Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



sábado, 3 de noviembre de 2012

Libro

“Y Beatriz, la lombriz, le dijo al pájaro que la llevaba: bueno, mi sueño era volar…”

Así empezó todo. En mi primer curso en la facultad escribí la primera frase pensada para que otros la leyeran. Mi compañera de asiento, que se llamaba Beatriz, me pidió que la dedicara algo, ya que yo le había comentado que quería ser escritor. Supongo que fue una vacilada de los 18 años a una compañera guapa, pero es cierto que algo tenía dentro. Le podía haber dicho torero, futbolista, actor porno e, incluso biólogo, dado que era lo que estábamos empezando, pero le dije escritor.

Fue una lombriz porque rimaba con su nombre y el resto de la frase… me sigue encantando más de veinticinco años después. Y todavía la recuerdo pese a que hay tantísimas cosas que he olvidado de mi pasado, de hecho casi todas. No sé si es una tara o una virtud, pero es lo que me sucede y ya me he acostumbrado.

Luego pasé una etapa bastante complicada en mi vida y la fui superando escribiendo. Algunas historias que conocéis, como la de los duendes del bosque asturiano y otras cosas tan duras que todavía se me pone la piel de gallina cuando las leo de nuevo. Deben ser buenas, porque a mí casi me sitúan allí de nuevo. Volcaba sobre el papel angustia y dolor, pero también fantasía. La escritura me ayudó a salir de un pozo que, aunque ahora sé que no existen, en aquella época era real y parecía que no tenía fin.

Ahí empezaron mis primeros personajes, mundos paralelos… De hecho, Harry Potter está basado en una antigua historia mía, aunque creo que la autora no lo sabe.

Luego seguí escribiendo historias, aunque poca gente las leía. Es decir, tenía mucho éxito pero entre diez o doce personas…

Y un día empecé el blog. De repente, lancé una botella al agua con un mensaje: “estas son mis historias”. Sin saber donde llegaría, sin importarme donde llegaría… Pero sabiendo que eso ya queda escrito y que puede ser leído por mucha gente. Era como desnudarme en público, historias que eran casi privadas se exponían en una ventana a la calle. Una ventana que no sabes quien está mirando.

Ahora llegó el siguiente paso y tengo la suerte y el privilegio de poder darlo. Aquella lombriz fue la semillita que ahora parece que germina.

Acabo de confirmar que publicarán mi libro “Planeta India”, en Plataforma Editorial. Falta rematar algunos detalles pero me han dicho que les ha gustado mucho y más cosas buenas. Así que espero que el año que viene haya un libro nuevo en las estanterías de las tiendas y en las vuestras.

Y, como dicen en una peli india: al final todo acaba bien y si no acaba bien, es que todavía no es el final… pero me ha dado para escribir otra historia.

Gracias por leerme. Es lo que me ha hecho seguir avanzando.


San Agustín del Guadalix. Noviembre 2012

martes, 25 de septiembre de 2012

El corazón del corazón


Parece que toda esta historia comenzó en diciembre de 2004, digo la de empezar a venir siempre al mismo sitio de la India, a meditar y a profundizar en un camino que parecía nuevo. Y fue de nuevo el afán de aventura, el de viajar, el que me trajo hasta aquí.

Digo esto, que parece que empezó en 2004, porque en realidad fue en agosto de 2002, en Varanasi, también en la India, donde medité por primera vez. Allí, con una ayuda que hasta años más tarde no comprendí, de un viejo sadhu, descubrí algo realmente fascinante. Había toda una posibilidad de viaje para realizar dentro de mí, sin necesidad de desplazarme a ningún lado. Aquella vez sólo me asomé por una puerta que logré entornar… Y vi un mundo nuevo, inmenso, inexplorado, entero para descubrir, virgen y tan cerca, tan cerca, que estaba dentro de mí…

Y es tan sencillo de recorrer que no hay que hacer nada. Aunque ese es el principal problema, que no hay que hacer absolutamente nada. Y no sé no hacer nada, casi nadie sabemos no hacer nada. Ni en la más completa quietud dejamos de hacer cosas. Pero, cuando conseguimos parar nuestra mente, aunque sea una fracción de segundo, aparece la puerta… Si te asomas estás perdido… En realidad, si te asomas, has ganado. Porque ya sabes lo que tienes que hacer, simplemente entrar y quedarte al otro lado.

