Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



sábado, 20 de enero de 2018

Respira y atiende

Meditar es algo tan simple como atender a tu respiración. Sé consciente de que ella va sola, nada tienes que hacer para respirar. Tu respiración no te necesita. Fíjate simplemente como el aire entra y el aire sale. Llega un momento que hasta esa observación te supone un esfuerzo y decides dejar de hacerlo, entonces la mente se disuelve. Ya estás meditando.

Pero si quieres lo puedes hacer un poco más complicado. Te sientas con las piernas cruzadas y la espalda recta. Cierras los ojos y haces que la respiración sea profunda al principio. Inhalando hasta el fondo de tus pulmones por la nariz, haciendo que salga el estómago por la presión del diafragma. Y luego exhalando completamente. Este tipo de respiración tranquiliza la mente. Como sabemos todos los que en alguna ocasión hemos escuchado eso de “antes de contestar, respira profundo…”

Cuando prestas atención solo a eso, al aire que entra y al aire que sale, la mente se va calmando y con ella también la respiración. Ambas empiezan una especie de baile o, mejor aún, es como si tu respiración acunara a tu mente. Pones la atención a descansar en la respiración. Como el niño que, acunado por su madre, no se preocupa de nada, no piensa en nada, está tranquilo y confiado.

Poco a poco ambas, mente y respiración, se ralentizan e incluso llegan a detenerse. Luego la respiración continúa y, en ocasiones, la mente sigue detenida. Ya estás meditando.

Incluso puedes complicarlo más todavía utilizando prácticas diferentes, leyendo libros, usando aplicaciones para el móvil, recitando mantras, realizando ritos provenientes de diferentes religiones… Claro, todo puede hacerse más y más difícil. A veces necesitamos complicar las cosas para creernos más su validez. No pasa nada por hacerlo, en ocasiones hay que tomar un camino más largo para llegar al destino, pero es bueno saber que todo puede ser más sencillo.

Puedo meditar simplemente porque me gusta, porque quiero descansar dentro de mí, porque necesito un espacio que me pertenezca por completo y donde sentirme a salvo, incluso para explorar como un aventurero ese gran vacío interior al que la meditación me permite asomarme.

Pero por si eres de los que necesitas razones más importantes (quizás también por complicarlo un poco…), te doy un par de ellas, con diferente nivel de profundidad. La primera, es más superficial y parece que es la importante. La meditación te ayuda a “convertirte en el señor de tu mente”, a poder decidir qué hacer con ella. Y está claro la utilidad de controlar la mente en nuestro mundo material. No nos atrapan las preocupaciones, las emociones, el estrés, etc. Ponemos el foco donde precisamos, nos concentramos mejor, podemos tomar decisiones desde un lugar más libre, menos condicionado…

Pues eso no es nada comparado con la otra, que es llegar a descubrir lo que realmente eres, lo que está oculto detrás de tanta agitación, aquello a lo que se accede con la desaparición de este “menteando”, aunque sea por un corto período de tiempo.

¿Y qué es lo que realmente eres?

Cierra los ojos y atiende a tu respiración…


Rishikesh. Enero 18


jueves, 11 de enero de 2018

Tiru 2

Ya llevamos un tiempo en Rishikesh, pero después de Tiru 1 me he sentido obligado a publicar Tiru 2. Así que aquí va:

Ayer vi algo que nunca había visto en la India en casi veinte años viniendo, una moto se paró en un paso de cebra para dejarnos pasar. No lo hicimos claro, porque el resto de vehículos no compartieron el elegante gesto que no sirvió de nada, más que para encabezar otra bonita historia del nómada.

Porque siguen pasando cosas sorprendentes, ni buenas ni malas, sorprendentes. Aunque os voy a contar una buena y una mala. ¿Cuál queréis que escriba antes? Vaaaale, la mala ya que siempre contesta eso por ese interés habitual en terminar todo de buen rollo.

