Realmente no creo que exista algo que podamos llamar “el mundo”. Creo que existen tantos mundos como personas. Que no existe el mundo real, que sólo existen mundos inventados. Y que cada uno de nosotros, consciente o inconscientemente, ha inventado el suyo y vive en él. Unos cómodamente y otros sintiéndose mal, incluso fatal.
Este mundo inventado empezó a crearse antes de que naciéramos y de esa parte, evidentemente, no somos responsables. De nuestros padres, del lugar donde nacimos, donde nos criamos, de nuestras experiencias de niños… todo sucedía sin nuestro consentimiento y empezaba a modelar ese lugar en el que ahora nos encontramos instalados. Luego, al crecer, han seguido sucediendo cosas, dentro y fuera de nosotros, que han continuado y continúan modificándolo. Ahora ya de muchas de estas cosas sí que somos responsables y, aunque de algunas otras no, siempre lo somos de lo que hagamos con todo lo que nos sucede.
Un mundo de creencias, algunas limitantes y otras que me sostienen, de emociones de todo tipo, de pensamientos cambiantes, de prejuicios y de juicios… Un mundo que considero real, pero que es completamente diferente al de otra persona que vive a mi lado y que creo, desde mi mundo, que ve y experimenta lo mismo que yo. Un mundo que, mañana, cuando una de esas grandes creencias se caiga o varíe mi emoción, también será completamente distinto al de hoy.
Por lo tanto un mundo irreal, modificable, transformable, que podría, al menos intentar, diseñar a mi favor en lugar de en mi contra. Porque si soy capaz de crearme un mundo horrible, de desolación o de tristeza, de rodearme de una muralla o hundirme en un pozo, también soy capaz de inventar un mundo donde la muralla no exista o, al menos, no esté a mi alrededor. O un mundo en el que yo sea el que decide lo que hacer con mi vida, o donde el amor prevalezca sobre el resto de cosas, independientemente de los mundos de los otros que son eso, mundos de otros, otros mundos...
Tengo que ser consciente de mi absoluta responsabilidad en la creación de mi mundo. Tengo que darme cuenta de que tengo un grandísimo poder y que sólo yo puedo disponer de él. Tengo que reconocerlo y utilizarlo. Y, a partir de aquí, ocurre la magia y todo se transforma. Magia en cuanto a irracional, magia en cuanto a que puede ocurrir en un brevísimo tiempo. Magia, al fin y al cabo, porque soy capaz de inventarme un mundo y vivir en él.
En realidad, es lo que he hecho hasta ahora, pero al no darme cuenta, no he participado conscientemente en el diseño.
Y cuando cambio mi mundo, cambian todos los mundos, porque todos están relacionados entre sí. Porque hasta lo que parece imposible que se modifique, hasta las cosas que considero, desde mi mundo, más horribles, sólo con mirarlas de otra forma, sólo con sentirlas de otra forma, ya son diferentes.
Porque pese a no existir, pese a ser inventados, mejor estar viviendo un sueño maravilloso que una espantosa pesadilla.
En la India se dice, y seguro que muchos estáis de acuerdo, que lo que pasa en el exterior es un fiel reflejo de lo que pasa en nuestro interior. Por eso creo que el trabajo para que cambien las cosas es un trabajo más hacia dentro que hacia fuera. La única posibilidad de cambiar lo que habitualmente llamamos “el mundo”, es cambiarnos nosotros mismos.
Y también tenemos la posibilidad de asomarnos al lugar donde no existen los mundos inventados. Sólo tenemos que meditar.
San Agustín del Guadalix. Mayo 2011
Bienvenidos a las historias del nómada.
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
Siempre me ha gustado escribir historias y que otros las lean. También contarlas, escucharlas, leerlas, vivirlas... Historias para reír, para pensar, quizás para llorar... Historias al fin y al cabo de las que están hechas nuestras vidas.
Me pareció buena idea aprovechar este lugar para lanzar al viento algunas de las que he vivido, en cualquiera de los dos mundos, el real o el imaginario (igual de real, porque ambos pueden considerarse también imaginarios).
Bonita sensación la del que arroja una botella al mar con un mensaje, que no sabe donde irá y quien llegará a leerlo.
