Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



jueves, 29 de diciembre de 2011

Paseando… (Planeta India)

Os voy a contar un paseo por mi barrio, en el que hay unas cuantas cosas que no varían mucho de un día para otro, ni siquiera de un año para otro.

Hay que ir esquivando grandes boñigas de vaca y otros seres, saltando charcos que vaya usted de donde salen si hace semanas que no llueve (y no, nunca pregunto acerca de ello), evitando resbalar con miles de plásticos que tuvieron diferentes utilidades y ahora sólo tienen la de enguarrar, saltar a gente sentada, gente tumbada, gente muerta… Bueno esto último no pero habéis flipado ¿no?. Algunos realmente lo parecen, pero a la tercera moto que les pasa por encima se mueven un poco (aunque no se quejan).

Si tienes suerte, a ti te van esquivando coches, motos, bicis, vacas… Con los perros hay regateo, te esquivas mutuamente. Los monos te esquivan a veces si llevas un palo, los esquivas tú, si puedes, si llevas fruta o comida u os ignoráis mutuamente si ni una cosa ni la otra.

Al pasear, respirar es necesario, casi obligatorio diría yo, pero no siempre conveniente. Depende de la zona que atravieses. Hay zonas que seguro olerán a mierda (lo siento, busqué sinónimos pero es lo más descriptivo y real) y otras maravillosas con aromas de flores o inciensos. Cada inspiración, y cambia en centímetros de calle, puede ser un maravilloso placer o una maravillosa arcada. Y lo malo son la sorpresas, quiero decir cuando te confías, respiras profundamente y te equivocas. Entonces te quieres morir (también busqué sinónimos, pero es que de verdad prefieres la muerte, ni susto ni nada). ¿Sabes el olor que desprende un cadáver en putrefacción cuando está situado en un vertedero próximo al lugar donde descargan las cloacas de los mataderos de Wisconsin? ¿Sí lo sabes? Joder, ¿dónde vives?. En fin esto debe ser parecido.

Y, como no te lo esperas, resulta que todo el prana (os recuerdo que esto es Planeta India el que no entienda los términos debe repasar historias anteriores o ir a guguel) o energía vital acumulada durante años de meditación fermenta en tu interior y explotas. Sí, yo lo he visto. Algún guiri explotando por la calle y yo pensando ¿para qué respiras ahí?. Si siguiera por aquí la narración, os podría contar como he desarrollado el proceso de fotosíntesis para pasear sin tener que respirar oxígeno durante horas en este Planeta. Pero, como decían en la Historia Interminable, esa es otra historia que ya será contada en otro momento.

Lo que es tremendamente variado es la gente con la que te cruzas. Peregrinos de los más diversos lugares vistiendo unos trajes no típicos (¿qué será eso de típicos...?) sino únicos, porque son los que tienen. Grupos numerosos donde todos los hombres visten igual, así como las mujeres. Provenientes del Punjab, Rajasthan, Gujarat…

Y sadhus, hombres santos errantes, cubiertos algunos exclusivamente de cenizas, los Naga Babas, otros de rojo, de naranja, de negro, con tridentes, con espadas, con bastones, caras pintadas con símbolos extraños, escudillas como única posesión… Y todos con miradas que atraviesan que sientes como leen el más recóndito de tus pensamientos… Y saludas: Hari Om Baba, y devuelven el saludo con una sonrisa, o te ignoran arrogantes porque eres uno de esos que has comido la vaca…

Y también hay tiendas, miles que venden lo mismo. Y una tienda nueva que abre para también ofrecerlo, por si con las otras no había bastante. Desordenadas, revueltas, sucias, sin fondo… E intentas dar unos consejos para cambiar algo a algún amigo y te mira como diciendo “esto lleva miles de años siendo así, ¿me vas a enseñar el rollo del marketing tú ahora?. Es cierto, miles de años siendo así, sólo cambian los productos que se venden, pero todo lo demás continúa igual.

También está el zapatero, que trabaja en el suelo y por el que ha pasado todo lo que ha cubierto mis pies alguna vez en la India. Me puso suelas de botas de montaña en unos zuecos, me cose cada agujerito que ve en mi calzado (por favor, esto no lo cierres que tengo que meter el pie por algún lado…). Limpia, pule y da esplendor, hasta cambiar de color lo que antes era… ¿qué más da como era? Ahora está bien.