Estaba tomando un chai (a estas alturas no tendré que explicar que es eso) en una terracita cuando oigo un gran golpe, justo detrás de mi. Nada más oírlo pensé que era un atropello, por las caras de la gente que miraban hacia allá y por lo seco del sonido. Pero no lo era, se habían derrumbado cerca de 30 metros de valla de piedra del ashram en un segundo. Estaban abriendo una zanja delante y calcularon mal, supongo. Desgraciadamente hubo dos trabajadores muertos y un herido muy grave y, afortunadamente, en ese momento no había ninguno más allí porque las piedras taparon la zanja por completo. La primera reacción de la gente fue rápida pero inútil, la de intentar levantar esas toneladas de valla a mano, haciendo palanca… luego trajeron la excavadora, llegó la policía, los bomberos y mucha gente. La siguiente reacción hacía hervir la sangre, cientos de curiosos con cámaras en la mano (incluido un policía) entorpeciendo la labor de los que sí intentaban hacer algo útil, metiéndose por todos lados, casi incluso en las ambulancias. El herido en el suelo, casi pisoteado por ese montón de gente que se multiplicó más aún cuando llegaron los bomberos con la sirena.

Cosas así dan que pensar. Por todos lados se ve a la gente literalmente jugándose la vida en trabajos por los que ganan simplemente el sustento familiar, en el mejor de los casos. En este Planeta están a años luz de Europa en muchas cosas, me parece que en las dos direcciones. Me parecen más avanzados en asuntos espirituales, básicamente porque no han perdido ese “cordón” que une cuerpo, mente y espíritu, pero también parece que estén deseosos de comprobar lo antes posible que deparará la siguiente vida. Entre los trabajos que comentaba, la forma de conducir, la higiene, la sanidad, etc. lo raro es que todavía quede gente por aquí.

La buena, aunque rara. Visitamos a un médico que trabaja de una forma diferente. Es médico alopático (o sea normal) pero un día dejó esa medicina y ahora trabaja reajustando los cinco elementos que componen el cuerpo humano (y que componen también todo lo demás), estos son: aire, tierra, agua, fuego y éter. Para hacerlo te toca en unos puntos de una mano y de un pie y listo. Además, cuando no puedes visitarle, una vez que te conoce, puede hacerlo por teléfono. Las citas son una vez a la semana y la tarifa, la voluntad.

La verdad es que hay que tener mucha voluntad para creérselo y yo, que ya me creo muchas cosas raras, para esto no tenía mucha. Pero sucedieron cosas que me hicieron pensar. De la gente que dice que se sienten mejor después de conocer al doctor no me fío mucho porque, aunque puede ser cierto, también puede ser una buena cantidad de autosugestión, como el efecto placebo de los medicamentos. Lo que sucede es que conozco en persona un par de casos en los que parece que la influencia del médico es clara y real (y medible). Una mujer que llevaba años con problemas y usando medicación para la tiroides y para la hipertensión, dejó de tomarla hace unos meses y está muy bien. Un chico con una diabetes muy severa, poniéndose más de 100 unidades de insulina diaria, al que además del reajuste de los elementos, le recomendó masticar la comida muy, muy despacio y comer mucha fruta (algo en muchos casos contraproducente según la medicina occidental) estuvo tres días seguidos sin usar insulina y luego continuó con menos de la mitad de la necesaria hasta ese momento para mantener los niveles correctos de azúcar. Seguiré informándome de su evolución porque me ha parecido muy interesante y me dio unas cuantas vueltas al pequeño cerebrito de ciencias que me quedaba.

Este doctor dice que hay que dejar todas las medicinas ya que son veneno para el cuerpo. En mi caso dejé las pastillas del colesterol porque me parece buena la explicación de que no puede haber una medida estándar para todo el mundo, que cada uno tendrá la suya y además de que el colesterol es menos malo que las estatinas que lo combaten. En realidad es algo que siempre estaba pensando hacer, así que esa teoría me dio el empujón. Por supuesto no sé si me ha hecho efecto el colocarme los cinco elementos hasta que me haga un análisis. En lo que sí sé que no me funciona, al menos por ahora, es con mi espalda. Me duele como siempre (bueno más pero eso no es su culpa, es de estar en el suelo todo el día).

Más cosas de Tiru (Tiruvannamalai para los que no hayáis leído la historia anterior). Hay que andar con mucho cuidado por donde pisas. Un cuidado extra al que hay que tener siempre por aquí, no me hagáis recordar todo lo que puede pisarse. El extra es que por las calles hay muchos sapos y dentro de nuestra casa unas cuantas salamanquesas, así que si te descuidas los aplastas. O te partes el tobillo, dependiendo del tamaño. Ambos hacen un gran servicio comiéndose los mosquitos. Supongo que ellos hacen todo lo que pueden pero se dejan escapar muchos y esos tratan de comerte a ti. Así que hay que usar algo que tenía casi olvidado, el repelente de mosquitos. Realmente debería llamarse solo repelente porque a la hora de ponérnoslo, nos repelemos bastante los unos a los otros. A los mosquitos menos.

