Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



lunes, 4 de marzo de 2013

Aprendizajes de una uña

Todo empezó hace un par de semanas, al poner el dedo en el sitio equivocado y en el momento equivocado. Si sólo una de esas dos cosas hubiera sido equivocada, no se habrían producido los aprendizajes, ni la cicatriz, claro.

Algunos habréis leído la anterior historia, “Pérdidas”, ahí se cuenta el inicio de esta. Así que si alguien no la ha leído, que vaya para allá antes de continuar.

En el momento del impacto sentí, lógicamente, un dolor bastante grande, y un poco más tarde me dí cuenta cómo había empezado mi cerebro a funcionar. El dolor se vio incrementado, hasta llegar a marearme y cubrirme de sudor frío, porque mi mente empezó a aumentarlo con preocupaciones añadidas. Al ver la herida, mi primer miedo fue no saber la gravedad de lo que me había sucedido, luego empecé a temer que se infectara y me tuvieran que hurgar en ella para limpiarla, lo cual me haría mucho daño, también adelanté que sería doloroso durante mucho tiempo, incomodísimo para manejarme con una mano solo, complicado conseguir un sitio medio limpio para que me atendieran en ese momento, además tendría que ir luego a un hospital mejor… Todo eso iba pasando por mi cabeza y de repente pude ver cómo sólo servía para hacerme sufrir más. Había momentos de paz, en los que solamente estaba con el dolor lógico, el del momento, y otros en los que se incrementaba por mi juego mental. Cuando paró eso, nada era tan grave. Había dolor, pero era soportable. Y todo lo demás, todo en lo que había pensado, ya ocuparía otro momento en mi mente, sólo si fuera necesario.

Desde ahí pude escribir la otra historia, de humor, porque me encontraba, paradójicamente, muy bien.

Me ha dolido mucho menos de lo que mi mente adelantó, no se ha infectado, hago vida prácticamente normal (y encima me lavan el plato de la comida…), no he tenido que ir a más médicos porque mis autocuras son suficientes y encontré justo al lado del autobús un sitio para que me atendieran (no, limpio, no). Así que frenar los pensamientos que venían añadidos fue muy bueno, porque nada de lo temido ocurrió.

De hecho, ahora mismo sufro más cuando me acuerdo del momento del portazo que con el propio dedo y vuelvo a poner la misma cara que vosotros al leer la otra historia.

Buda dijo “No hay que añadir sufrimiento al dolor, el dolor es inevitable pero el sufrimiento no”. Yo siempre había pensado en ello más desde el punto de vista emocional y utilizo esa frase en los cursos, con ejemplos como la pérdida de un ser querido, del trabajo o de la pareja. Nunca lo había utilizado para la pérdida de una uña…

En resumen, un bonito aprendizaje y dos historias a cambio de la uña. Eso no quiere decir que a partir de ahora vaya mirando donde vayan a cerrar puertas para poner mis deditos, pero ya que ha sucedido…


Risikesh. Febrero 2013

miércoles, 20 de febrero de 2013

Pérdidas

En dos semanas por aquí he perdido casi más cosas que en todos los viajes anteriores juntos. Concretamente he perdido unas chanclas, una manta y una uña.

Las chanclas son las terceras que me espabilan en este Planeta. Las dejé en el lugar de siempre yendo a meditar en el ashram y al salir había otras. Que eran rojas como las mías, pero peores, más viejas, más sucias y, lo que determina que no fue una equivocación, dos o tres tallas más pequeñas. Así que me volví a casa con medio pie fuera de cada chancleta.

La verdad es que me hizo gracia porque me pareció una buena estrategia para mangar. Si pillo al que se las llevó tenía una buena excusa, me hubiera dicho que se había confundido y yo qué hubiera podido decirle... Entiendo que el destino lo quiso así, porque que llegara al mismo lugar que yo, en un momento que no viene casi nadie, un tío con unas chanclas del mismo color y que además fuera un chorizo no puede ser casualidad. Así que acepté la pérdida con deportividad.

La segunda pérdida fue una manta, que se deslizó de mi hombro una noche oscura. No es frase poética, es que no había luz y estaba negro como el sobaco de un grillo. Tengo que decir en su descargo, en el de la manta, que llevaba unos diez meses dentro de un baúl, así que aprovechó la primera oportunidad para largarse. Estaba acostumbrada a recorrer mundo ya que su anterior empleo fue en un avión de la compañía Emirates… Así que no se lo reprocho y ahora la imagino viajando por el país, del brazo de algún sadhu errante.