El limpiorejas profesional, siempre con gorro de lana rojo aunque haga 45º, algodones sobre sus orejas y un maletín con las herramientas. Es su uniforme. Te ofrece un chequeo gratuito por si tienes dudas. Lo que va sacando con su metálico punzón lo va untando convenientemente en la muñeca de su otra mano, como mostrando lo necesaria que era su intervención. Supongo que el resultado lo comercializará para hacer velas, debido a los múltiples apagones de los que gozamos por estos lares.

Te tomas un zumo de caña de azúcar sin mirar el vaso, mejor con un poquito de sal negra porque, aunque realmente huele a huevos podridos, adereza perfectamente zumos, frutas y comidas variadas. Y compras frutas, ¿serán buenas, no? Igual que decimos en España. Y él frutero responde, igual que en España, no, son muy malas cómpreselas mejor al de al lado… Pero suelen ser buenas y algunas raras, con sabores raros. Y alguna está hasta buena. Esto último es broma, todas suelen estarlo,

Empieza a llover y salen de no sé donde un montón de vendedores de paraguas y de capas de plástico. Éstas últimas son capaces de romperse con solo mirarlas fijamente. Estos personajes creo que son capaces de provocar la lluvia con algún tipo de brujería, si no, no es posible que aparezcan de la nada a la segunda gota.

Como en mi pueblo sólo hay un puente peatonal (aquí las motos son peatones) que comunica las dos partes en las que está dividido por el río Ganges, el día que hay bull fighting se colapsa. Porque aquí es de verdad que los toros se pelean (la fiesta española se llama así en inglés y es mentira, casi siempre es más bull killing) y, como se está fresco, a veces lo hacen en el centro del puente. Entonces quedamos aislados, porque como Murphy acostumbra a decir: “en caso de pelea de toros siempre necesitas ir al otro lado de la ciudad”. Al final suelen firmar tablas y todo vuelve a la normalidad.

También puede suceder que uno de esos toros o una vaca sagrada decida poner a prueba ese torero que todo españolito lleva dentro y saca de ti un arte por chicuelinas que tú mismo no te conocías. Bueno o saca eso o saca el intestino delgado. Sí, yo lo he visto y he pensado, ¿dónde va ese tío sin intestino delgado? Haber esquivado a la vaca. Pero era inglés, si le hubiera atacado un zorro otro gallo cantaría (salvo que le hubieran arrancado la cabeza desde un caballo después de colgarlo boca abajo, claro. Al gallo, no al inglés).

Bueno, como he dicho al principio, esto es un simple paseo por mi barrio, ¿te imaginas recorrer la India?


Risikesh. Diciembre 2011

domingo, 18 de diciembre de 2011

Namasté desde el Planeta India

El significado de Namasté es muy bonito, es algo así como que la divinidad que hay en mí se inclina o saluda a la divinidad que hay en ti. Es decir, ya se parte de que dentro de cada uno de nosotros está la divinidad. Se utiliza como saludo en toda la India y, en la zona donde vivo, siempre se acompaña colocando juntas las palmas de las manos a la altura del pecho o llevando la mano derecha al corazón.

Probablemente para entender esta historia habría que leer la anterior escrita hace ya tanto tiempo… (mis disculpas por ello, a los lectores más fieles)

Ya estoy por este Planeta, desde hace un par de semanas. No sabía como me sentiría hasta que no llegué aquí y confirmé la sensación inicial que tuve en España. Nada más llegar me pregunté ¿estoy triste?, casi daba por hecho que tenía que estarlo… Pero no, no hay tristeza, realmente hay mucha alegría por dentro. Evidentemente las cosas han cambiado en el ashram y todavía hay muchas que deben colocarse, sobre todo para los indios que viven en él.

En la habitación donde vivía Maharajji es donde le han enterrado y ahora ahí está el Mahasamadhi, un monumento en mármol que recuerda donde el maestro descansa en eterna meditación. A los hindúes tradicionalmente se les quema en una pira funeraria y, en esta zona, siempre lo hacen a orillas del Ganges, donde terminan descansando sus cenizas. En cambio, a los grandes maestros, no se les quema, o bien se pone su cuerpo directamente hundido en el río, sujeto con piedras o se les entierra, como se ha hecho en este caso.