Y ya que ha salido el tema de la fauna, otra curiosidad de la zona es que está llena de pavos reales. Así que estás tranquilamente sentado en algún lugar y lo que te sobrevuela para posarse en la valla encima de ti no es una dulce palomita, sino un bicho muy gordo, eso sí con una larga y colorida cola. Cuesta acostumbrarse a los sustos y a su dulce piar, parecido al maullido de un gato de cien kilos.

Los monos no tratan de arrancarte las cosas de las manos, ni las manos. En el bosque vimos unas graciosas mangostas (alguien dijo que había muchas porque había muchas cobras) y un cervatillo pasó a nuestro lado…

Música de violines y hasta la próxima (¿Será Tiru 3? Cuando pones el primer número ya no sabes donde parar…). A ver escribo algo más profundo para que parezca que me cunde el tiempo, pero por ahora no me ha salido.


Tiruvannamalai. Diciembre 2017

jueves, 28 de diciembre de 2017

Tiru 1

Tiru es Tiruvannamalai, una ciudad del estado de Tamil Nadu, en el sur de la India.
1 es un número y, cuando va después del título de una historia, suele indicar que al menos habrá un 2.  En este blog, que no debe ser muy serio pues aparece y desaparece cuando quiere, no se sabe.

Regresamos a la montaña de Arunachala, seis años después de nuestra primera visita. Y al ashram del sabio probablemente más grande de los que ha dado la India, Ramana Maharshi. Cuando murió, en 1950 Anandamayi Ma, una de las más importante maestras del país dijo: “Él es el sol, nosotros las estrellas…”

Aprovecho la estancia aquí para releer algunos libros sobre sus enseñanzas, el más conocido es “Sé lo que eres”. Siendo ese “Sé” del verbo ser, no saber. Lo que nos dice Ramana: Investiga el pensamiento que da origen al resto, el pensamiento “yo”. Todos los demás vienen después, el “tú”, el “él” o “ella”, las cosas, los conceptos… solo pueden existir si hay un yo. Siguiendo ese camino de la indagación, el de la búsqueda hacia el interior preguntándote ¿Quién soy yo?, ese yo deviene inexistente y llegas a un Yo mayor, llegas al Ser. En realidad no llegas a ningún sitio porque siempre ha estado ahí, siempre has sido, eres y serás Eso. Pero el que esté interesado mejor que le lea a él que para eso es el Maestro.

Hace calor, algo que hace mucho que no sentíamos en este Planeta. Más de 30º por el día y siempre por encima de 20 en la noche, esto en el mes más frío del año… Fuera la manga larga, jerséis, calcetines, mantas… que siempre nos acompañan en Rishikesh. Solo por un tiempo porque pasaremos unas semanas aquí abajo y luego ya vamos para “casa” a pasar un mes y pico y a reencontrarnos con amigos y sensaciones conocidas.

Todo es novedoso para nosotros, lo cual hace la temporada india más interesante. Por un lado hay un sitio muy bueno para meditar, el propio ashram de Ramana Maharshi. Aquí puedes hacerlo en varios lugares: la amplia sala donde está su samadhi (donde está enterrado), un templo adyacente, la sala donde él recibía a la gente y las zonas exteriores (solo por la noche porque de día el sol es de injusticia). Está situado al pie de la montaña de Arunachala. Así que aquí cambiamos el sagrado río Ganges del norte, por la sagrada montaña del sur. Esta aparece ya en obras milenarias como lugar de culto y como equivalente a Siva (la montaña es Siva). Parece que, en otro plano, está hueca por dentro y surcada por galerías donde habitan los antiguos siddhas, sabios que desarrollaron siddhis o poderes especiales. Esto ya es de mi cosecha pero creo que son equivalentes a los grandes yogis del norte. Sigue siendo difícil enterarse de algo al 100%, me sigo conformando con enterarme un poquito de vez en cuando.

Así que para meditar tenemos el ashram grande, la montaña, un pequeño ashram a mitad de ladera donde vivió Ramana siete años y una cueva cercana donde lo hizo otros dieciséis y casi en completo silencio. Por lo que en cuanto a lugares para nuestra práctica meditativa, estamos cubiertos. Además puede hacerse la pradakshina  o vuelta a la montaña, de unos 15 km. Se hace por carretera e idealmente andando (incluso descalzo). Antes podía hacerse por dentro, por medio del bosque pero ahora está prohibido. He oído dos teorías, por peligro de incendio y por peligro de malos.