La tercera ha sido hace unas horas y todavía no lo llevo muy bien, porque llevaba conmigo mucho más tiempo. Estaba subido en un autobús con cerca de un millón de personas más y entre la puerta abierta y yo había un par de chavales. Para evitar empujarles y que volaran fuera, iba apoyado donde podía… En un segundo descubrí que ese donde podía no era buen sitio. Cerraron la puerta corredera, con la delicadeza que suelen hacerlo por estos lares y mi dedo estaba en el camino. ¿Sabéis lo que es que te metan un hierro oxidado entre tu dedo y tu uña? Probablemente no lo sabéis pero, por la cara que habéis puesto, podéis imaginarlo. Ahora entiendo perfectamente porque se utiliza como método de tortura el arrancar las uñas, yo hubiera confesado lo que fuera para ahorrarme el trago.

La secuencia siguiente a cerrar la puerta fue: mi grito, verme el dedo, empezar a marearme, sentarme en un asiento que me cedieron muy amablemente por compasión o para evitar mi chorro de sangre, sudor frío y luego decirme a mí mismo las dos frases que he dicho cortésmente en tantas ocasiones:
1) Hay que tener más cuidado
 2) Podía haber sido peor, me podía haber pasado a mí.

Esta última no tenía sentido puesto que realmente me había pasado a mí, pero tenéis que entender que estaba bastante mareado.

A partir de aquí y gracias a que iba con un amigo indio, dado que en el bus no hablaba inglés ni el tato, terminé en una consulta de un médico que merecería una historia aparte, pero no la escribo porque no me encontraba como para quedarme con los detalles. Sólo diré que no vi ni el título ni los cursos de especialización en las paredes. Me hizo daño un rato, me vendó y me puso la antitetánica, creo.

Se acabó el comer con la mano durante una larga temporada, porque es el dedo de empujar el arroz. Probablemente cuando pueda volver a hacerlo ya estaré en España y como allí no está muy bien visto, será en mi casa a escondidas. Aquí la izquierda no puede usarse para comer porque es para otras cosas, como alguna vez ya he comentado. Cosas que tendré que aprender a hacer yo con esa mano.

Ahora mismo, mientras escribo esto sin problema, porque jamás he usado todos los dedos para escribir, tengo un dedo gordo mucho más gordo, cubierto de una venda sanguinolenta y ninguna gana de abrir el paquete para ver lo que hay.

Así que decidí escribir una historia de humor y ya lloraré dentro de un rato…


Risikesh. Febrero 2013

viernes, 8 de febrero de 2013

Jespal

Jespal trabaja como dependiente en una tienda de ropa, desde hace once o doce años. Yo le conozco desde hace ocho. Su jornada laboral es de unas once horas, de lunes a domingo, con un descanso para comer y otro descanso para irse a recitar sus mantras a orillas del Ganges. Ahora es afortunado porque durante muchos años, en este mismo lugar, empezaba a trabajar a las ocho y no terminaba hasta las doce o la una de la noche, porque al cerrar la tienda tenía que ir a casa de sus jefes a hacerles la cena. Día tras día.

Antes tuvo un negocio a medias con su cuñado que terminaron vendiendo y el dinero se lo quedó el socio porque parece que lo necesitaba más, por motivos que no vienen al caso, pero no muy buenos… Jespal no quiso que su hermana y su madre se disgustaran por problemas económicos y lo aceptó así. Perdió todo y decidió empezar de nuevo.

Su sueldo actual es de seis mil rupias mensuales, menos de ochenta y cinco euros al cambio. El que piense que quizás eso es suficiente para la India que haga un par de cálculos facilitos: una habitación (no casa), dos mil quinientas rupias al mes, una bombona de gas para cocinar, mil doscientas rupias al mes y hay que sumarle la electricidad que no sé cuanto es y el pequeño detalle de comer a diario, preferiblemente poco y barato. Además, en ocasiones precisa de médicos y medicinas y algún gasto extras como algo de ropa, aunque suele evitarlos en la medida de lo posible.

Hace unos años Jespal me contaba que tenía que casarse, por la alta presión social y familiar que tenía. Su familia vive en otro estado y él se vino a vivir a Risikesh porque quería vivir en este lugar sagrado a orillas del río también sagrado. Continuamente le buscaban esposa y le insistían para que hiciera lo que todo indio debe hacer, casarse y tener hijos. Él se resistía como podía porque su vocación era más de brahmachari, de permanecer soltero y dedicarse a la vida espiritual además de a su trabajo. Finalmente, hace un par de años, apareció Rubi en su vida y se casaron. En su boda, como es habitual en este Planeta, los novios no estaban muy contentos pues apenas se conocían, pero Jespal por fin había hecho lo que todos le insistían que debía hacer.