Con respecto a mis aprendizajes, como alguna vez he comentado, se producían de forma diferente a los mensajes hablados, así que eso no ha cambiado, incluso se han reforzado. Llegan en forma de meditación, sueños, conversaciones con otras personas, mensajes de otros maestros, repentinos entendimientos… Y es tu intuición la que te indica que eso es para ti, así que sonríes y das las gracias (aunque a veces son verdaderos puñetazos al ego…). Y sí, ya se que no se entiende muy bien, pero de eso se trata, de dejar de tratar de entenderlo todo y de aprender más allá de la razón. Eso es lo que intento hacer comprender desde este blog, con el coaching, los talleres, etc.

Sí que he notado un desapego bastante grande por el lugar. Aunque tengo muchos amigos por aquí, el principal apego era por mi maestro y eso ha quedado también liberado (más aprendizajes...). Así que veremos como evoluciona esta temporada y también en qué se convierten las siguientes.

Fuera del ashram la vida sigue bastante igual. Casi siempre hay más tiendas, más restaurantes, más profes de yoga… pero lo básico, la gente, la forma de estar y de vivir, los ritos y tradiciones, eso no cambia. En realidad muchas veces tengo la sensación de que la vida no cambia, es como la rueda que le ponemos al hamster para que se haga la ilusión de que corre por los campos. Es una sensación habitual al venir aquí, pero más todavía al regresar a mi otra casa, donde la única diferencia que realmente aprecio es que los niños están más altos. Un eterno día de la marmota…

Aquí, como siempre desde hace miles de años, los peregrinos siguen viniendo desde aldeas recónditas del país para bañarse en las aguas del sagrado río, en el mismo lugar donde millones de santos lo han hecho.

Temprano por la mañana, cruzando el puente que comunica la orilla de mi casa con la orilla de mi ashram, congelado, pese a estar envuelto en dos mantas, los veo dentro del agua recitando sus mantras…

Om Namah Shivaya!!


Rishikesh. Diciembre 2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Se ha puesto el sol

Titulo esta historia de la misma forma que el precioso email con el que me llegó la noticia. El 23 de octubre por la mañana, nuestro maestro Sri Hans Raj Maharajji murió en su ashram de Risikesh. O como se dice en la India, dejó su cuerpo. Y se dice así porque allí se comprende, se sabe, que el maestro no es el cuerpo. Como muchas veces él nos dijo “estoy en tu corazón”.

Maharajji, como todos le conocíamos, es la principal razón por la que pasamos varios meses al año en la India. Fue en diciembre del 2004 cuando llegamos a ese pequeño pueblo, Laxmanjhula, unos pocos kilómetros río Ganges arriba, de Risikesh. No sabíamos lo que era un ashram, ni un maestro y, además, no nos interesaba lo más mínimo. Tampoco conocíamos nada sobre la espiritualidad y habíamos huido, como tantos otros, de la religión, de todas las religiones.

Y cuatro días después de pisar por allí por primera vez teníamos un maestro, nuevos nombres y… nueva vida.

No soy capaz de explicar con la razón lo que sucedió porque tampoco lo entiendo con ella. Los que me conocéis o leéis de vez en cuando este blog, ya sabéis que en realidad no me importa mucho esto de la razón.

Lo describiría como un encuentro con lo más profundo de mi mismo, una explosión de amor, de felicidad, de paz… Pero una explosión que se produce y que se queda. En palabras de mi maestro “una apertura del corazón”. Eso, que se produjo por dentro, pronto empezó a tener su reflejo fuera. Nada forzado, nada triste, nada doloroso. Cambio de casa, cambio de trabajo, cambio de amigos, cambio de forma de ver la vida, cambio de… Muchos cambios. Y todos en la misma dirección, la de tener cada vez más paz y también la posibilidad de compartirla.

Nunca había escrito en el blog nada de esto, pero ahora conocéis el origen de todo, hasta de las historias del “Planeta India”. En breve estaremos allí de nuevo y no sé como me encontraré, ni siquiera si seguirá siendo el lugar donde pasar parte del año. Tampoco sé que nuevos cambios traerá a mi vida esta situación. Pero no tengo ninguna duda de que lo que venga es lo que tiene que venir, por lo tanto siempre estará bien.

Y la noticia trajo un nuevo aprendizaje. La comprobación de que la tristeza es algo mental, externo, como las lágrimas que se esfuerzan por salir. Por dentro sigue habiendo paz. La misma paz que descubrí en diciembre del 2004.


