Todas las mañanas me levanto antes de las 5 y me voy a recoger flores. Flores que servirán para decorar el templo de mi ashram. Que se ofrecerán preciosas a todos los visitantes, que las verán, olerán y tocarán.
Cuando paseo por el jardín con mi cesta de mimbre voy sintiendo a las flores y creo que ellas me sienten a mí. Algunas se me ofrecen, ansiosas por venir conmigo, otras, tímidas, se esconden detrás de hojas y espinas. Unas se dejan caer en mi mano, según la acerco, sin necesidad de que haga ningún esfuerzo por cortarlas. Algunas, las más inalcanzables, se esfuerzan hacia mí, igual que yo me esfuerzo hacia ellas, si notan que no llego donde están ubicadas. Las hay que se hacen querer, presumidas y otras quieren venir rápido conmigo, antes de ponerse mustias, aprovechando su última oportunidad…
Para mí es una gran responsabilidad, porque yo debo seleccionarlas y todas quieren lucir bellas, lozanas, en su máximo esplendor, en el altar del templo. Saben que de allí van a la Ganga, al Ganges, al río más sagrado… Librándose también quizás ellas, al igual que los humanos, del samsara, el casi eterno ciclo de las reencarnaciones.
Cada mañana, con las flores, pinto cuadros, compongo melodías, escribo poesías… De forma anónima, puesto que casi nadie sabe quien decora el templo y poco reconocida, puesto que no suele repararse en el diseño de las obras.
Y cuando parece que ya está terminada llega uno y pone una flor nueva, otro cambia una de sitio y aquel roba una rosa… Así el cuadro, la melodía, la poesía van cambiando, permanecen vivos…
Son efímeras obras de arte, probablemente sólo advertidas si no existieran, puesto que su ausencia sí que llamaría la atención. Es algo que debe existir.
Luego todas, las rosas, los lirios, los jazmines, las anónimas y omnipresentes flores amarillas… las orgullosas, las tímidas, las atrevidas… acaban en un cóctel multicolor que termina flotando en el río y componiendo nuevas obras de arte, también cambiantes, también vivas…
Rishikesh. Agosto 2007
Bienvenidos a las historias del nómada.
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
sábado, 21 de julio de 2012
viernes, 6 de julio de 2012
Curriculum
“De Bangladesh”, me contestó el camarero que en ese momento me servía unas samosas en el restaurante indio en el que acabé por casualidad… Justo antes había preguntado a un par de “manteros” también que de dónde eran. Senegal y Mali.
Recuerdo cuando le pregunté hace casi 20 años a una chica que si era de Otavalo (Ecuador) y me dijo “Sí, ¿tú también?”, porque no había más ecuatorianos en Madrid que ella y su padre. Justo yo acaba de visitar su país por eso reconocí el característico atuendo que llevaba.
Ahora Madrid, España, Europa está completamente llena de gente de otras latitudes, afortunadamente. Me encanta disfrutar colores, olores, idiomas diferentes cuando paseo, sin necesidad de ir muy lejos.
Esta historia viene de alguna conversación en la que gente me ha contado su cruce del estrecho en patera o su periplo por medio mundo para terminar sirviendo cervezas en un bar de San Agustín del Guadalix. Y la lucha por traer a la familia, por vivir en un lugar hostil o por sobrevivir sin papeles… Por no hablar de mafias, de esclavistas y negreros del siglo XXI, porque aunque tanto no he profundizado en mis charlas, todos sabemos que existen.
Y eso me hace pensar que frente a carreras universitarias, masters en escuelas de negocios, cursos y más cursos, trabajos bien remunerados… Si la vida es aprendizaje, ellos si que tienen buen curriculum ¿no os parece?
San Agustín del Guadalix. Junio 2012
Recuerdo cuando le pregunté hace casi 20 años a una chica que si era de Otavalo (Ecuador) y me dijo “Sí, ¿tú también?”, porque no había más ecuatorianos en Madrid que ella y su padre. Justo yo acaba de visitar su país por eso reconocí el característico atuendo que llevaba.
