a las 11 de la noche (que aquí es muy tarde), tapando el agujerito con un plástico duro. Él subido en el respaldo de una silla, agarrándose con los deditos de los pies, yo sentado en la misma de contrapeso y pasándole herramientas, mucho más preocupado porque su blacandequer no se les resbalara, por cuarta vez, y me abriera el tercer ojo, que de que él no se matara (ya que aquí, al lado del Ganges, no es tan grave, pues se libra del ciclo de las reencarnaciones).
El cable de la herramienta también era pa verlo. Medía, eso sí, unos 3 km., podía hacer agujeros en la otra orilla del río, pero tenía más remiendos que trozos de cable original. Así que al acojone del descalabre, se unía el de que aquella silla donde me sentaba se convirtiera en la silla de Sing Sing y que el tapar el agujero, hubiera sido mi último deseo y no la típica megacena de las pelis.
Todo fue bien, si la estética no es importante claro. Un nuevo parche para un nuevo hotel. El concepto de belleza que tienen los indios o algunos de ellos al menos, entra dentro de lo que llamaríamos nosotros “Arte moderno”, creo. Vamos que nuestra obra podía exponerse en el MOMA de Nueva York, pero que como pared de baño era una mierda (a la inversa de muchas obras modernas, que como pared de baño quizás queden bien).
Al acabar la ñapa, ¿tienes una escobita Manish? Su respuesta: échale agua y que se vaya todo por el desagüe… Yo miro los restos, con cachos de pared, trozos de plástico, polvo de ladrillo, media broca… y le digo: ok, ok. ¿Qué coño le voy a decir a un tío que me dice que tire todo eso por el sumidero…? Luego, curiosamente, en muchos sitios pone que no se tire el papel higiénico, porque el sistema de cañerías indios es estrecho y no está preparado… Quizás mejor deberían poner “No tirar escombros por el vater”
Pero el objetivo estaba cumplido, al menos de momento, y dejó de entrar el Katrina cada noche en mi habitación. Otro día ya abordaremos el asunto de la cisterna que inunda el baño entero cada vez que se usa. Manish me dijo today don´t use, y yo, con el sueño que tenía, pensé que ya me preocuparía si me daba el apretón.
El hotel lleva un mes abierto. En mi habitación están las caras de Belmes pero con barba (es espectacular la evolución del moho si se le deja manga ancha), las puertas no abren ni cierran bien (una creo que la he cerrado para siempre), la mesa es fabricada a cachos (la Frankesteinmesa), la cama he preferido no mirarla todavía (sólo he dormido en ella cuatro noches), si cierras el armario luego tienes que tirar la ropa del pestazo que queda, asoman cables por dentro de la habitación y hierros por fuera… Pero bueno, como es invierno no se ven excesivos bichos y además evito la tentación de segarme la cabeza con el ventilador. Eso sí, dicen que va a ser de los más fríos de los últimos tiempos, así que a ver si encuentro el libro “Instrucciones para construir un iglú indoor”.
Resumiendo mi primera semana por aquí: No se a donde, pero se va la luz habitualmente. Las motos siguen volando bajo, pensando que con tocar la bocina tú te desvaneces. Las vacas sagradas se llevan ostias sagadas como panes si se comen lo que no deben. Los monos te quitan lo que pueden, de la mano o de la habitación (pues cierra bien, coño). Y los dioses, millones, continúan por todas partes, vigilando que no te abran la cabeza con una blacandequer.
Risikesh. Noviembre 2010
Tuve que buscar nuevo alojamiento, pues en mi casa de siempre, se celebra la boda de la hija y está completa durante bastantes días. Porque las bodas indias son largas y de ¿mucha gente?, no, unos seiscientos invitados…
Esto de encontrar donde vivir tiene un lado (del dodecágono) divertido… Probé primero en un hotel donde me dieron a elegir entre sábanas new o sábanas clean. Opté por las clean aunque tuvieran agujeros y también opté por mudarme. A unos amigos, al pedir que se las cambiaran, les preguntaron do you want fresh? y como sí que want fresh, los muy pijos tuvieron que esperar cuatro días… Eso sí, un par de noches si que pasé entre sábanas go you to know.
De ahí me mudé, en lo que pensé que sólo sería una nueva escala, al Hari Om Hotel, que cuesta casi 7 € y te dan sábanas sin hablarte de ellas.
El Hari Om Hotel lo veía construir hace unos meses desde el otro lado del río y, viendo como ponían piso sobre piso en los andamios iniciales pensados para una sola planta, pensé “yo no me metería ahí ni de coña”… Y aquí estoy, en el piso más alto. En fin, si llego a colgar esta historia en el blog, es que, por ahora, todo va bien. O que se cayó el edificio sin pillarme a mí ni al ordenador.