Para la boda, entre dos familias muy pobres, hizo lo que también mucha gente hace. Cayó en la gran trampa. Su jefe le prestó dinero y le convenció de que le subiría el sueldo ahora que iba a tener familia. De seis mil rupias pasaría a nueve o diez mil, ya lo concretarían. Con ese incremento podría ir pagando el préstamo y seguir viviendo más o menos igual. El préstamo fue de ciento sesenta mil rupias, con las que pudo celebrarse la boda y agasajar convenientemente a familiares e invitados. También a sadhus y mendigos.

Cuando todo terminó y aquí la trampa, no hubo subida de sueldo. Seguía cobrando lo mismo, tenía una gran deuda y una mujer que mantener. De esta forma, el patrón se asegura la fidelidad casi de por vida del empleado. Como es imposible vivir con ese salario y pagar la deuda, habitualmente los empleados van empeñándose más y más… Hasta que se hace imposible salir de esa rueda. Esto sucede con las clases sociales más bajas. Es algo parecido a una moderna esclavitud, puesto que los empleados los son para todo, no sólo para el trabajo para el que en teoría son contratados. Hacen lo que dice el jefe. Y punto.

La eficacia de Jespal está fuera de toda duda. Cuando él está se vende diez o veinte veces más que cuando no está. Cuando no está me refiero a cuando el jefe le manda a otro lugar, claro, porque las vacaciones no existen. Su jefe en realidad es una familia. La señora es la que entiende el negocio, la que conoce la valía de Jespal y la que se ha asegurado su permanencia… El señor no da para mucho. Se dedica a hacerle la vida imposible, desconfiando de él, registrando sus bolsillos (pocas veces le he visto tan dolido como cuando me contó esto) y ordenándole cosas absurdas, como colocar y descolocar varias veces zonas de la tienda. El primogénito, al que conozco desde que era un niño, no hace más que dilapidar la fortuna de la familia (porque, evidentemente, son ricos).

Muchas de las enseñanzas que yo he recibido y voy intentando compartir vienen de Jespal. Su fuerza es la que hace que el negocio de sus amos funcione y su sabiduría es difícil de explicar. Puede sorprenderte con cosas que has leído en libros que él no conoce, hablarte de las sagradas escrituras indias, adivinar tu estado de ánimo, saber como te va en la meditación… Resumiendo: Jespal es un maestro espiritual. Es lo que tiene este Planeta, sabios disfrazados en muchos lugares.

En varias ocasiones intenté ayudarle con dinero y nunca me lo aceptó. Esto no me ha pasado jamás en la India. Bueno, ni en ningún sitio. Siempre me dijo que con mi sonrisa era suficiente. Últimamente me ha aceptado un poco porque he aprovechado la nueva circunstancia (cabezón de mí, me cuesta aceptar un no por respuesta).
Y esta circunstancia se llama Ananda que ahora ha venido a la familia. Nació en abril así que yo le he conocido hace unos días. Jespal sigue en la misma habitación, de unos ocho metros cuadrados y sin baño. En ella, donde hemos cenado unas cuantas veces, hay una gran cama (que también hace de sofá, de mesa, de sillas…) y una pequeña cocina de gas. En medio, en el suelo, hay una esterilla donde dormía la madre de Jespal que vivió un par de años con el matrimonio. Ahora se ha marchado al pueblo con otro hermano, ya que con la llegada de Ananda, la economía no da para más.

Cuando nació, Jespal tuvo que hacer guardia sentado en el suelo de la habitación donde estaban (que compartían con un montón de gente, claro) porque en ese mismo hospital desaparecieron cuatro bebés recién nacidos… Eso parece que no es muy habitual, lo es más que cambien a las niñas por niños. En la India tener una niña es un lastre, puesto que los que cuidaran a los padres de mayores son los varones y además está la dote para la boda… Así que, si tienes dinero, puedes conseguir que tu niña se convierta en niño en el hospital por arte de magia. Eso puede suceder puesto que está prohibido conocer el sexo del bebé antes de que nazca, por lo que he comentado que sucede con las niñas. También excepto que tengas dinero y entonces recurras a alguna clínica especial, que las hay. ¿Habéis oído hablar del aborto selectivo? ¿Para qué querer saber el sexo antes si no?. A lo que íbamos… Jespal sabía que su hijo era varón (al igual que sabe que el próximo que tendrá también lo será…), pero sólo después de insistir mucho él y sus familiares consiguieron que el médico lo dijera… Estoy hablando después de que hubiera nacido Ananda. A partir de ese momento todo el mundo le pedía dinero porque había tenido un niño y debía estar contento… Varios médicos, enfermeros, el conductor de la ambulancia…