Al otro lado, lo único que puedo decir es que hay paz. Leí un montón de libros que explican acerca de la Unidad, de la Energía Universal, de Dios, de la Nada, del Todo… No sé como se llama, ni siquiera sé que es, pero sé lo que se siente y es Paz. Paz interior, tranquilidad absoluta, inalterable… Quizás eso sea la felicidad.

Estudiar, leer, charlar con gente que sabe, con maestros… sirve para entender que es algo que todos tenemos y que, en realidad, eso que todos tenemos es lo mismo. Más allá todavía, la única conclusión es que todos somos lo mismo.

Escuché lo que contestó un maestro a la pregunta de un discípulo, de cuál era la diferencia entre los dos. La respuesta no dejó lugar a la duda: “Entre tú y yo no hay ninguna diferencia, pero tú no lo sabes y yo sí…”

Y ese es el final, ser consciente de ello. Cuando llegas a esa consciencia, ya no hay un “todos diferentes” o un “todos iguales”, sólo hay Uno.
Pero también el camino para recorrer es placentero, porque te va llenando de tranquilidad, de esa Paz, con mayúscula, de la que hablaba antes. Escribí hace tiempo que “el buen camino no es el que te conduce a la felicidad, es el que te permite ser feliz mientras lo recorres”. Y ¿quién no es feliz estando en Paz?

A partir de aquí, ¿por qué Laxmanjhula? Este pequeño pueblo cercano a Risikesh (algo más famoso porque es la procedencia del maestro de los Beatles) tiene algo muy especial, para mí y para otras miles de personas.

Aquí vive Sri Hans Raj Maharajji, un Gurú, mi Maestro.

Hay que olvidar, o al menos dejar de lado, las connotaciones que la palabra gurú tiene en Occidente, donde se la relaciona con falsos visionarios, sectas o, últimamente, genios del marketing y de las finanzas. En la India, su país de origen, Gurú significa “aquel que despeja la oscuridad” o “aquel que remueve los obstáculos”. Es el que te guía, el que te abre camino, el que te ayuda a situarte en tu lugar, para poder avanzar por este mundo tan próximo pero tan desconocido.

Un verdadero santo es como el sol, alumbra a todos por igual con sus rayos. No importa si los hombres son buenos o malos, tanto si hay limpieza como suciedad, el sol ilumina todo por igual.

El cómo llegué a él, carece de importancia, porque a un Maestro no lo buscas, él llega cuando te tiene que llegar y él sabe por qué. Después de un montón de circunstancias y casualidades, esas casualidades que en la India no existen, terminé en su ashram, enfrente de él. Sin saber, no si era mi Maestro, ni siquiera lo que era un Maestro, ni un ashram…

Además de lo que he contado del verano de 2002 en Varanasi, en mi vida han pasado muchas cosas “extrañas”, he conocido a gente realmente especial, mágica, en África, en América, en otros lugares de Asia, en tantos sitios…

Pero es aquí, al pequeño Laxmanjhula, donde regreso y regreso. Donde creo que avanzo, pasito a pasito, por ese camino que apenas vislumbré por aquella puerta que se entornó para mí hace unos cuantos años.

Esa puerta que está dentro de todos y cada uno de nosotros, Maharajji y otros como él, sólo representan lo que en realidad todos somos, pero no sabemos. Y están aquí para ayudarnos a verlo.

Hay quien necesita que, simplemente, le ayuden a localizar el camino y a partir de ahí continuar en solitario. Otros precisan que los lleven de la mano todo el tiempo. Hay también quien no quiere reconocer que le vendrían bien un par de cambios en su vida…

Yo continúo porque creo que es lo que debo hacer, creo que es lo que hay que hacer. Nadie puede ayudar a otros, entre los que incluyo a nuestros propios hijos, sin haberse ayudado a sí mismo. ¿Cómo enseñar a un niño por donde ir, si no lo tenemos claro nosotros?... Porque la buena intención no basta. No basta con lo que pensemos o creamos. Lo que ayer era bueno, hoy ya no lo es y esto pasa continuamente. Porque una vez más, las respuestas hay que buscarlas hacia dentro, no hacia fuera.