Para nuestras otras prácticas, es decir dormir, comer, etc. también estamos cubiertos. Hemos alquilado un apartamentito con un salón, habitación, cocina y baño. Frente a lo que tenemos en el norte, se me saltan las lágrimas cada vez que entro. Hasta acaban de ponernos una nevera. Eso sí en un arranque de previsión característico, en este edificio nuevo (si, nuevo), no han dejado ningún espacio para ella, así que hay que meter tripa para entrar a la cocina porque solo hemos podido colocarla tapando la puerta. Podemos desayunar en casita y cenar también aquí muchas veces. Para comer, en ocasiones lo hacemos en el ashram o conociendo restaurantes en los que no nos sabemos la carta de memoria.

La gente, el idioma y la comida son diferentes en el sur. La ventaja de no haber aprendido hindi es que aquí no serviría de nada puesto que se habla tamil. El alfabeto también es diferente, así que ya he comprobado que no sé leer en dos idiomas indios. Al no ser un lugar turístico, poca gente habla inglés. Hay extranjeros que viven aquí todo el año (ríete de Sevilla en verano), atraídos y atrapados por la montaña y por Ramana. Se les reconoce porque llevan manga larga y hasta una mantita por encima a 25º y además te dicen que se tuvieron que echar la colcha la noche anterior.

Esta no es una ciudad turística como Rishikesh. Allí por los Himalayas, por el Ganges y por la promoción que decidió hacer el estado de Uttarakand, pasando de ser un destino para peregrinos a ser uno para turistas, todo cambia de año en año. Diría que a peor, pero quién soy yo para decirlo. Si que puedo decir que a mí me gusta cada vez menos. El turismo mayoritario es indio y mi sensación es que hay más respeto por la tradición por parte de muchos extranjeros que por parte de estos turistas de clase media de Delhi y otras ciudades que, en ocasiones, ni siquiera conocen la importancia del lugar donde habitaban los Rishis (sabios). Los occidentales, al menos en invierno, llegan atraídos en su mayoría por el yoga y la meditación. En otras épocas en las que ya no venimos parece que es más zona de “veraneo” y las costumbres se relajan también en el turista occidental.

Vuelvo a Tiru. Es un destino de peregrinaje debido a Arunachala. Tuvimos que retrasar nuestra entrada tres días porque se celebraba la festividad del Deepan, donde, en la noche de luna llena, hacían la pradakshina dos millones de personas… Ponlos en fila… Bueno, en fila e imagínalos agachados porque también tendrían sus necesidades. En fin, las carreteras estaban cortadas, así que aprovechamos para hacer un poco de turismo. Estuvimos tres días en Mahabalipuram, en la costa al sur de Chennai (Madrás para los mayorcitos). Antiguos templos excavados en la roca en medio de la ciudad, estilo Petra en Jordania, del siglo VII. Cualquier cosa que diga me tacharíais de inculto, así que no diré que me dieron un poco igual.

Pues eso que en Tiruvannamalai no hay turistas al uso, por lo tanto no hay muchas tiendas, ni muchos restaurantes, ni ha habido mucho cambio desde la otra vez que vinimos hace seis años. Creo que la vida es más lenta, más tranquila, parece que algo así pasa en todos los sures…

Lo que si hay son muchos mendigos, sobre todo, algo que me sorprende porque es distinto a lo que veo habitualmente, muchas señoras muy mayores. Si que se desarrolla una, quizás horrible, capa de indiferencia. Es imposible atender a todos y todas las que se acercan y aprendes que la única manera de estar libre del acoso es esa indiferencia. También sé que no todos los mendigos son necesitados, que no los que parece que están peor o que dan más pena son los que más ayuda precisan, que en los lugares sagrados todo el mundo come puesto que hay donde hacerlo (al menos esa idea tengo después de tantos años por aquí, aunque si no pongo la mano en el fuego en algún lugar es en este Planeta). En fin que a veces doy, a veces no y a veces me como la cabeza preguntándome a mi mismo que me hace a veces dar y a veces no hacerlo.

Creo que estamos más relajados aquí que cuando lleguemos a Rishikesh. Allí tenemos mucha más vida social, en cuanto a relaciones y en cuanto a proyectos, así que más lío. Interesante, pero lío. En Tiru tenemos una amiga y unos cuantos conocidos y lo más que haremos como “social” es dejar una donación en el ashram (espero no ver una oportunidad única para liarnos aquí también…). No tenemos ni siquiera internet a mano, vamos tratando de conectarnos en las esquinas de los restaurantes que alguna vez nos dieron la clave de su Wifi. Ya sé que suena un poco patético, pero no vas a comer cada vez que quieras ver el guasap.