Así que ahora tenemos a Jespal, Rubi y Ananda viviendo en la pequeña habitación que ya he descrito, con un sueldo de ochenta y cinco euros y una deuda de casi dos mil (algo ha pagado de ella en este tiempo). Además sin poder vivir con su madre, algo que todos desean porque ella está muy mayor y quiere estar con su nieto y a la orilla del Ganges el tiempo que le queda.

Como han empezado a gestionarlo es marchándose Rubi a su pueblo con Ananda, un par de meses con su madre y un par de meses con su suegra. De esta forma Jespal consume menos gas, menos comida, menos luz… Y ahorra algo para pagar el préstamo. Le ha propuesto a Rubi que se vaya un año (¡un año!) con ambas familias y así poder ahorrar al máximo, llevando una vida de total austeridad. Ella no ha aceptado, dice que no quiere que él no vea crecer a su hijo, que si tienen un solo chapati, lo compartirán entre los tres…

Escribiré dos finales para esta historia. El que iba a ser y el que es.

El que iba a ser. Le propongo a Jespal cancelar su deuda y ayudarle a empezar un nuevo negocio que tiene pensado. Para ello, además se me ocurre, hacer una petición a través de mi blog y que el que esté interesado en participar me lo diga. No como ayuda a Jespal y a su familia, sino como ayuda a nosotros mismos porque creo que Jespal y la gente como él nos dan la oportunidad de hacer cosas buenas. En este final, el que iba a ser, hago la propuesta, y tanto si tiene éxito de convocatoria como si no, saco a Jespal del atolladero y le ayudamos a empezar en mejores condiciones. Hasta me planteo, de tener buena respuesta por parte de los lectores, abrir una línea de ayudas en ambas direcciones (porque ¿quién ayuda a quién?...) con diferentes Jespals y Rubis que hay por aquí. Iba a dar mi email, al que le interesara le daría un número de cuenta y bla, bla, bla… Y la historia terminaría dándole las gracias por ayudarnos, por permitirnos hacer algo bueno. Este final ya casi lo tenía escrito antes de hablar con él.

El que es. Empieza igual: Le propongo a Jespal cancelar su deuda y ayudarle a empezar un nuevo negocio que tiene pensado Y me dice que muchas gracias, que por favor no me ofenda, pero que no lo acepta. La vida tiene problemas y satisfacciones y hay que saber lidiar con ellos. Para él, para Rubi, para Ananda (incluso para Ananda…) son prácticas que les sirven para seguir aprendiendo. No vale de nada que alguien te resuelva los problemas, porque en la vida siempre habrá más y hay que aprender de ellos. Prefiere seguir manejándose, practicando, aprendiendo…

Y la historia termina con que al menos conseguí que el año que viene retomemos el tema (cabezón, cabezón). Aunque creo que me dijo que sí sólo para no hacerme daño. También me ha dicho que me considera su opción de emergencia, parece que esto todavía no lo es…

Espero acercarme algún día a su humildad y su sabiduría, mientras tanto, sólo me queda seguir aprendiendo de él y de los maestros ocultos de este Planeta.


Como hay amigos que leen el blog y también viajan por Laxmanjhula, Jespal y Rubi no son nombres reales. No vaya a ser que por algún comentario bienintencionado les compliquemos la vida.


Risikesh. Febrero 2013

miércoles, 30 de enero de 2013

Largo camino

Ha sido largo el camino. El que me ha traído al blog de nuevo (varios meses…) y el de regreso al Planeta India. Sobre el blog poco puedo decir, más que no he escrito prácticamente nada en este tiempo. Me disculpo con aquellos que se que esperan las nuevas historias, probablemente no muchos pero sí que fieles seguidores. Como dije una vez, algo que escuché en el norte de argentina sobre una revista, este blog es un “tantuario”, que sale cada tanto…

En cuanto al Planeta India, el viaje ha pasado por Vietnam, Camboya y Bangkok, antes de recalar de nuevo en la “Casa de Huéspedes de la Diosa Ganga”. El año pasado se hizo largo tanto tiempo aquí sin la presencia física de nuestro maestro, así que este año decidimos retomar una vieja costumbre abandonada, la de viajar un poco.