Ahora Madrid, España, Europa está completamente llena de gente de otras latitudes, afortunadamente. Me encanta disfrutar colores, olores, idiomas diferentes cuando paseo, sin necesidad de ir muy lejos.
Esta historia viene de alguna conversación en la que gente me ha contado su cruce del estrecho en patera o su periplo por medio mundo para terminar sirviendo cervezas en un bar de San Agustín del Guadalix. Y la lucha por traer a la familia, por vivir en un lugar hostil o por sobrevivir sin papeles… Por no hablar de mafias, de esclavistas y negreros del siglo XXI, porque aunque tanto no he profundizado en mis charlas, todos sabemos que existen.
Y eso me hace pensar que frente a carreras universitarias, masters en escuelas de negocios, cursos y más cursos, trabajos bien remunerados… Si la vida es aprendizaje, ellos si que tienen buen curriculum ¿no os parece?
San Agustín del Guadalix. Junio 2012
lunes, 18 de junio de 2012
Spiderman
Ya he hablado alguna vez del significado del saludo en la India “Namasté”: La divinidad que hay en mí se inclina y saluda a la divinidad que hay en ti. Lo importante de este saludo es que parte de la premisa de que en todos nosotros habita la divinidad. Es decir, Dios está dentro de todos, todos somos divinos, todos somos Dios… O lo que en otras tradiciones cercanas se entiende como el Buda interior, o lo que yo cuento siempre, y con lo que trabajo, la Paz interior…
Si todos tenemos esto o, mejor dicho, todos lo somos, entonces ¿Qué es lo que mostramos al exterior? ¿Qué es eso que oculta nuestro verdadero ser? Pues lo que creemos que somos, un falso yo originado por la mente y basado en pensamientos, creencias, experiencias… El ego.
Ese ego que realmente es una máscara, con la que estamos completamente identificados. Es decir estamos seguros de que somos nuestro disfraz, como el niño que se cree Spiderman porque va vestido de rojo… Pues realmente somos igual de Spiderman que de lo que creemos que somos.
Si logro separarme un ratito de este personaje, si logro dejar de identificarme con todo ese barullo que tengo en la cabeza y ponerlo a descansar, me encuentro con lo que realmente soy. Conecto con esa divinidad implícita en el Namasté y, durante ese rato, tengo más poderes que el superhéroe.
Porque ahí nada me afecta, es la “casa” de cuando jugábamos a atraparnos de niños, es donde estoy a salvo pase lo que pase en el exterior, es mi verdadero hogar al que reconozco enseguida en cuanto entro, es el lugar desde el que puedo entender el baile de máscaras… Soy Yo.
El reto es, evidentemente, permanecer ahí. La primera herramienta para hacerlo es creer en lo que eres y dejar, poquito a poquito, de identificarte con lo que no eres. Y lo que no eres es tu cuerpo, tu nombre, tus títulos, tus posesiones… No eres nada de lo que no traías y nada de lo que no te puedas llevar cuando salgas de aquí.
Mientras tanto, es bonito pensar que en una discusión, por ejemplo, en realidad tú y yo no discutimos, son nuestras máscaras. Visto desde ahí no puedo enfadarme contigo… Son Batman y Superman los que discuten así que cuando nos quitamos los disfraces no puede haber rencor.
En la India se dice que todos los problemas vienen incluidos en lo que añadimos al “Yo soy”… Hasta ahí todo va bien, el “Yo soy” es tan grande que el universo entero cabe en él, pero cuando le añadimos algo, se acabó.
Aparece Spiderman.
San Agustín del Guadalix. Junio 2012
Si todos tenemos esto o, mejor dicho, todos lo somos, entonces ¿Qué es lo que mostramos al exterior? ¿Qué es eso que oculta nuestro verdadero ser? Pues lo que creemos que somos, un falso yo originado por la mente y basado en pensamientos, creencias, experiencias… El ego.
Ese ego que realmente es una máscara, con la que estamos completamente identificados. Es decir estamos seguros de que somos nuestro disfraz, como el niño que se cree Spiderman porque va vestido de rojo… Pues realmente somos igual de Spiderman que de lo que creemos que somos.