Manish es el jefe y Shuvam el “chico para todo”. Estos “chicos para todo” que hay en todos los hoteles indios, son idénticos, creo que se sólo diferencian en el nombre. En realidad yo creo que están para que los jefes tengan a quien chillar, porque su aporte al bien común es absolutamente nulo. Tienen la habilidad para el escaqueo más espectacular que he visto jamás. Si limpian la habitación, tienes que limpiarla tú el doble porque esparcen la porquería como las servilletas de los bares de Madrid; si les pides algo, justo en ese momento, o día, o mes o año, no puede ser, porque tienen mucho lío (o mucha plancha, o un pollo en el horno…); siempre están por ahí, en medio, menos cuando los necesitas, entonces desaparecen, creo que han desarrollado el don de la invisibilidad o que tienen la capa de Harry Potter (aquí todo es posible, quizás Harry Potter trabajó en un hotel indio antes de hacerse famoso). En fin, Shuvam cumple todos estos requisitos con notable alto, aunque en este caso es de gran utilidad, por supuesto sin saberlo o hasta de aquí se escaquearía, porque ha participado como invitado en esta historia.
El primer día en el Hari Om parecía que todo iba bien pero, eso, en el Planeta India, suele ser como cuando en la selva de Tarzán todos los animales enmudecen, algún grave peligro acecha… Al irse el sol, mientras leía tumbado en la cama, noto como los dedos de los pies se me empiezan a criogenizar y se escucha de fondo un viento huracanado... En realidad, no había mucho misterio, el baño tenía un agujero a la calle de más de medio metro, el cual, en mi hábil chequeo de la habitación, había pasado por alto.
Ventilation, me dijo Manish… Ya, ya, contesté yo.
Tras cuatro intentos infructuosos de quedar, vamos, tras cuatro plantones de puta madre que me dio, por fin ahí estábamos Manish y yo, a las 11 de la noche (que aquí es muy tarde), tapando el agujerito con un plástico duro. Él subido en el respaldo de una silla, agarrándose con los deditos de los pies, yo sentado en la misma de contrapeso y pasándole herramientas, mucho más preocupado porque su blacandequer no se les resbalara, por cuarta vez, y me abriera el tercer ojo, que de que él no se matara (ya que aquí, al lado del Ganges, no es tan grave, pues se libra del ciclo de las reencarnaciones).
El cable de la herramienta también era pa verlo. Medía, eso sí, unos 3 km., podía hacer agujeros en la otra orilla del río, pero tenía más remiendos que trozos de cable original. Así que al acojone del descalabre, se unía el de que aquella silla donde me sentaba se convirtiera en la silla de Sing Sing y que el tapar el agujero, hubiera sido mi último deseo y no la típica megacena de las pelis.
Todo fue bien, si la estética no es importante claro. Un nuevo parche para un nuevo hotel. El concepto de belleza que tienen los indios o algunos de ellos al menos, entra dentro de lo que llamaríamos nosotros “Arte moderno”, creo. Vamos que nuestra obra podía exponerse en el MOMA de Nueva York, pero que como pared de baño era una mierda (a la inversa de muchas obras modernas, que como pared de baño quizás queden bien).
Al acabar la ñapa, ¿tienes una escobita Manish? Su respuesta: échale agua y que se vaya todo por el desagüe… Yo miro los restos, con cachos de pared, trozos de plástico, polvo de ladrillo, media broca… y le digo: ok, ok. ¿Qué coño le voy a decir a un tío que me dice que tire todo eso por el sumidero…? Luego, curiosamente, en muchos sitios pone que no se tire el papel higiénico, porque el sistema de cañerías indios es estrecho y no está preparado… Quizás mejor deberían poner “No tirar escombros por el vater”
Pero el objetivo estaba cumplido, al menos de momento, y dejó de entrar el Katrina cada noche en mi habitación. Otro día ya abordaremos el asunto de la cisterna que inunda el baño entero cada vez que se usa. Manish me dijo today don´t use, y yo, con el sueño que tenía, pensé que ya me preocuparía si me daba el apretón.
El hotel lleva un mes abierto. En mi habitación están las caras de Belmes pero con barba (es espectacular la evolución del moho si se le deja manga ancha), las puertas no abren ni cierran bien (una creo que la he cerrado para siempre), la mesa es fabricada a cachos (la Frankesteinmesa), la cama he preferido no mirarla todavía (sólo he dormido en ella cuatro noches), si cierras el armario luego tienes que tirar la ropa del pestazo que queda, asoman cables por dentro de la habitación y hierros por fuera… Pero bueno, como es invierno no se ven excesivos bichos y además evito la tentación de segarme la cabeza con el ventilador. Eso sí, dicen que va a ser de los más fríos de los últimos tiempos, así que a ver si encuentro el libro “Instrucciones para construir un iglú indoor”.
Resumiendo mi primera semana por aquí: No se a donde, pero se va la luz habitualmente. Las motos siguen volando bajo, pensando que con tocar la bocina tú te desvaneces. Las vacas sagradas se llevan ostias sagadas como panes si se comen lo que no deben. Los monos te quitan lo que pueden, de la mano o de la habitación (pues cierra bien, coño). Y los dioses, millones, continúan por todas partes, vigilando que no te abran la cabeza con una blacandequer.
Risikesh. Noviembre 2010
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