La idea inicial de este viaje era meditar con budistas. Buscar algún lugar donde establecernos en uno de los dos países y pasar una temporada, parecida a la india, pero en otro ambiente. Pero la cosa empezó mal… Cuando el viaje interior y el exterior no coinciden, no se está a gusto, o al menos yo no lo estoy. Y eso es lo que pasó. Empezamos a recorrer Vietnam buscando ese lugar y no existe… Bueno, o no lo encontramos. El partido comunista que gobierna por allí desde hace tiempo, no le ha dado mucha cancha a la meditación, la espiritualidad, los templos, etc. Así que cuando nos sentábamos en algún sitio y cerrábamos los ojos éramos unos bichos muy raros. Y como por allí se comen todo tipo de bichos (en Hanoi, por poner un ejemplo, hay una calle con sesenta restaurantes especializados en carne de perro) decidimos hacer las cosas raras en privado.

Así que el recorrido por Vietnam fue con una especie de enfrentamiento por dentro. Un “¿qué hago yo aquí?” frente a un “ya que estás aquí, aprovecha, atontao”. Además aderezado con la sensación de ser un trozo de carne con dinero en casi todos los lugares interesantes del país, dado que todos los turistas pasan, pasamos, por los mismos lugares.

En Camboya la parte del “¿qué hago yo aquí?” prácticamente se había rendido, así que pude disfrutar más el viaje. Además el país, quitando un par de lugares, es muy poco turístico así que era más divertido moverse por allí.

El último paso fue llegar a Bangkok para volar al Planeta India. Pasar de Bangkok a Risikesh es un salto cuántico, en cinco horas de avión y ocho de coche. De los rascacielos y de la oferta del “ping pong show” (el que no sepa lo que es que lo busque en la Espasa o en Wikipedia), al ashram y los sadhus…

Un viaje interesante, en el que hemos visto en que consisten el infierno y el cielo. La guerra de Vietnam, los jemeres rojos, el turismo sexual… Frente a maravillas naturales como la bahía vietnamita de Halong o las islas de Camboya y humanas como los templos de Angkor. Todo cabe en este mundo de dualidades extremas.

Y mientras ordenábamos la habitación donde nos instalamos de nuevo, el último recuerdo del viaje volaba… Un mono se llevó las dos últimas chocolatinas tailandesas, recordándonos donde estábamos.

Largo camino, pero al fin en casa. En las dos, en el Planeta India y en el blog.


Risikesh. Enero 2013

sábado, 3 de noviembre de 2012

Libro

“Y Beatriz, la lombriz, le dijo al pájaro que la llevaba: bueno, mi sueño era volar…”

Así empezó todo. En mi primer curso en la facultad escribí la primera frase pensada para que otros la leyeran. Mi compañera de asiento, que se llamaba Beatriz, me pidió que la dedicara algo, ya que yo le había comentado que quería ser escritor. Supongo que fue una vacilada de los 18 años a una compañera guapa, pero es cierto que algo tenía dentro. Le podía haber dicho torero, futbolista, actor porno e, incluso biólogo, dado que era lo que estábamos empezando, pero le dije escritor.

Fue una lombriz porque rimaba con su nombre y el resto de la frase… me sigue encantando más de veinticinco años después. Y todavía la recuerdo pese a que hay tantísimas cosas que he olvidado de mi pasado, de hecho casi todas. No sé si es una tara o una virtud, pero es lo que me sucede y ya me he acostumbrado.

Luego pasé una etapa bastante complicada en mi vida y la fui superando escribiendo. Algunas historias que conocéis, como la de los duendes del bosque asturiano y otras cosas tan duras que todavía se me pone la piel de gallina cuando las leo de nuevo. Deben ser buenas, porque a mí casi me sitúan allí de nuevo. Volcaba sobre el papel angustia y dolor, pero también fantasía. La escritura me ayudó a salir de un pozo que, aunque ahora sé que no existen, en aquella época era real y parecía que no tenía fin.

Ahí empezaron mis primeros personajes, mundos paralelos… De hecho, Harry Potter está basado en una antigua historia mía, aunque creo que la autora no lo sabe.

Luego seguí escribiendo historias, aunque poca gente las leía. Es decir, tenía mucho éxito pero entre diez o doce personas…

Y un día empecé el blog. De repente, lancé una botella al agua con un mensaje: “estas son mis historias”. Sin saber donde llegaría, sin importarme donde llegaría… Pero sabiendo que eso ya queda escrito y que puede ser leído por mucha gente. Era como desnudarme en público, historias que eran casi privadas se exponían en una ventana a la calle. Una ventana que no sabes quien está mirando.