Aquí va mi botella, quizás alguna vez hasta sepa donde llegó...
miércoles, 25 de mayo de 2011
viernes, 13 de mayo de 2011
Coaching Ji
No es mi intención añadirle un nuevo apellido a la palabra Coaching y colaborar en que termine convirtiéndose en algo como el marketing, con cientos de ellos. Ya hay unos cuantos Coaching diferentes.
“Ji” es un sufijo que los indios ponen a todo lo que respetan, es decir es un símbolo de respeto. Como mis ideas sobre el Coaching han ido forjándose principalmente en la India y además lo respeto profundamente, por eso el nombre Coaching Ji.
¿Y por qué en la India? Porque es un universo distinto. Porque te reta diariamente a cambiar el observador que estás siendo y a ensanchar la mente. Porque en ocasiones te ayuda a trascender a la mente, que es el verdadero cambio de observador, cuando éste se funde con lo observado. Porque la India nos pone delante de nuestras narices que nuestra visión del mundo no es la única, ni siquiera la mayoritaria. Porque la palabra obvio desaparece del vocabulario…
Decidí ser coach al leer una de las miles de definiciones que hay sobre el Coaching: “el coach es el que te ayuda a encontrar tu camino…” Estoy plenamente de acuerdo en que nuestra función es ayudar, pero el camino es del ayudado. A partir de aquí entran las consideraciones sobre en qué consiste la ayuda y qué significa “camino”.
Creo que hay una gran distinción dentro del coaching, casi de las primeras, que es sobre el tipo de coaching. Es decir, después de haberlo definido de una manera tan general, pero tan clara, determinar para qué lo utilizamos.
Y es la distinción: “coaching al ser” frente a “coaching al hacer”. La diferencia, desde mi punto de vista, es que desde el primero conseguimos, o ayudamos a conseguir, cambios más profundos, incluso transformaciones, mientras que desde el segundo lo que tratamos es de cambiar actitudes, la forma de hacer las cosas lo que, quizás con el tiempo, también pueda generar transformaciones definitivas.
Creo que mayoritariamente se hace coaching al hacer, incluso creyendo hacerlo al ser. Porque creo también que sólo es posible hacer coaching al ser desde el ser y que estar ahí, en el ser, no es sencillo.
Porque ¿quién sabe realmente lo que es el ser? Primero hay que averiguarlo en uno mismo, para así poder entenderlo en el otro y, desde ahí, hacer coaching. Desde el propio ser y desde el entendimiento del ser del otro.
Considerando que los maestros indios, actuales y pasados, consideran la mejor forma de meditación buscar la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?, parece interesante el ejercicio de averiguarlo.
Una vez que se conoce, o al menos se atisba, la respuesta, se comprende también uno de los postulados de nuestro coaching, el que dice que el coachee es perfecto, que está completo. Es decir, se entiende que el ser del coachee es perfecto. Pero no sólo el suyo, todos los seres lo son, todos somos perfectos, es decir, los coaches también lo somos. Por lo tanto, la conclusión es que se realiza coaching desde la perfección a la perfección… Pero, en la perfección ¿quién o qué precisa coaching? ¿para conseguir qué?
Entonces, ¿es realmente posible el coaching al ser? ¿el ser puede cambiar o es inmutable? Para responder, volvemos a la poderosa pregunta del inicio, ¿qué es el ser? O lo que es lo mismo, puesto que donde realmente puedo mirar para entender es en mí, ¿quién soy yo?
Para poder realizar el coaching al ser, una posibilidad sería consensuar una respuesta a esa pregunta. Y digo consensuar puesto que sería diferente para cada uno de nosotros. El problema es que todas las respuestas, incluyendo una que pusiera de acuerdo a los grandes genios de la humanidad, serían falsas, siempre que la vía para llegar a ellas sea la mente (la razón, el intelecto). Esta es mucho más pequeña que el SER, es algo que no puede abarcarlo, por lo que nunca podría servir para definirlo (como también se dice en la India, ¿cómo meter todo el agua del mar en un cubo?...)