Si logro separarme un ratito de este personaje, si logro dejar de identificarme con todo ese barullo que tengo en la cabeza y ponerlo a descansar, me encuentro con lo que realmente soy. Conecto con esa divinidad implícita en el Namasté y, durante ese rato, tengo más poderes que el superhéroe.
Porque ahí nada me afecta, es la “casa” de cuando jugábamos a atraparnos de niños, es donde estoy a salvo pase lo que pase en el exterior, es mi verdadero hogar al que reconozco enseguida en cuanto entro, es el lugar desde el que puedo entender el baile de máscaras… Soy Yo.
El reto es, evidentemente, permanecer ahí. La primera herramienta para hacerlo es creer en lo que eres y dejar, poquito a poquito, de identificarte con lo que no eres. Y lo que no eres es tu cuerpo, tu nombre, tus títulos, tus posesiones… No eres nada de lo que no traías y nada de lo que no te puedas llevar cuando salgas de aquí.
Mientras tanto, es bonito pensar que en una discusión, por ejemplo, en realidad tú y yo no discutimos, son nuestras máscaras. Visto desde ahí no puedo enfadarme contigo… Son Batman y Superman los que discuten así que cuando nos quitamos los disfraces no puede haber rencor.
En la India se dice que todos los problemas vienen incluidos en lo que añadimos al “Yo soy”… Hasta ahí todo va bien, el “Yo soy” es tan grande que el universo entero cabe en él, pero cuando le añadimos algo, se acabó.
Aparece Spiderman.
San Agustín del Guadalix. Junio 2012
jueves, 10 de mayo de 2012
Mitad monje, mitad soldado
Como los antiguos templarios europeos o los modernos Sikhs de la India. Así me siento en este nuevo regreso a España, mitad monje mitad soldado…
Aunque los Sikhs lo son realmente, mitad y mitad. Logran vivir en el mundo material sin abandonar su prioridad, la espiritualidad. Yo no lo soy porque a veces me siento más monje y a veces más soldado.
Por un lado, el del soldado, estoy con ganas de lucha, de hacer el trabajo que creo, en realidad sé, que me corresponde. El de llevar la meditación y todos sus derivados (la autoindagación, la búsqueda de lo que hay más allá de la mente y del ego, la conexión con nuestro verdadero ser, el encuentro con la paz interior…) a lugares donde ahora no está. A la gente que precisa algo sin saber muy bien qué es, a los que están mal y no saben que tienen gran parte de la solución si no toda, dentro de ellos, a los que están muy bien pero algo les falta, a los que quieren estar mejor, a quienes nunca se han atrevido a mirar para dentro y sienten que ahora es el momento… También a las empresas, a las escuelas de negocios, al “estilo de vida” occidental, en el más amplio sentido de la palabra… En definitiva, introducirme de nuevo en este mundo porque no puedo cumplir esa misión si nadie me conoce, si nadie sabe donde estoy, si no me muevo…
Pero es un mundo en el que no me siento especialmente cómodo, en el que matan a un amigo de un tiro y él sigue girando y que precisa estar alimentando esos giros con más y más dinero. Donde la gente no es ella misma porque se ha creído realmente los personajes que representan y se los toman muy en serio… El mundo que, como escribí hace tiempo, para mí no existe.
Probablemente mi trabajo, como soldado, sería ayudar a que la gente se de cuenta de que son actores en esta película y que, siendo consientes, si quieren pueden cambiar el guión. Aunque vaya por donde vaya la trama, en realidad no es importante porque sigue siendo una peli. A veces de risa, a veces un drama, a veces de terror… Pero una película al fin y al cabo.
Pero, en el lado del monje, necesito silencio, exterior e interior, paz, tiempo para la meditación… Muchas veces me vienen ganas de irme retirando cada vez más, plegando velas. Limitando cada vez más las necesidades y solamente estar más tranquilo, más aislado y recorrer el camino hacia dentro casi exclusivamente.
Pero, mientras tanto, el tiempo va pasando sin avanzar mucho en ninguna de las dos direcciones, en medio de ambas, como suele sucederme en los regresos al Planeta Occidente. Algo que exasperaría a cualquier soldado y sacaría de quicio a cualquier monje, pero donde yo estoy bastante tranquilo. Así que quizás si que consiga acercarme a los Sikhs, poco a poco. A ver si alcanzo su sabiduría.