Tiruvannamalai. Diciembre 2017

domingo, 15 de enero de 2017

La cruda realidad

No sé qué es la realidad. Ya hablé de ello aquí hace unos años (http://historiasdelnomada.blogspot.in/2010/12/realidad.html) Supongo que depende de a quién le preguntes. Aquí, en la India, dicen los maestros que lo que nosotros entendemos por realidad , simplemente es maya, la ilusión cósmica. Es decir todo esto es una película (¿os suena Matrix?), en la que todos somos actores y, como también dicen ellos, solo algunos de esos actores saben que lo son. Eso sí, pese a que saben que solamente interpretan, no dejan de hacerlo, continúan en su papel hasta el final. Claro que como son conscientes de ello no se ven atrapados por dramas, miedos, alegrías, etc. Los viven, los representan y continúan su vida sin más.

La realidad de aquí, la de los no maestros, la de los que no saben que son actores, es muy cruda. La India es muy dura para mucha gente, es muy dura para las mujeres y más todavía para los pobres (si ya juntas ambas condiciones, imagina). Acabo de enterarme, de la peor manera posible puesto que es un amigo el que está atrapado, como funcionan los “créditos personales”. El prestamista te da una cantidad de dinero a devolver en 100 días y con un interés del 20% (no anual, en esos días). Se va pagando a diario. Es decir, te prestan 30000 rupias, tienes que devolver 36000 y lo vas haciendo con 360 rupias diarias. El “banquero” se va pasando por los lugares en los que se le debe, recibiendo esas pequeñas cantidades, algo inteligente puesto que es la única manera de garantizar más o menos la devolución. Normalmente llega un momento que no lo puedes afrontar y pides otro crédito, en las mismas condiciones, para pagar el primero o para pagar lo que necesitas para vivir o para tu negocio. Si, de repente, un golpe de suerte o de habilidad te hace tener dinero, no puedes cancelarlo, mejor dicho, si puedes pero pagando el interés completo. Mi amigo tiene tres. Todavía no sé que pasa si no pagas…

De la cruda realidad de algunas mujeres ahora no tengo fuerzas ni para contarla, quizás lo haga, quizás no, pero a veces comprendo que todavía hay rabia dentro de mí, incluso que podría explotar en algún momento… Empecé a escribir una historia llamada “Todavía puedo matar”, pero no seguí con ella, no valía la pena. Hablaba de esa absurda disyuntiva que a veces se usa en modo de juego: Si tuvieras a tiro a Hitler antes de a 2ª guerra mundial ¿Apretarías el gatillo? Yo llevaba mucho tiempo pensando que no sería capaz de matar, en lo más profundo de mí lo sigo pensando, pero no siempre estoy en lo más profundo de mí.

La cruda realidad también nos la hemos encontrado en este viaje con el nuevo dinero. El gobierno decidió el 8 de noviembre, de un día para otro, que los billetes de 500 y de 1000 rupias ya no eran válidos. Hay un plazo para ingresarlos en tu cuenta en el banco (no cambiarlos) y con un límite por persona. La idea no es mala puesto que con ello se pretende acabar con gran parte del dinero negro y falso que circula por aquí. El problema es que son unos billetes de uso común, no es como si quitaran en España los de 200 y 500 €, algo que tantas veces se dijo que se haría en Europa para que saliera de los escondite. Además, el dinero nuevo en billetes de 2000 y de 500 rupias no se ha distribuido por todo el país… En fin, gran caos e interminables colas en bancos y cajeros para poder sacar algo de dinero, con un límite de 2000 rupias. Cuando digo interminables, aquí son colas de días, para poder acceder a tu dinero.  El “corralito indio”. Y lo que suele pasar es que al llegar tu turno se ha acabado el dinero. Ese que, repito, es tuyo y necesitas para comer, comprar, etc.

Un mes y medio después de la medida, los billetes de 500 todavía no han llegado, así que cuando se consigue algo de dinero en billetes de 2000 nadie tiene cambio. Así que hay poco gasto y los pequeños comercios se resienten. Han salido curiosas imágenes en la tele de gente quemando dinero antiguo o tirándolo al Ganges. Eso es que les sobraba. También hay ya mucho negocio montado alrededor del dinero antiguo, mafias que lo cambian, bancos que también lo hacen, aunque sea ilegal, cobrando el 30%. En fin India se paraliza unos minutos pero enseguida vuelve a ser la India.