Y luego, podemos ayudar a otros, entre los que vuelvo a incluir a nuestros propios hijos, a recorrer su camino. Hacia dentro, no hacia fuera.

Así que os propongo empezar a recorrerlo, empezar a buscar la puerta. Ya puedo hablar desde la propia experiencia, cuanto más avanzo hacia dentro, más sencillo es todo fuera. Paz por dentro y tranquilidad por fuera.

Parece que toda esta historia comenzó en diciembre de 2004, cuando conocí a Maharajji, uno de estos seres especiales que constituyen el corazón de la India.

Y como creo que la India es el corazón, ya que sin la India el mundo no sobreviviría, estas historias, tanto la mía real como la que acabo de escribir, se llaman:

El corazón del corazón.


 Rishikesh. Julio 2007

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cuento en Muniellos

Una soleada mañana de Noviembre, en los alrededores del bosque de Muniellos, en el oeste asturiano. Los robles y hayas de color ocre prácticamente tapan el verde de los pocos pinos supervivientes y una bruma sobre la montaña hace que el paisaje parezca misterioso además de maravilloso.

Vine a pasar unos días para investigar que había de cierto en una leyenda que llegó a mis oídos. Los habitantes de los pueblos de la zona hablaban, entre ellos, de unos duendecillos que viven en estos bosques y que poseen extraños poderes.

"Con todo el poder que la fantasía me otorga
cumpliré el deseo que ahora te ronda".

Este canto se oye de vez en cuando entre los arbustos, y el afortunado que esté cerca sabe que se hará realidad cualquier deseo que tenga. No son grandes deseos como hacerse millonario o tonterías de esas, son cosas como una ayuda en la siega de los prados, que las vacas vuelvan solas a casa, que salgan buenos los jamones pese a la humedad, etc. Es decir, lo que realmente es importante.

No hay ningún vecino que no se haya visto alguna vez beneficiado por esta canción y tampoco hay nadie que haya visto claramente a alguno de estos personajes. De vez en cuando se les oye correr sobre las hojas, y se puede ver como se esconden rápidamente. Nadie está realmente empeñado en descubrirles porque piensan que sus motivos tendrán para ocultarse y, además, esta curiosa relación viene de varias generaciones atrás. De padres a hijos se enseña como tratarlos, y es sencillo, nunca molestarlos siguiéndolos o buscando donde viven y aceptar con naturalidad los regalos que ellos hacen.

Nunca alguien de fuera había tenido un encuentro con ellos por lo que mi trabajo era complicado. Me enteré de su existencia después de venir muchas veces a esta zona a realizar estudios y escribir cuentos. Al ganarme la confianza y el cariño de la gente de la zona, un día me lo contaron.

Mi intención no era hacer pública su existencia ni complicarles la vida, lo que realmente pretendía era aprender acerca del bosque e intentar quitar unos cuantos fantasmas de mi cabeza. Pensaba que quizás ellos podrían ayudarme.

Lo primero que hice fue enterarme bien de cuales eran las mejores condiciones para encontrarlos y estuve intentando hablar con las personas que mejor los habían visto. También estuve leyendo todos los libros que cayeron en mis manos sobre gnomos, elfos, etc. para buscar todas las posibles similitudes con mi objeto de estudio.

Estas investigaciones me sirvieron para descubrir lo importante que es la fantasía. Aunque nunca lograra encontrar uno y por muchas explicaciones "lógicas" que intentaran darme, estaba claro que estos existían, porque era necesario que existieran.

Los niños los incluían en sus juegos, los adultos hablaban de ellos con tanta naturalidad como de sus vacas o sus pastos. Todos se asombraban de mis preguntas porque no entendían mi obsesión. Si nadie preguntaba por los robles o los ganzos, ¿por qué tanto interés por estos otros integrantes del bosque?.

Decidí buscar por mi cuenta, andar y andar por los montes hasta que surgiera la oportunidad. Debía esperar a que me consideraran del lugar y escuchar la cancioncilla.

"Con todo el poder que la fantasía me otorga
cumpliré el deseo ....

- ¡Espera un momento!. ¡No quiero deseos, sólo quiero hablar contigo!.