¡Sat Sri Akal!*
*Saludo de los Sikhs, significa: Sat: Verdad, Sri: Título honorífico, Akal: el Ser sin tiempo, es decir, Dios. “Dios es la Verdad”.
Mi amigo Sergi murió en Livingstone, Zambia, hace poco tiempo de un disparo. Mi amigo Sahidji, maestro Sikh, murió en un hospital de Derahdun, India, dos semanas antes. Os quiero.
San Agustín del Guadalix. Mayo 2012
Aunque los Sikhs lo son realmente, mitad y mitad. Logran vivir en el mundo material sin abandonar su prioridad, la espiritualidad. Yo no lo soy porque a veces me siento más monje y a veces más soldado.
Por un lado, el del soldado, estoy con ganas de lucha, de hacer el trabajo que creo, en realidad sé, que me corresponde. El de llevar la meditación y todos sus derivados (la autoindagación, la búsqueda de lo que hay más allá de la mente y del ego, la conexión con nuestro verdadero ser, el encuentro con la paz interior…) a lugares donde ahora no está. A la gente que precisa algo sin saber muy bien qué es, a los que están mal y no saben que tienen gran parte de la solución si no toda, dentro de ellos, a los que están muy bien pero algo les falta, a los que quieren estar mejor, a quienes nunca se han atrevido a mirar para dentro y sienten que ahora es el momento… También a las empresas, a las escuelas de negocios, al “estilo de vida” occidental, en el más amplio sentido de la palabra… En definitiva, introducirme de nuevo en este mundo porque no puedo cumplir esa misión si nadie me conoce, si nadie sabe donde estoy, si no me muevo…
Pero es un mundo en el que no me siento especialmente cómodo, en el que matan a un amigo de un tiro y él sigue girando y que precisa estar alimentando esos giros con más y más dinero. Donde la gente no es ella misma porque se ha creído realmente los personajes que representan y se los toman muy en serio… El mundo que, como escribí hace tiempo, para mí no existe.
Probablemente mi trabajo, como soldado, sería ayudar a que la gente se de cuenta de que son actores en esta película y que, siendo consientes, si quieren pueden cambiar el guión. Aunque vaya por donde vaya la trama, en realidad no es importante porque sigue siendo una peli. A veces de risa, a veces un drama, a veces de terror… Pero una película al fin y al cabo.
Pero, en el lado del monje, necesito silencio, exterior e interior, paz, tiempo para la meditación… Muchas veces me vienen ganas de irme retirando cada vez más, plegando velas. Limitando cada vez más las necesidades y solamente estar más tranquilo, más aislado y recorrer el camino hacia dentro casi exclusivamente.
Pero, mientras tanto, el tiempo va pasando sin avanzar mucho en ninguna de las dos direcciones, en medio de ambas, como suele sucederme en los regresos al Planeta Occidente. Algo que exasperaría a cualquier soldado y sacaría de quicio a cualquier monje, pero donde yo estoy bastante tranquilo. Así que quizás si que consiga acercarme a los Sikhs, poco a poco. A ver si alcanzo su sabiduría.
¡Sat Sri Akal!*
*Saludo de los Sikhs, significa: Sat: Verdad, Sri: Título honorífico, Akal: el Ser sin tiempo, es decir, Dios. “Dios es la Verdad”.
Mi amigo Sergi murió en Livingstone, Zambia, hace poco tiempo de un disparo. Mi amigo Sahidji, maestro Sikh, murió en un hospital de Derahdun, India, dos semanas antes. Os quiero.
San Agustín del Guadalix. Mayo 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
No sé si regreso o voy
No sé si normalmente voy a España y luego regreso a la India o voy a la India y luego regreso a España.
Una vez escuché a alguien contestar a la pregunta: “¿Tú cuando vas a la India desconectas rápido de todo?” Y la respuesta, que hice mía en aquel momento (ya no) fue: “No, yo desconecto cuando regreso, en la India conecto…” Y digo que la respuesta ya no me vale porque ahora procuro estar conectado en ambos sitios (digo procuro porque unas veces sale mejor otras).