San Agustín del Guadalix. Noviembre 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

9 (2ª parte)

Pregunté por él muchas veces, casi se convirtió en una obsesión encontrarle. Y, pese a que todo el mundo le conocía y a casi todo el mundo había impactado alguna vez, entre los comerciantes de la zona, nadie podía darme ninguna pista sobre su paradero.

Por otro lado, intenté hacer una recopilación de los escritos que había ido entregando, pero no conseguí ni uno. Curiosamente todos le habían considerado un simple vagabundo cuando se les acercó y, después de recibir su papel, pasaban a idealizarlo. Esos trozos de literatura se convertían en algo casi sagrado, se les dotaba de un poder extraordinario y, por supuesto, se consideraban totalmente intransferibles.

En la India se dice que cuando existe una flor lo suficientemente poderosa, todos los insectos acuden a ella, sin necesidad por su parte de hacer grandes esfuerzos. Así explican la veneración que reciben algunos personajes que por su aspecto o forma de vida parecen o son simples vagabundos, pero a los que miles de personas acuden simplemente para captar su atención unos instantes.

Parecía que 9 había bebido de esa misma esencia… Y yo le buscaba como los buscadores que viajan detrás de la verdad, de la felicidad, de cualquier dios de los miles reales o inventados, detrás de cada una de las cosas que las personas necesitamos, como zanahorias atadas a palos, para seguir avanzando, para tirar hacia delante…

No me daba cuenta que en esta vida, quizás una de los millones que nos tocan vivir, las cosas suceden cuando uno menos las espera, quizás cuando uno ya desespera de que sucedan. Todo pasa en el momento que tiene que pasar… Por cierto esa era una sensación que yo tenía cada vez más clara y era algo que me hacía darle vueltas y vueltas. ¿Todo era fruto de la casualidad? Todo lo que sucedía cuando tenía que suceder ¿era simplemente el azar?. Los escritos de este vagabundo que yo me empeñaba en encontrar, ¿acertaban con lo que el destinatario necesitaba, igual que si de una ruleta se tratara, pero con muchos más números, con infinitos números…?

Encontré la respuesta en la servilleta que 9 me había entregado el día que le conocí, yo era de los que ya eran capaces de creer en cualquier cosa, aunque no le encontrara explicación. Las casualidades no existen, o al menos no si se repiten un número determinado de veces. Todo sucede como y cuando tiene que suceder, aunque eso implique creer en una fuerza, en una energía, que lo controle todo, o en millones. Está claro que eso hace pensar, que hace darle vueltas, que hace dudar… Y como dijo alguien una vez, a esa duda llámale dios…

Llegó el día en el que nos encontramos de nuevo, mientras hablaba con una amiga en la barra de un bar. Alguien dejó un escrito delante de mí, sin que me diera cuenta. Cuando lo vi, no siquiera lo miré, me puse a buscar frenéticamente al autor, pensando si sería él y si habría vuelto a perderlo. Estaba sentado al fondo, me miraba y sonreía, me hizo un simple gesto con la mano para que me tranquilizara y leyera su mensaje.

Y ese mensaje ya lo conocéis. Está publicado en este mismo blog, hace un año más o menos: "El Contador de Historias".

Acababa de decirme quien era.


San Sebastián de los Reyes. También allá por el 2004...

domingo, 2 de octubre de 2011

9

Se llamaba 9, o al menos se hacía llamar así desde que había emprendido su nueva vida, y era un vagabundo.

Nadie conocía su vida previa a ser “contador de historias”. Probablemente ni él mismo recordaba bien que antes tuvo una vida de las consideradas normales, trabajo con horarios, familia, casa, novia...

Ahora a lo que se dedicaba era a hacer más felices a los demás, aunque pocos se daban cuenta. Era un moderno renunciante, parecido, quizás sin habérselo planteado, a los sadhus de la India.

En un momento consideró que había acabado un ciclo de su existencia y empezó a viajar por el mundo, como siempre decía “por el camino de la sabiduría...”. Antes había viajado bastante, por trabajo, por vacaciones... Pero decidió viajar como hay que hacerlo, sin tiempo, sin prisa y, sobre todo, sin destino.

Yo le conocí en la taberna que regentaban mis hermanas, en pleno centro de Madrid. Se llamaba, o le llamaban, 9 y siempre firmaba sus escritos con ese número.

Sus escritos... en realidad eso era 9, sus escritos. Ya fueran poesías, cuentos para niños, letras de canciones, historias de amor o desamor, leyendas fantásticas, hechos reales o inventados, viajes y más viajes.