Fue un vano intento, lo único que escuché fue algo corriendo sobre las hojas, como un ratoncillo. Además no se me cumplió el deseo, que tenía algo que ver con una bonita chica...

Se me ocurrió la idea de poner alguna trampa, pero la deseché rápidamente cuando me contaron la historia que les sucedió a unos cazadores furtivos que ponían cepos.

Un día, en un lazo que habían puesto para capturar algún raposo, encontraron una botita de piel, del tamaño de una uña. A partir de entonces todo empezó a salirles mal. Cada vez que salían de caza se encontraban con el guarda, que la noche anterior soñaba donde encontrarlos. La vida en el campo se les puso cada vez más dura y todos saben que en esto tienen mucho que ver aquella botita. La última noticia que se tiene de ellos es que trabajan de oficinistas en la capital...
Ahora nadie pone cepos porque no hace falta para comer, ni para proteger los campos del jabalí, ni las gallinas de los zorros. De todo esto se encargan "los amigos del bosque", que es uno de los nombres por el que se los conoce.

Una noche en un bar, oí una conversación muy interesante acerca de los cantos de las rapaces nocturnas. Dos ornitólogos hablaban de un extraño canto que se escuchaba parecido al del cárabo, que ellos nunca habían oído anteriormente. Al final no le dieron importancia pensando que los ecos de la noche les habrían desvirtuado el sonido.

Enfoqué mi búsqueda de otra forma. Al igual que estos ¿duendes? se relacionaban, de su forma, con los seres humanos, también lo harían con las otras criaturas del bosque. Empecé a salir por las noches a escuchar y, efectivamente, descubrí el sonido que había extrañado a los científicos.

Me costó muchas horas de observación y escucha pero hice un importante descubrimiento. Después de tanto tiempo distinguía los reclamos de caza, los cantos de la época de celo y todos los sonidos que los cárabos hacían. De todos estos sonidos había uno que siempre conseguía que un cárabo acudiera, el que en ningún otro sitio con estas rapaces se oía y en ningún documental o venía reflejado.

La gente pensó que me había vuelto definitivamente loco. Ahora todas mis preguntas eran sobre los cárabos y sobre esto sí que me dieron más información. Descubrí nidos, posaderos, áreas de caza, etc. Me dediqué a vigilarlos y a estudiar sus movimientos.

Cada vez que se escuchaba el extraño grito, acudía un cárabo, estaba unos segundos (variaba entre 15 y 20) y se marchaba. Y al volar de nuevo llevaba un extraño bulto sobre la espalda… ¡Mis “amigos” utilizaban a los cárabos para desplazarse!.

Al comprobar que había unos cuantos sitios que eran utilizados asiduamente, empecé a dejarles allí mensajes para que supieran que los había descubierto. Me hice un montón de fotos en un fotomatón y dejé una en cada "aeropuerto", así conseguiría que entre ellos hablaran de mí. El primer paso para el contacto estaba dado…


Moal. Allá por el 91 o 92…

sábado, 21 de julio de 2012

Flores

Todas las mañanas me levanto antes de las 5 y me voy a recoger flores. Flores que servirán para decorar el templo de mi ashram. Que se ofrecerán preciosas a todos los visitantes, que las verán, olerán y tocarán.

Cuando paseo por el jardín con mi cesta de mimbre voy sintiendo a las flores y creo que ellas me sienten a mí. Algunas se me ofrecen, ansiosas por venir conmigo, otras, tímidas, se esconden detrás de hojas y espinas. Unas se dejan caer en mi mano, según la acerco, sin necesidad de que haga ningún esfuerzo por cortarlas. Algunas, las más inalcanzables, se esfuerzan hacia mí, igual que yo me esfuerzo hacia ellas, si notan que no llego donde están ubicadas. Las hay que se hacen querer, presumidas y otras quieren venir rápido conmigo, antes de ponerse mustias, aprovechando su última oportunidad…

Para mí es una gran responsabilidad, porque yo debo seleccionarlas y todas quieren lucir bellas, lozanas, en su máximo esplendor, en el altar del templo. Saben que de allí van a la Ganga, al Ganges, al río más sagrado… Librándose también quizás ellas, al igual que los humanos, del samsara, el casi eterno ciclo de las reencarnaciones.