En fin que voy o regreso a España, a iniciar una nueva temporada.
La India se caracteriza principalmente por el aprendizaje, con la herramienta de la que tantas veces he hablado, la meditación, pero también con el encuentro con maestros y gentes de todo tipo, con vidas alternativas a la tradicional occidental. Cada día pasan cosas distintas dentro de la rutina habitual, cada conversación es absolutamente diferente a las que tengo en España, las posibilidades de aprender son muy grandes porque aquí aprendo a estar más atento a lo que sucede, más presente. Ves que a diario pasan miles de trenes en los que subirte, no existe ese “que sólo pasa una vez” del que hablamos en occidente.
Aquí hay muchos maestros ocultos, maestros personas, maestros situaciones, maestros emociones… La atención permite descubrirlos y aprovecharlos. Y hay muchos fuera, pero el verdadero, el más grande, está dentro. Los de fuera simplemente lo reflejan.
También cada temporada aprendo más de los habitantes del Planeta India. Sus costumbres, sus tradiciones, sus dioses y, sobre todo, su forma de ver la vida tan diferente a la nuestra (bueno, la mía ya no sé cual es).
Ayer, en un viaje en rickshaw pensaba que cualquier occidental que trabajara de conductor aquí duraría poco, pero le mataría antes un infarto que un accidente. Es espectacular la cantidad de “casi” golpes que hay cada minuto y no se inmutan… Me contaron hace poco una terapia que tiene que ver con la observación de los animales, como se quitan el estrés después de un trauma. Por ejemplo, una gacela no queda traumatizada de por vida si un león “casi” se la come, un hombre es posible que sí que quedara. Pero yo creo que un indio no. Porque aquí los camiones son peores que los leones y no veo ningún estrés en los conductores, esquivan por milímetros y siguen tan tranquilos. No sé si la gacela luego comenta algo con sus colegas gacelas, pero los conductores no, no tendría sentido porque es algo que a todos les sucede continuamente.
Cuando hablo de emociones en talleres o cursos, suelo poner el ejemplo de alguien que nos hace una faena con el coche. Todo el mundo lo entiende y se identifica con el cabreado. Aquí me mirarían igual que cuando les digo que si pueden hablar un poquito más bajo, o dejarme un poco de espacio… ¿De dónde ha salido este tío raro?.
En fin que aquí aprendo sobre espiritualidad, consciencia, etc. pero también sobre la vida misma. Ambos tipos de aprendizajes me vienen muy bien para la otra temporada, la española, porque esta se caracteriza por aplicar lo aprendido.
Primero hay que asentarlo, porque de la India te vienes con muchas más cosas de las que te das cuenta en un principio. Siempre digo que es un Planeta de extremos, lo mejor y lo peor, lo más bonito y lo más horrible conviven aquí. Y también extrae de ti todo eso, lo mejor y lo peor, lo más bonito y lo más horrible… Así que con eso es con lo que te vas encontrando y, al ir avanzando, sigues aprendiendo.
Como digo, en la temporada española me dedico a aplicar lo aprendido. Primero conmigo mismo, sino no tendría mucho sentido la segunda parte, que es la de aplicarlo también con los demás. Cuando trabajo como coach, en los talleres de desarrollo personal, meditación, etc. Pero también en el día a día, a veces un reto y a veces fluye naturalmente…
Así que en abril empieza la nueva temporada, a ver que nos trae, pero seguro que será muy buena, siempre lo es. Si trabajo mucho, enseño y si trabajo poco, aprendo, ¿qué más se puede pedir?
Rishikesh. Marzo 2012
Una vez escuché a alguien contestar a la pregunta: “¿Tú cuando vas a la India desconectas rápido de todo?” Y la respuesta, que hice mía en aquel momento (ya no) fue: “No, yo desconecto cuando regreso, en la India conecto…” Y digo que la respuesta ya no me vale porque ahora procuro estar conectado en ambos sitios (digo procuro porque unas veces sale mejor otras).
En fin que voy o regreso a España, a iniciar una nueva temporada.