Era lo que daba sentido a su vida, sus historias, como él las llamaba. Y desgraciada o afortunadamente, era lo que empezaba a dar sentido a la mía también.

Rectifiquemos pues, el principio de la historia:

Se llamaba 9, o al menos se hacía llamar así desde que había emprendido su nueva vida, y era un escritor.

Cada vez que se establecía en un sitio, pronto la gente le conocía y le apreciaba porque se dedicaba a hacer regalos... trozos de papel con alguna de sus “historias”. Quizás fueran sólo unas frases que improvisaba en el momento y escribía en cualquier papel, o una larga historia con gran moraleja incluida. Siempre acertaba con lo que necesitabas leer. Era capaz de interpretar como nadie las emociones y los sentimientos de sus interlocutores y sus escritos eran recibidos como bálsamos para la depresión, como fuentes de alegría o como dardos precisos en la conciencia del receptor.

No lo hacía sólo con los conocidos, que tenía pocos, había decidido ayudar a la gente y aunque a veces era confundido con algún indigente, cualquiera que leyera un papel suyo, se daba cuenta de que 9 era alguien especial.

Cuando le vi la primera vez, no le presté atención, es decir, hice lo que siempre hacemos cuando estando con amigos alguien nos interrumpe, sea para vendernos rosas, Cds, o... contarnos historias. Curiosos personajes los que te sorprenden con retazos de arte escritos o pintados en pedazos mugrientos de papel...

Sólo me miró a los ojos, me sonrió y me entrego un pequeño trozo de servilleta de papel escrito. Se marchó antes de darme tiempo a decirle que no quería nada, que no tenía suelto, que no sabía leer...

“Creo que sólo hay dos posibilidades, o se está en el lado de los que sólo se creen lo que ven, lo que puede explicarse científica o racionalmente, o se está abierto a creer cosas que no tienen ninguna lógica ni ninguna explicación.

Dentro de la segunda posibilidad se nos abren muchas puertas, porque ya todo es posible. Aquí están todas las religiones, que exigen un ejercicio de fe, de creer lo imposible, sean milagros, resurrecciones, reencarnaciones....

Pero también están todas las cosas que denominamos fantasía, superstición, invención, magia, brujería, etc.

Si se ha dado este paso, el que va desde el estricto racionalismo hasta la apertura de la mente, ya todo debería ser posible...”

9



Sólo eso y tanto como eso. Probablemente en cualquier otro momento de mi vida hubiera arrugado el papel y lo hubiera tirado, o quizás guardado como tantas cosas que guardo por no tirar nada escrito con cabeza, pero justo ahora...

Encontré escrito lo que yo pensaba. Así de claro. Llevaba muchos años dándome cuenta de algo y no me había parado a pensarlo, a razonarlo. Este tío que no me conocía de nada, me tiraba encima de la mesa de un bar, el resumen de mis pensamientos, algo que me daría que pensar, sufrir y escribir mucho tiempo a partir de ese momento.

Ese era 9, así le conocí y ese fue el principio de nuestra relación.


San Sebastián de los Reyes. Allá por el 2004…

jueves, 15 de septiembre de 2011

Confesiones

Voy a aprovechar esta historia después del parón que he tenido en el blog para hacer algunas confesiones. Primero quiero disculparme por haber ralentizado la dinámica que llevaba de ir publicando casi semanalmente. Ha sido por... qué más da, las excusas son excusas y no cambian lo que ya ha sucedido.

Hay momentos que me bloqueo al escribir y no sé por donde tirar. A veces salen historias divertidas y otras veces siento la necesidad de contar cosas algo más profundas, quizás incluso útiles para alguien. En ocasiones simplemente escribo lo que me va saliendo, como ahora…

Varias personas me animan a escribir un libro, lo que creo que es y quizás sea siempre mi asignatura pendiente. Bueno, una de ellas, seguro que tengo un montón aunque no se me ocurran (para lo del niño, se me pasó la paella entera).