Ahora llegó el siguiente paso y tengo la suerte y el privilegio de poder darlo. Aquella lombriz fue la semillita que ahora parece que germina.

Acabo de confirmar que publicarán mi libro “Planeta India”, en Plataforma Editorial. Falta rematar algunos detalles pero me han dicho que les ha gustado mucho y más cosas buenas. Así que espero que el año que viene haya un libro nuevo en las estanterías de las tiendas y en las vuestras.

Y, como dicen en una peli india: al final todo acaba bien y si no acaba bien, es que todavía no es el final… pero me ha dado para escribir otra historia.

Gracias por leerme. Es lo que me ha hecho seguir avanzando.


San Agustín del Guadalix. Noviembre 2012

martes, 25 de septiembre de 2012

El corazón del corazón


Parece que toda esta historia comenzó en diciembre de 2004, digo la de empezar a venir siempre al mismo sitio de la India, a meditar y a profundizar en un camino que parecía nuevo. Y fue de nuevo el afán de aventura, el de viajar, el que me trajo hasta aquí.

Digo esto, que parece que empezó en 2004, porque en realidad fue en agosto de 2002, en Varanasi, también en la India, donde medité por primera vez. Allí, con una ayuda que hasta años más tarde no comprendí, de un viejo sadhu, descubrí algo realmente fascinante. Había toda una posibilidad de viaje para realizar dentro de mí, sin necesidad de desplazarme a ningún lado. Aquella vez sólo me asomé por una puerta que logré entornar… Y vi un mundo nuevo, inmenso, inexplorado, entero para descubrir, virgen y tan cerca, tan cerca, que estaba dentro de mí…

Y es tan sencillo de recorrer que no hay que hacer nada. Aunque ese es el principal problema, que no hay que hacer absolutamente nada. Y no sé no hacer nada, casi nadie sabemos no hacer nada. Ni en la más completa quietud dejamos de hacer cosas. Pero, cuando conseguimos parar nuestra mente, aunque sea una fracción de segundo, aparece la puerta… Si te asomas estás perdido… En realidad, si te asomas, has ganado. Porque ya sabes lo que tienes que hacer, simplemente entrar y quedarte al otro lado.

Al otro lado, lo único que puedo decir es que hay paz. Leí un montón de libros que explican acerca de la Unidad, de la Energía Universal, de Dios, de la Nada, del Todo… No sé como se llama, ni siquiera sé que es, pero sé lo que se siente y es Paz. Paz interior, tranquilidad absoluta, inalterable… Quizás eso sea la felicidad.

Estudiar, leer, charlar con gente que sabe, con maestros… sirve para entender que es algo que todos tenemos y que, en realidad, eso que todos tenemos es lo mismo. Más allá todavía, la única conclusión es que todos somos lo mismo.

Escuché lo que contestó un maestro a la pregunta de un discípulo, de cuál era la diferencia entre los dos. La respuesta no dejó lugar a la duda: “Entre tú y yo no hay ninguna diferencia, pero tú no lo sabes y yo sí…”

Y ese es el final, ser consciente de ello. Cuando llegas a esa consciencia, ya no hay un “todos diferentes” o un “todos iguales”, sólo hay Uno.
Pero también el camino para recorrer es placentero, porque te va llenando de tranquilidad, de esa Paz, con mayúscula, de la que hablaba antes. Escribí hace tiempo que “el buen camino no es el que te conduce a la felicidad, es el que te permite ser feliz mientras lo recorres”. Y ¿quién no es feliz estando en Paz?

A partir de aquí, ¿por qué Laxmanjhula? Este pequeño pueblo cercano a Risikesh (algo más famoso porque es la procedencia del maestro de los Beatles) tiene algo muy especial, para mí y para otras miles de personas.

Aquí vive Sri Hans Raj Maharajji, un Gurú, mi Maestro.

Hay que olvidar, o al menos dejar de lado, las connotaciones que la palabra gurú tiene en Occidente, donde se la relaciona con falsos visionarios, sectas o, últimamente, genios del marketing y de las finanzas. En la India, su país de origen, Gurú significa “aquel que despeja la oscuridad” o “aquel que remueve los obstáculos”. Es el que te guía, el que te abre camino, el que te ayuda a situarte en tu lugar, para poder avanzar por este mundo tan próximo pero tan desconocido.