La India se caracteriza principalmente por el aprendizaje, con la herramienta de la que tantas veces he hablado, la meditación, pero también con el encuentro con maestros y gentes de todo tipo, con vidas alternativas a la tradicional occidental. Cada día pasan cosas distintas dentro de la rutina habitual, cada conversación es absolutamente diferente a las que tengo en España, las posibilidades de aprender son muy grandes porque aquí aprendo a estar más atento a lo que sucede, más presente. Ves que a diario pasan miles de trenes en los que subirte, no existe ese “que sólo pasa una vez” del que hablamos en occidente.
Aquí hay muchos maestros ocultos, maestros personas, maestros situaciones, maestros emociones… La atención permite descubrirlos y aprovecharlos. Y hay muchos fuera, pero el verdadero, el más grande, está dentro. Los de fuera simplemente lo reflejan.
También cada temporada aprendo más de los habitantes del Planeta India. Sus costumbres, sus tradiciones, sus dioses y, sobre todo, su forma de ver la vida tan diferente a la nuestra (bueno, la mía ya no sé cual es).
Ayer, en un viaje en rickshaw pensaba que cualquier occidental que trabajara de conductor aquí duraría poco, pero le mataría antes un infarto que un accidente. Es espectacular la cantidad de “casi” golpes que hay cada minuto y no se inmutan… Me contaron hace poco una terapia que tiene que ver con la observación de los animales, como se quitan el estrés después de un trauma. Por ejemplo, una gacela no queda traumatizada de por vida si un león “casi” se la come, un hombre es posible que sí que quedara. Pero yo creo que un indio no. Porque aquí los camiones son peores que los leones y no veo ningún estrés en los conductores, esquivan por milímetros y siguen tan tranquilos. No sé si la gacela luego comenta algo con sus colegas gacelas, pero los conductores no, no tendría sentido porque es algo que a todos les sucede continuamente.
Cuando hablo de emociones en talleres o cursos, suelo poner el ejemplo de alguien que nos hace una faena con el coche. Todo el mundo lo entiende y se identifica con el cabreado. Aquí me mirarían igual que cuando les digo que si pueden hablar un poquito más bajo, o dejarme un poco de espacio… ¿De dónde ha salido este tío raro?.
En fin que aquí aprendo sobre espiritualidad, consciencia, etc. pero también sobre la vida misma. Ambos tipos de aprendizajes me vienen muy bien para la otra temporada, la española, porque esta se caracteriza por aplicar lo aprendido.
Primero hay que asentarlo, porque de la India te vienes con muchas más cosas de las que te das cuenta en un principio. Siempre digo que es un Planeta de extremos, lo mejor y lo peor, lo más bonito y lo más horrible conviven aquí. Y también extrae de ti todo eso, lo mejor y lo peor, lo más bonito y lo más horrible… Así que con eso es con lo que te vas encontrando y, al ir avanzando, sigues aprendiendo.
Como digo, en la temporada española me dedico a aplicar lo aprendido. Primero conmigo mismo, sino no tendría mucho sentido la segunda parte, que es la de aplicarlo también con los demás. Cuando trabajo como coach, en los talleres de desarrollo personal, meditación, etc. Pero también en el día a día, a veces un reto y a veces fluye naturalmente…
Así que en abril empieza la nueva temporada, a ver que nos trae, pero seguro que será muy buena, siempre lo es. Si trabajo mucho, enseño y si trabajo poco, aprendo, ¿qué más se puede pedir?
Rishikesh. Marzo 2012
viernes, 16 de marzo de 2012
Simplicidad
No sé si ya he escrito sobre ello alguna vez, no lo recuerdo, pero como hoy me volvió a pasar, retomo el asunto.
En el ashram donde paso la mayor parte de mi vida india, cada uno, a la hora de la comida, coge un plato de la pila que hay de ellos, lo lava y lo utiliza. Después de comer, vuelve a lavarse y se coloca de nuevo en su lugar. Se come sentados en el suelo y con la mano, lo que te permite utilizar el tacto también para disfrutar la comida (buen, también es una parte del cuerpo más que te abrasas si te apresuras). Siempre se utiliza la mano derecha, lo mismo que para saludar o tocar a alguien, la izquierda se utiliza para otras situaciones más impuras.