Empecé con el blog, para obligarme a escribir con continuidad y a lo mejor desde ahí… Un libro, ¿os imagináis tener un libro escrito?. No un libro digital, uno en papel, encuadernado, con su tacto, con su olor… Poder cogerlo y que pese… Y si encima ya sirviera para algo…

Un libro contando las “Aventuras y pensamientos de un aprendiz de Nómada” o las conversaciones con Pekepo, o la vida de “9” un personaje que todavía no conocéis y que te ayuda a cambiar la vida simplemente con sus trozos de papel escritos, o buceando en el “Planeta India” o ayudando a conectar con la Paz interior, o escribir la historia donde un viejo sadhu me ayudó a montar una empresa, o plasmar las nuevas ideas que siguen viniendo… Un libro…

Lo confieso… ¡no sé por donde agarrarlo! No sé si debe tener un tono profundo, educativo o sólo ser divertido. No sé si utilizar sesudos aprendizajes indios o simplemente divertidas anécdotas de viajes… No sé si se puede mezclar todo. No sé si un libro que te hace reír lo puedes tomar en serio como para extraer algún conocimiento de él. En realidad, ni siquiera sé si me atrevo a agarrarlo, a agarrar esa responsabilidad…

Un libro…


San Agustín del Guadalix. Septiembre 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Diálogos con Pekepo IV

Mi experiencia en el bosque fue un regalo que Pekepo me hizo para que comprendiera, pero todavía no era mi momento de “crear mundos” y no sé si alguna vez lo será. Como bien se encarga de recordarme el pequeñazo:

- ¿¿Poeta?? Tú sigues siendo un aprendiz, así que escribe y escribe. Pero recuerda, hazlo con el corazón.

Y lo malo de haber visto aquello es que nunca vuelves a ser el de antes. De repente, has descubierto que lo que entiendes por realidad no existe, que todo es inventado. Que las mentes de todos los hombres que no saben que existe la poesía, generan continuamente un mundo del que nadie está especialmente orgulloso.

¿Y qué puedes hacer? Cuantas más vueltas le das, más en la mente estás… ¿Y Pekepo? Pekepo se ríe de lo difícil que hacemos nuestra propia vida.

Sólo me dice que escriba y escriba, como si fuera fácil hacerlo ahora… Insiste en que para mí la conexión con el corazón es a través de escribir historias, igual que para otros es la música, la pintura, la danza… Cada uno debe encontrar su camino para conectar con la poesía.

Y para escribir, hay que mirar, oler, tocar, escuchar, degustar, sentir, reír, llorar… De repente, se produce un momento de ¿inspiración? ¿magia? ¿poesía?. Las palabras brotan y se colocan, transmiten paz, serenidad.

Recuerdas como el frío siempre llega cuando los petirrojos empiezan a cantar en los jardines y te das cuenta que es porque traen el invierno enganchado en sus alas. Hasta que llegan las golondrinas con el tiempo inicialmente templado y luego tórrido. Escuchas las discusiones entre flores y espinas en el rosal, unas que quieren ofrecerse como símbolo de amor y las otras empeñadas en protegerlas, aunque con ello sólo consigan que se mustien tristes y solas. Comprendes que el azar sólo es una bonita palabra que perdió el significado en el momento que eres consciente de su inexistencia, como dijo san Agustín sobre la humildad, que la pierdes justo en el momento que crees que la has alcanzado. Y tantas otras cosas que no existen, pero alrededor de las cuales se crean mundos y guerras.

Quizás podría empezar a traer Pekepos a este mundo, para que cada humano tuviera uno cerca. Era tan alucinante lo que había cambiado mi vida desde que en ella apareció el pequeñazo…

- ¿Aparecí, aprendiz? Yo no aparecí. Ni aparezco ni desaparezco. ¿Todavía no has entendido que siempre estoy, que siempre he estado?

Es verdad, tenía razón. Lo que sucedió simplemente es que yo aprendí a mirar. Y seguía aprendiendo cosas, de hecho, mi experiencia de creación de un mundo nuevo fue parte de mi aprendizaje. No era sencillo hacerlo, sólo cuando Pekepo usaba su poder, o lo que fuera que tenía, yo lograba ver claramente con los ojos cerrados.

- Sí podrías traer muchos Pekepos, pero ¿de qué serviría? Continuarían sin verlos. Ya que si pudieran verlos no les haría falta tu ayuda, ellos también habrían aprendido.

- Pero, tiene que haber algo que yo pueda hacer. Ahora que sé que vivimos como dormidos, tengo que ayudar a despertar a los demás. ¿Qué puedo hacer?

- Escribe la historia de Pekepo, aprendiz, quizás eso ayude.



El siguiente paso a creer lo que no comprende la razón es colaborar con la fantasía, inventarse personajes y hacerlos vivir.


Risikesh. Febrero 2011