La gente más humilde que conocemos, aunque perjudicada de inicio, están contentos con la medida puesto que piensan que va afectar más a los ricos que tienen mucho dinero negro y que el gobierno está consiguiendo una mayor igualdad. Yo pienso que ojalá tengan razón, es más un deseo que una realidad, ya que a los amigos que tengo con pasta no los veo muy preocupados. Dicen que en un futuro no muy lejano el dinero en la India desaparecerá, pretenden que todos los pagos sean electrónicos, con tarjetas o smartphones. Hay gente que no sabe ni lo que es una cosa ni la otra, así que no sé como lo harán. Uno de los primeros pasos que se dieron fue que cada indio tuviera una cuenta corriente y eso se va consiguiendo. Un poco a la fuerza, claro.

Ha afectado también mucho a todos los que viajan por la India. Al llegar al aeropuerto no se podía cambiar ni sacar dinero en ningún lado, puesto que no había. Solo quedaba un sitio donde la gente esperaba horas para tratar de conseguir 2000 rupias. Nosotros tuvimos suerte, o más bien amigos, y decidimos irnos directamente a nuestro pueblo. Aquí nos cambiaron todo lo que necesitamos, perdimos bastante en el cambio y ganamos mucho en tranquilidad.

Más cruda realidad. Corrupción en todos los lugares. En hospitales, ministerios, cualquier administración pública, ashrams… no sé si en todos, pero cada vez que oigo de alguien que tiene que hacer algo con la administración, debe pagar un extra. Todo está organizado para que tengas que pasar por ahí, ya que la vía oficial es la misma, quiero decir la misma gente. Así que lo ponen lo suficientemente difícil para que tengas que ir por la otra. Los indios lo saben y pagan, cuando pueden, pagan. Se perpetúa un sistema en el que se benefician los que tienen algún poder y se perjudican, como siempre, los más pobres. Y digo algún poder, ni siquiera mucho poder, porque muchos se aprovechan del que está debajo aunque este sea paupérrimo. Claro que es más fácil sacar beneficio de muchos pobres que de un solo rico ¿no?

Más. Domino´s Pizza, en Dehradun, la capital del estado de Uttrakand, donde vivimos. Pedimos unas pizzas en casa de un amigo, llega el motorista y dice 1890 rupias, voy a pagar y mi amigo me dice que no hasta que llegue la factura que el mensajero ha olvidado. Mi amigo le hace ir a por ella y cuando llega, sorpresa, 1180 rp. No nos habían aplicado las ofertas en vigor de la cadena pizzera. También habían modificado un número del móvil de mi amigo para que no le llegara el ticket por SMS… Una cadena internacional y en la capital del estado.

Cómo ha cambiado la realidad de Laxmanjhula estos años. Llevamos trece inviernos viniendo. Antes abundaban los sadhus de distintas y extrañas sectas y los peregrinos que venían de diferentes rincones de la India, vestidos con ropas y ornamentos característicos de su lugar de procedencia, ahora es el turismo de la clase media india la que invade el lugar, haciendo rafting entre otras cosas. Los tridentes de los sadhus que antes se veían en el puente que cruza el río se han cambiado por palos de selfie. También hay muchos menos de los humildes peregrinos que realizaban largos viajes para bañarse en la sagrada Ganga.

Cuando llegamos en 2004 había tres profes de yoga, ahora hay cientos y multitud de salas y ofertas de cursos para formar nuevos profesores. Más y más. Todo es más y más. Construcciones, hoteles, pensiones, restaurantes, tiendas, gente… A veces me siento sobrepasado por la nueva situación, aún viniendo en la época supuestamente más tranquila del año. Será un síntoma de la edad (si existiera el tiempo…), el echar de menos realidades pasadas.


Y debajo de todo, como ese silencio que siempre está aunque lo perturbemos con palabras y sonidos, permanece la esencia de este lugar. Un lugar en el que habitaron los Rishis (los más grandes sabios). Donde se respira el aire de los Himalayas y la Ganga fluye limpiando todo lo que haya que limpiar. Donde la presencia pasada, presente y futura (si el tiempo existiera…) de grandes yogis eleva el nivel de conciencia universal haciéndonos comprender que, más allá de la cruda realidad, afortunadamente existe la REALIDAD.


Rishikesh. Diciembre 2016