Pues hoy, al ir a lavar mi plato, había a mi lado un mendigo lavando… su bolsa de plástico. Como un pequeño tesoro, es donde come a diario. Ahí le echan su ración de lentejas, verduras y arroz y de ahí las come. Luego vi como alguien del ashram repartía unas bolsas a aquellos que no tenían.
Siempre se da de comer a un gran número de mendigos y de sadhus. Estos últimos, son renunciantes, aquellos que han trascendido la vida material y sólo hacen trabajo espiritual. En realidad es difícil distinguir por el aspecto a unos de otros y a todos se les llama “Mahatmas” (almas grandes). Bonito ¿verdad?. Quizás os suene la palabra porque es como llamaban a Gandhi, Mahatma Gandhi.
Ver como alguien lava a tu lado una bolsa de plástico, como una preciosa posesión y tener miles y miles de cosas da para mucho que pensar. ¿Qué es lo realmente necesario?...
La vida en la India te ayuda, un poquito, a darte cuenta que no hacen falta realmente tantas cosas. Que se puede vivir sin ellas y ser igual de feliz. Meses y meses con la misma ropa (lavándola, eso sí), comiendo cosas sencillas, yendo andando a los sitios, sin tratar de arreglar la vida de nadie, ni siquiera de arreglar el mundo… y haciendo cosas tan fáciles como sentarse y cerrar los ojos. Bueno, lo último admite discusión, creo que es de las cosas que parecen más sencillas desde fuera y uno de los trabajos más duros cuando te aplicas a ello. Nadie me cree cuando digo que necesito vacaciones al volver de la India…
Como escuché una vez por aquí, viendo a una mujer que llevaba no sé cuantas bolsas encima: “más tienes, más cargas…” O, como dijo un maestro a sus discípulos: “recordad que la puerta del cielo es muy, muy estrechita, cabes tú… y justito”.
Este aprendizaje también me sirve de mucho para cuando vuelvo a mi gran casa en España, con mi coche, mi ropa, mis tantísimas posesiones… En realidad no hacen falta. Que bueno poder utilizarlas mientras están y que bueno saber que no pasa nada si no están.
¿Para qué complicamos una vida que normalmente es mucho más simple? Mi sensación es que lo simple se encuentra más cerca de lo que somos realmente, complicarnos nos sirve para no vernos en el espejo, para no encontrarnos con nosotros mismos. Siempre hay otra cosa que hacer…
Rishikesh. Marzo 2012
En el ashram donde paso la mayor parte de mi vida india, cada uno, a la hora de la comida, coge un plato de la pila que hay de ellos, lo lava y lo utiliza. Después de comer, vuelve a lavarse y se coloca de nuevo en su lugar. Se come sentados en el suelo y con la mano, lo que te permite utilizar el tacto también para disfrutar la comida (buen, también es una parte del cuerpo más que te abrasas si te apresuras). Siempre se utiliza la mano derecha, lo mismo que para saludar o tocar a alguien, la izquierda se utiliza para otras situaciones más impuras.
Pues hoy, al ir a lavar mi plato, había a mi lado un mendigo lavando… su bolsa de plástico. Como un pequeño tesoro, es donde come a diario. Ahí le echan su ración de lentejas, verduras y arroz y de ahí las come. Luego vi como alguien del ashram repartía unas bolsas a aquellos que no tenían.
Siempre se da de comer a un gran número de mendigos y de sadhus. Estos últimos, son renunciantes, aquellos que han trascendido la vida material y sólo hacen trabajo espiritual. En realidad es difícil distinguir por el aspecto a unos de otros y a todos se les llama “Mahatmas” (almas grandes). Bonito ¿verdad?. Quizás os suene la palabra porque es como llamaban a Gandhi, Mahatma Gandhi.
Ver como alguien lava a tu lado una bolsa de plástico, como una preciosa posesión y tener miles y miles de cosas da para mucho que pensar. ¿Qué es lo realmente necesario?...