Cada mañana, con las flores, pinto cuadros, compongo melodías, escribo poesías… De forma anónima, puesto que casi nadie sabe quien decora el templo y poco reconocida, puesto que no suele repararse en el diseño de las obras.

Y cuando parece que ya está terminada llega uno y pone una flor nueva, otro cambia una de sitio y aquel roba una rosa… Así el cuadro, la melodía, la poesía van cambiando, permanecen vivos…

Son efímeras obras de arte, probablemente sólo advertidas si no existieran, puesto que su ausencia sí que llamaría la atención. Es algo que debe existir.

Luego todas, las rosas, los lirios, los jazmines, las anónimas y omnipresentes flores amarillas… las orgullosas, las tímidas, las atrevidas… acaban en un cóctel multicolor que termina flotando en el río y componiendo nuevas obras de arte, también cambiantes, también vivas…


Rishikesh. Agosto 2007

viernes, 6 de julio de 2012

Curriculum

“De Bangladesh”, me contestó el camarero que en ese momento me servía unas samosas en el restaurante indio en el que acabé por casualidad… Justo antes había preguntado a un par de “manteros” también que de dónde eran. Senegal y Mali.

Recuerdo cuando le pregunté hace casi 20 años a una chica que si era de Otavalo (Ecuador) y me dijo “Sí, ¿tú también?”, porque no había más ecuatorianos en Madrid que ella y su padre. Justo yo acaba de visitar su país por eso reconocí el característico atuendo que llevaba.

Ahora Madrid, España, Europa está completamente llena de gente de otras latitudes, afortunadamente. Me encanta disfrutar colores, olores, idiomas diferentes cuando paseo, sin necesidad de ir muy lejos.

Esta historia viene de alguna conversación en la que gente me ha contado su cruce del estrecho en patera o su periplo por medio mundo para terminar sirviendo cervezas en un bar de San Agustín del Guadalix. Y la lucha por traer a la familia, por vivir en un lugar hostil o por sobrevivir sin papeles… Por no hablar de mafias, de esclavistas y negreros del siglo XXI, porque aunque tanto no he profundizado en mis charlas, todos sabemos que existen.

Y eso me hace pensar que frente a carreras universitarias, masters en escuelas de negocios, cursos y más cursos, trabajos bien remunerados… Si la vida es aprendizaje, ellos si que tienen buen curriculum ¿no os parece?


San Agustín del Guadalix. Junio 2012

lunes, 18 de junio de 2012

Spiderman

Ya he hablado alguna vez del significado del saludo en la India “Namasté”: La divinidad que hay en mí se inclina y saluda a la divinidad que hay en ti. Lo importante de este saludo es que parte de la premisa de que en todos nosotros habita la divinidad. Es decir, Dios está dentro de todos, todos somos divinos, todos somos Dios… O lo que en otras tradiciones cercanas se entiende como el Buda interior, o lo que yo cuento siempre, y con lo que trabajo, la Paz interior…

Si todos tenemos esto o, mejor dicho, todos lo somos, entonces ¿Qué es lo que mostramos al exterior? ¿Qué es eso que oculta nuestro verdadero ser? Pues lo que creemos que somos, un falso yo originado por la mente y basado en pensamientos, creencias, experiencias… El ego.

Ese ego que realmente es una máscara, con la que estamos completamente identificados. Es decir estamos seguros de que somos nuestro disfraz, como el niño que se cree Spiderman porque va vestido de rojo… Pues realmente somos igual de Spiderman que de lo que creemos que somos.

Si logro separarme un ratito de este personaje, si logro dejar de identificarme con todo ese barullo que tengo en la cabeza y ponerlo a descansar, me encuentro con lo que realmente soy. Conecto con esa divinidad implícita en el Namasté y, durante ese rato, tengo más poderes que el superhéroe.

Porque ahí nada me afecta, es la “casa” de cuando jugábamos a atraparnos de niños, es donde estoy a salvo pase lo que pase en el exterior, es mi verdadero hogar al que reconozco enseguida en cuanto entro, es el lugar desde el que puedo entender el baile de máscaras… Soy Yo.

