Bienvenidos a las historias del nómada.

Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.

Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).

Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.

Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...



jueves, 17 de noviembre de 2016

Decisiones

Ha sido esta una interesante temporada llevando la meditación y algún otro concepto que casi siempre relaciono, como es el de comprender la mente, a sitios un tanto insospechados. He estado en un par de palacios, unas bodegas, un hospital, empresas y oficinas varias, escuelas de negocios, una universidad… y con públicos tan variopintos como los lugares. En todos me ha dado por regalar “minutos de silencio”. No me cuesta nada. Mira, te regalo uno ahora mismo. Y además de recibirlos puedes regalarlos tú. Ya hay profes que lo están haciendo a sus alumnos con resultados muy interesantes, incluso los niños se los demandan si no lo hacen.

En unos días nos vamos  para la India a pasar, como los dos últimos años, diciembre y enero. El objetivo, si tal cosa existe, es comprender algo más. Últimamente me gusta hablar de comprender más que de aprender. Entiendo que aprender es seguir metiendo cosas en el puchero que tenemos por mente, en cambio la comprensión me permite ir sacando las que no me sirven. ¿Habrá alguna sirva?, creo que al final saldrán todas. En fin, palabras, metáforas… que tratan de explicar lo inefable. En palabras de un maestro: “no puede meterse todo el agua del mar en cubo”. Aquí el cubo es el puchero y el agua del mar aquello que solo puede experimentarse.

Seguiremos ampliando las ayudas que realizamos con la colaboración de algunos de vosotros. Durante el año ya hemos estado enviando dinero donde era necesario, principalmente para emergencias médicas y también para uniformes, material escolar, remodelaciones, pintura... Por supuesto si os apetece tener más información o colaborar  porque ya sabéis que “hay formas en las que el dinero si da la felicidad”, me contactáis por aquí, por Facebook, por email (arey@elnomada.es), como os parezca.

Justo antes de volar hacia el Ganges, voy unos días a Marruecos para preparar otro proyecto solidario por allí. Para este no pido ayuda porque es una empresa la que se encarga de financiarlo. A ver si empieza a animarse la cosa y salen unos cuantos más. Son “proyectos con alma” ya que tocan el corazoncito de todos, de los receptores, los financiadores, los participantes… y de los que más, de los que más, los de los organizadores. Qué privilegio. Aprovecharé el viaje para ver como está Ait Ehla de donde las noticias que llegan son muy buenas.

Tengo otra bonita tarea. Me han pedido que traduzca un libro de un sadhu joven que conocimos el año pasado en Rishikesh. Aprendimos mucho con él, aunque quizás aprender no sea la palabra, ni siquiera comprender. Meditamos mucho con él y algo se expandió dentro… Se entiende mejor “aprendimos” ¿no?, incluso "comprendimos" es más fácil. 

Ha escrito un libro en hindi y un par de discípulos suyos lo han traducido al inglés y francés. Me han pasado ambas traducciones para que haga yo una adaptación al español. Mi nivel en ninguno de los dos idiomas es suficiente, pero me convencieron con algo con lo que estoy de acuerdo. Las palabras son palabras pero es necesario saber de que va lo que ellas cuentan. Yo lo intento, así que también me he embarcado en ello. Sin compromiso de fecha debido a mi inexperiencia, vaguería, falta de disciplina… En fin, ese mismo coctel del que hablé en la anterior historia del nómada sobre mi propio libro. No llevo mucho pero me resulta muy interesante sentir las palabras dichas por alguien con sabiduría, esa que dicen los maestros que empieza cuando termina el conocimiento.

Crees que eres el que hace las acciones que terminan en alegría y tristeza, sean estas buenas o malas, virtuosas o deshonestas. Y crees que tú mismo eres bueno o malo, pero todo esto es sólo un concepto de la mente. Es natural. No hay ni alegría ni tristeza, ni bueno ni malo, ni virtud ni deshonestidad en el Ser. Debido a tu ego, crees que tú mismo eres quien hace y experimenta cosas, y oscilas entre la felicidad y el sufrimiento. Ni eres el que hace, ni el que está teniendo la experiencia. Eres simplemente el testigo que ve todo. Eres el testigo y solo el testigo de cada acción. Eres Eso que percibe directamente la agitación constante en el cuerpo y en la mente. No eres ni el cuerpo ni la mente, eres por naturaleza el Ser, la Consciencia y el Testigo.

Y, relacionado con esto extraído del libro de Swami Shashwat, hay algo que me ha vuelto a pasar.

En su momento conté la historia de CONOCERTE, el centro que tenemos en San Agustín del Guadalix con yoga, meditación, psicología, coaching, etc. Explicaba, quizás pretendiendo entenderlo yo, como no había nada más lejos de nuestra intención que tener un centro propio. Hay un momento en la vida que creo que no depende de edad, o al menos no solo de la edad, un momento en el que te sientes más de recogida que de exposición. Crees que es tiempo de ir más hacia dentro que hacia fuera, etc. Y llega un maestro (Sat Sri Akal, Sahidji), te dice que tienes que abrir un lugar para compartir y terminas haciéndolo sin apenas darte cuenta. Entonces, de lo que si te das cuenta es que eso es lo que te toca hacer y dejarte de rollos. Llevamos tres añitos ya, haciendo estancias más cortas en la India y conociendo a unas cuantas personas que han pasado y siguen haciéndolo por allí, llevándose y dejándonos experiencias, aprendizajes y cariño.

Y digo que me ha vuelto a pasar. Voy a empezar a hacer algo que había decidido que no haría. Al regresar de la India, en febrero, comienzo a dar clases de meditación en Madrid, en un centro de coaching que tiene una filosofía muy parecida a la mía en muchas cosas, lo que me ha terminado de animar. Tendré un lugar allí los martes para todo aquel que quiera compartir conmigo unos ratos de charla y de silencio y no pueda venirse hasta “el pueblo”.

Cuando miro el año que ha pasado y lo que parece que viene por delante tengo claro que va sucediendo lo que tiene que suceder, muchas veces no muy a favor de mi voluntad… Claro que la voluntad es mental y aquello que tiene que suceder es de un poco más allá.

Y, frente a eso, ¿quién soy yo para tomar decisiones?


San Agustín del Guadalix. Noviembre 16