Un verdadero santo es como el sol, alumbra a todos por igual con sus rayos. No importa si los hombres son buenos o malos, tanto si hay limpieza como suciedad, el sol ilumina todo por igual.

El cómo llegué a él, carece de importancia, porque a un Maestro no lo buscas, él llega cuando te tiene que llegar y él sabe por qué. Después de un montón de circunstancias y casualidades, esas casualidades que en la India no existen, terminé en su ashram, enfrente de él. Sin saber, no si era mi Maestro, ni siquiera lo que era un Maestro, ni un ashram…

Además de lo que he contado del verano de 2002 en Varanasi, en mi vida han pasado muchas cosas “extrañas”, he conocido a gente realmente especial, mágica, en África, en América, en otros lugares de Asia, en tantos sitios…

Pero es aquí, al pequeño Laxmanjhula, donde regreso y regreso. Donde creo que avanzo, pasito a pasito, por ese camino que apenas vislumbré por aquella puerta que se entornó para mí hace unos cuantos años.

Esa puerta que está dentro de todos y cada uno de nosotros, Maharajji y otros como él, sólo representan lo que en realidad todos somos, pero no sabemos. Y están aquí para ayudarnos a verlo.

Hay quien necesita que, simplemente, le ayuden a localizar el camino y a partir de ahí continuar en solitario. Otros precisan que los lleven de la mano todo el tiempo. Hay también quien no quiere reconocer que le vendrían bien un par de cambios en su vida…

Yo continúo porque creo que es lo que debo hacer, creo que es lo que hay que hacer. Nadie puede ayudar a otros, entre los que incluyo a nuestros propios hijos, sin haberse ayudado a sí mismo. ¿Cómo enseñar a un niño por donde ir, si no lo tenemos claro nosotros?... Porque la buena intención no basta. No basta con lo que pensemos o creamos. Lo que ayer era bueno, hoy ya no lo es y esto pasa continuamente. Porque una vez más, las respuestas hay que buscarlas hacia dentro, no hacia fuera.

Y luego, podemos ayudar a otros, entre los que vuelvo a incluir a nuestros propios hijos, a recorrer su camino. Hacia dentro, no hacia fuera.

Así que os propongo empezar a recorrerlo, empezar a buscar la puerta. Ya puedo hablar desde la propia experiencia, cuanto más avanzo hacia dentro, más sencillo es todo fuera. Paz por dentro y tranquilidad por fuera.

Parece que toda esta historia comenzó en diciembre de 2004, cuando conocí a Maharajji, uno de estos seres especiales que constituyen el corazón de la India.

Y como creo que la India es el corazón, ya que sin la India el mundo no sobreviviría, estas historias, tanto la mía real como la que acabo de escribir, se llaman:

El corazón del corazón.


 Rishikesh. Julio 2007

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cuento en Muniellos

Una soleada mañana de Noviembre, en los alrededores del bosque de Muniellos, en el oeste asturiano. Los robles y hayas de color ocre prácticamente tapan el verde de los pocos pinos supervivientes y una bruma sobre la montaña hace que el paisaje parezca misterioso además de maravilloso.

Vine a pasar unos días para investigar que había de cierto en una leyenda que llegó a mis oídos. Los habitantes de los pueblos de la zona hablaban, entre ellos, de unos duendecillos que viven en estos bosques y que poseen extraños poderes.

"Con todo el poder que la fantasía me otorga
cumpliré el deseo que ahora te ronda".

Este canto se oye de vez en cuando entre los arbustos, y el afortunado que esté cerca sabe que se hará realidad cualquier deseo que tenga. No son grandes deseos como hacerse millonario o tonterías de esas, son cosas como una ayuda en la siega de los prados, que las vacas vuelvan solas a casa, que salgan buenos los jamones pese a la humedad, etc. Es decir, lo que realmente es importante.

No hay ningún vecino que no se haya visto alguna vez beneficiado por esta canción y tampoco hay nadie que haya visto claramente a alguno de estos personajes. De vez en cuando se les oye correr sobre las hojas, y se puede ver como se esconden rápidamente. Nadie está realmente empeñado en descubrirles porque piensan que sus motivos tendrán para ocultarse y, además, esta curiosa relación viene de varias generaciones atrás. De padres a hijos se enseña como tratarlos, y es sencillo, nunca molestarlos siguiéndolos o buscando donde viven y aceptar con naturalidad los regalos que ellos hacen.

Nunca alguien de fuera había tenido un encuentro con ellos por lo que mi trabajo era complicado. Me enteré de su existencia después de venir muchas veces a esta zona a realizar estudios y escribir cuentos. Al ganarme la confianza y el cariño de la gente de la zona, un día me lo contaron.