La vida en la India te ayuda, un poquito, a darte cuenta que no hacen falta realmente tantas cosas. Que se puede vivir sin ellas y ser igual de feliz. Meses y meses con la misma ropa (lavándola, eso sí), comiendo cosas sencillas, yendo andando a los sitios, sin tratar de arreglar la vida de nadie, ni siquiera de arreglar el mundo… y haciendo cosas tan fáciles como sentarse y cerrar los ojos. Bueno, lo último admite discusión, creo que es de las cosas que parecen más sencillas desde fuera y uno de los trabajos más duros cuando te aplicas a ello. Nadie me cree cuando digo que necesito vacaciones al volver de la India…
Como escuché una vez por aquí, viendo a una mujer que llevaba no sé cuantas bolsas encima: “más tienes, más cargas…” O, como dijo un maestro a sus discípulos: “recordad que la puerta del cielo es muy, muy estrechita, cabes tú… y justito”.
Este aprendizaje también me sirve de mucho para cuando vuelvo a mi gran casa en España, con mi coche, mi ropa, mis tantísimas posesiones… En realidad no hacen falta. Que bueno poder utilizarlas mientras están y que bueno saber que no pasa nada si no están.
¿Para qué complicamos una vida que normalmente es mucho más simple? Mi sensación es que lo simple se encuentra más cerca de lo que somos realmente, complicarnos nos sirve para no vernos en el espejo, para no encontrarnos con nosotros mismos. Siempre hay otra cosa que hacer…
Rishikesh. Marzo 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
Rabia
Estaba sentado, meditando, en la habitación donde está el samadhi de mi maestro. El samadhi es el monumento funerario ubicado en el mismo lugar donde está enterrado. Es el lugar donde ahora meditamos habitualmente.
En ese momento entra un pujari (el encargado de hacer las pujas u ofrendas en el templo) a hacer pranam (saludo respetuoso al maestro). Suena su móvil, a un volumen que creo que sólo es posible en la India y yo pienso que rápidamente lo va a cortar, dado que es una falta de respeto, además de estar prohibido dentro de la habitación. Pues no sólo no lo corta sino que contesta a voz en grito y se engancha en una larga conversación a voces, sin importarle el lugar, los 8 ó 10 que estábamos allí meditando, ni nada de nada.
A mí me viene una ola caliente, oscura, de rabia, que invade mi cuerpo completamente, este hombre estaba haciendo lo más horrible del mundo, le habría hecho tragar el teléfono, le hubiera sacado a patadas de allí, que falta de consideración al sitio y a la gente, ¿cómo era posible aquello?, le odiaba…
E, igual que vino, se fue. Me atravesó la rabia, me tomó por completo y luego me abandonó. ¿De dónde procedía? Él no la trajo, salió de dentro de mí y pude verla. Vino y se fue… Al observarla, desapareció.
Terminó su conversación y se marchó. Mi odio se transformó en gratitud, de corazón.
Que gran aprendizaje gracias a su llamada telefónica.
Rishikesh. Marzo 2012
En ese momento entra un pujari (el encargado de hacer las pujas u ofrendas en el templo) a hacer pranam (saludo respetuoso al maestro). Suena su móvil, a un volumen que creo que sólo es posible en la India y yo pienso que rápidamente lo va a cortar, dado que es una falta de respeto, además de estar prohibido dentro de la habitación. Pues no sólo no lo corta sino que contesta a voz en grito y se engancha en una larga conversación a voces, sin importarle el lugar, los 8 ó 10 que estábamos allí meditando, ni nada de nada.
A mí me viene una ola caliente, oscura, de rabia, que invade mi cuerpo completamente, este hombre estaba haciendo lo más horrible del mundo, le habría hecho tragar el teléfono, le hubiera sacado a patadas de allí, que falta de consideración al sitio y a la gente, ¿cómo era posible aquello?, le odiaba…
E, igual que vino, se fue. Me atravesó la rabia, me tomó por completo y luego me abandonó. ¿De dónde procedía? Él no la trajo, salió de dentro de mí y pude verla. Vino y se fue… Al observarla, desapareció.
Terminó su conversación y se marchó. Mi odio se transformó en gratitud, de corazón.
Que gran aprendizaje gracias a su llamada telefónica.
Rishikesh. Marzo 2012
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