El reto es, evidentemente, permanecer ahí. La primera herramienta para hacerlo es creer en lo que eres y dejar, poquito a poquito, de identificarte con lo que no eres. Y lo que no eres es tu cuerpo, tu nombre, tus títulos, tus posesiones… No eres nada de lo que no traías y nada de lo que no te puedas llevar cuando salgas de aquí.

Mientras tanto, es bonito pensar que en una discusión, por ejemplo, en realidad tú y yo no discutimos, son nuestras máscaras. Visto desde ahí no puedo enfadarme contigo… Son Batman y Superman los que discuten así que cuando nos quitamos los disfraces no puede haber rencor.

En la India se dice que todos los problemas vienen incluidos en lo que añadimos al “Yo soy”… Hasta ahí todo va bien, el “Yo soy” es tan grande que el universo entero cabe en él, pero cuando le añadimos algo, se acabó.

Aparece Spiderman.


San Agustín del Guadalix. Junio 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

Mitad monje, mitad soldado

Como los antiguos templarios europeos o los modernos Sikhs de la India. Así me siento en este nuevo regreso a España, mitad monje mitad soldado…

Aunque los Sikhs lo son realmente, mitad y mitad. Logran vivir en el mundo material sin abandonar su prioridad, la espiritualidad. Yo no lo soy porque a veces me siento más monje y a veces más soldado.

Por un lado, el del soldado, estoy con ganas de lucha, de hacer el trabajo que creo, en realidad sé, que me corresponde. El de llevar la meditación y todos sus derivados (la autoindagación, la búsqueda de lo que hay más allá de la mente y del ego, la conexión con nuestro verdadero ser, el encuentro con la paz interior…) a lugares donde ahora no está. A la gente que precisa algo sin saber muy bien qué es, a los que están mal y no saben que tienen gran parte de la solución si no toda, dentro de ellos, a los que están muy bien pero algo les falta, a los que quieren estar mejor, a quienes nunca se han atrevido a mirar para dentro y sienten que ahora es el momento… También a las empresas, a las escuelas de negocios, al “estilo de vida” occidental, en el más amplio sentido de la palabra… En definitiva, introducirme de nuevo en este mundo porque no puedo cumplir esa misión si nadie me conoce, si nadie sabe donde estoy, si no me muevo…

Pero es un mundo en el que no me siento especialmente cómodo, en el que matan a un amigo de un tiro y él sigue girando y que precisa estar alimentando esos giros con más y más dinero. Donde la gente no es ella misma porque se ha creído realmente los personajes que representan y se los toman muy en serio… El mundo que, como escribí hace tiempo, para mí no existe.

Probablemente mi trabajo, como soldado, sería ayudar a que la gente se de cuenta de que son actores en esta película y que, siendo consientes, si quieren pueden cambiar el guión. Aunque vaya por donde vaya la trama, en realidad no es importante porque sigue siendo una peli. A veces de risa, a veces un drama, a veces de terror… Pero una película al fin y al cabo.

Pero, en el lado del monje, necesito silencio, exterior e interior, paz, tiempo para la meditación… Muchas veces me vienen ganas de irme retirando cada vez más, plegando velas. Limitando cada vez más las necesidades y solamente estar más tranquilo, más aislado y recorrer el camino hacia dentro casi exclusivamente.

Pero, mientras tanto, el tiempo va pasando sin avanzar mucho en ninguna de las dos direcciones, en medio de ambas, como suele sucederme en los regresos al Planeta Occidente. Algo que exasperaría a cualquier soldado y sacaría de quicio a cualquier monje, pero donde yo estoy bastante tranquilo. Así que quizás si que consiga acercarme a los Sikhs, poco a poco. A ver si alcanzo su sabiduría.

¡Sat Sri Akal!*

*Saludo de los Sikhs, significa: Sat: Verdad, Sri: Título honorífico, Akal: el Ser sin tiempo, es decir, Dios. “Dios es la Verdad”.


Mi amigo Sergi murió en Livingstone, Zambia, hace poco tiempo de un disparo. Mi amigo Sahidji, maestro Sikh, murió en un hospital de Derahdun, India, dos semanas antes. Os quiero.


San Agustín del Guadalix. Mayo 2012