Mi intención no era hacer pública su existencia ni complicarles la vida, lo que realmente pretendía era aprender acerca del bosque e intentar quitar unos cuantos fantasmas de mi cabeza. Pensaba que quizás ellos podrían ayudarme.

Lo primero que hice fue enterarme bien de cuales eran las mejores condiciones para encontrarlos y estuve intentando hablar con las personas que mejor los habían visto. También estuve leyendo todos los libros que cayeron en mis manos sobre gnomos, elfos, etc. para buscar todas las posibles similitudes con mi objeto de estudio.

Estas investigaciones me sirvieron para descubrir lo importante que es la fantasía. Aunque nunca lograra encontrar uno y por muchas explicaciones "lógicas" que intentaran darme, estaba claro que estos existían, porque era necesario que existieran.

Los niños los incluían en sus juegos, los adultos hablaban de ellos con tanta naturalidad como de sus vacas o sus pastos. Todos se asombraban de mis preguntas porque no entendían mi obsesión. Si nadie preguntaba por los robles o los ganzos, ¿por qué tanto interés por estos otros integrantes del bosque?.

Decidí buscar por mi cuenta, andar y andar por los montes hasta que surgiera la oportunidad. Debía esperar a que me consideraran del lugar y escuchar la cancioncilla.

"Con todo el poder que la fantasía me otorga
cumpliré el deseo ....

- ¡Espera un momento!. ¡No quiero deseos, sólo quiero hablar contigo!.

Fue un vano intento, lo único que escuché fue algo corriendo sobre las hojas, como un ratoncillo. Además no se me cumplió el deseo, que tenía algo que ver con una bonita chica...

Se me ocurrió la idea de poner alguna trampa, pero la deseché rápidamente cuando me contaron la historia que les sucedió a unos cazadores furtivos que ponían cepos.

Un día, en un lazo que habían puesto para capturar algún raposo, encontraron una botita de piel, del tamaño de una uña. A partir de entonces todo empezó a salirles mal. Cada vez que salían de caza se encontraban con el guarda, que la noche anterior soñaba donde encontrarlos. La vida en el campo se les puso cada vez más dura y todos saben que en esto tienen mucho que ver aquella botita. La última noticia que se tiene de ellos es que trabajan de oficinistas en la capital...
Ahora nadie pone cepos porque no hace falta para comer, ni para proteger los campos del jabalí, ni las gallinas de los zorros. De todo esto se encargan "los amigos del bosque", que es uno de los nombres por el que se los conoce.

Una noche en un bar, oí una conversación muy interesante acerca de los cantos de las rapaces nocturnas. Dos ornitólogos hablaban de un extraño canto que se escuchaba parecido al del cárabo, que ellos nunca habían oído anteriormente. Al final no le dieron importancia pensando que los ecos de la noche les habrían desvirtuado el sonido.

Enfoqué mi búsqueda de otra forma. Al igual que estos ¿duendes? se relacionaban, de su forma, con los seres humanos, también lo harían con las otras criaturas del bosque. Empecé a salir por las noches a escuchar y, efectivamente, descubrí el sonido que había extrañado a los científicos.

Me costó muchas horas de observación y escucha pero hice un importante descubrimiento. Después de tanto tiempo distinguía los reclamos de caza, los cantos de la época de celo y todos los sonidos que los cárabos hacían. De todos estos sonidos había uno que siempre conseguía que un cárabo acudiera, el que en ningún otro sitio con estas rapaces se oía y en ningún documental o venía reflejado.

La gente pensó que me había vuelto definitivamente loco. Ahora todas mis preguntas eran sobre los cárabos y sobre esto sí que me dieron más información. Descubrí nidos, posaderos, áreas de caza, etc. Me dediqué a vigilarlos y a estudiar sus movimientos.

Cada vez que se escuchaba el extraño grito, acudía un cárabo, estaba unos segundos (variaba entre 15 y 20) y se marchaba. Y al volar de nuevo llevaba un extraño bulto sobre la espalda… ¡Mis “amigos” utilizaban a los cárabos para desplazarse!.

Al comprobar que había unos cuantos sitios que eran utilizados asiduamente, empecé a dejarles allí mensajes para que supieran que los había descubierto. Me hice un montón de fotos en un fotomatón y dejé una en cada "aeropuerto", así conseguiría que entre ellos hablaran de mí. El primer paso para el contacto estaba dado…


Moal. Allá por el 91 o 92…