Aunque podríamos hablar de otro ser más pequeño, que si ha sido creado por la mente, es decir que si que cabe dentro de un cubo, pero lo dejo para otro debate. Y lo dejo porque este ser es irreal, es inventado, no existe él mismo. Es lo que llamamos ego y en coaching hablamos siempre, con la extraña palabra “egoless”, de aparcarlo, de dejarlo a un lado, que no moleste. Aunque ¿quién es capaz de desenvolverse sin esta invención? ¿quién puede interactuar con otros sin que el ego intervenga?. Realmente, para tratar a este pequeño ser, lo que nos es útil es el “coaching al hacer”, porque es el ego el que continuamente se preocupa de hacer, hacer para tener más, hacer para competir, hacer para aparentar, hasta hacer para salvar a la humanidad…
Para mí este es un coaching “de superficie”, no puede ser transformador en cuanto a que no profundiza. Da igual cambiar actitudes si el coachee no ha llegado a sentirse en su perfección, en realidad es ir cambiando el color de la habitación, dando más capas y capas de pintura. Cuando una me deja de gustar, pinto encima y así una y otra vez. Pero las paredes son de oro…
Yo creo que la única vía para conocer el SER, es decir, para saber quien soy yo, es la experiencia propia. Ir más allá de la razón, de los sentidos, de las emociones y ver lo que hay, lo que contiene todo eso y mucho más. No vale lo que leamos, lo que nos cuenten, no vale la fe... ya lo decía Buda, que de estas cosas algo sabía.
Y una vez que recorres ese camino, cuando ya conoces esa perfección tuya, la del coach y la del coachee, ya estás listo para ayudar a que otro llegue también allí, a conocer la suya.
¿Y puede cambiar ese SER? No, en cuanto a que, como hemos dicho y es una de las bases de nuestra ciencia o arte, ya es perfecto. ¿Para qué cambiar lo perfecto? ¿En qué lo queremos transformar? Por lo tanto, y siempre desde mi punto de vista, el “coaching al SER” no debe pretender cambiar nada del coachee, sino conseguir que él descubra su Ser, es decir, lo ponga al descubierto. Ayudarle a quitar esas capas con las que lo lleva cubriendo años y años y que continuamente está considerando, por lo tanto juzgando, como buenas y malas.
Esto puede considerarse mágico o milagroso, en cuanto a que escapa a la razón. No se entiende que es lo que sucede para que alguien pueda cambiar tan completamente. Incluso esa magia altera también su entorno, todas las cosas se van colocando… Y es porque aparece la aceptación, esa aceptación que no puede forzarse. ¿Cómo puede alguien obligarme a aceptar las horribles cosas que me pasan? ¿Cómo voy a obligarme yo mismo a hacerlo? Sólo comprendiendo, desde ese SER que he descubierto, que no son horribles ni maravillosas, que simplemente son, entonces puedo llegar a aceptarlas.
Y la labor del coach continúa. Una vez que hemos ayudado a descubrir, hay que ayudar a creer en ello, porque es posible que se lleve mucho tiempo en ese estado como dormido. El estado natural ha dejado de ser el de paz y cuando nos reencontramos con ella nos parece que no es posible, que pronto todo se torcerá de nuevo.
El coach, también desde su SER, desde su perfección, está para espejar al coachee. Para que el coachee se mire en su espejo y se vea como lo que es, como lo que nunca dejo de ser aunque quizás olvidó o nunca se dio cuenta.
Lo difícil es que el espejo, para reflejar la perfección, debe ser lo más inmaculado posible. ¿Cómo espejar con un espejo sucio? ¿Cómo ayudar a recordar la perfección si nosotros olvidamos la nuestra? Entonces, ¿qué debemos hacer para ser mejores coaches?
En realidad, ¿qué debemos hacer para ser coaches de verdad?
Risikesh. Febrero 2009
“Ji” es un sufijo que los indios ponen a todo lo que respetan, es decir es un símbolo de respeto. Como mis ideas sobre el Coaching han ido forjándose principalmente en la India y además lo respeto profundamente, por eso el nombre Coaching Ji.
¿Y por qué en la India? Porque es un universo distinto. Porque te reta diariamente a cambiar el observador que estás siendo y a ensanchar la mente. Porque en ocasiones te ayuda a trascender a la mente, que es el verdadero cambio de observador, cuando éste se funde con lo observado. Porque la India nos pone delante de nuestras narices que nuestra visión del mundo no es la única, ni siquiera la mayoritaria. Porque la palabra obvio desaparece del vocabulario…
Decidí ser coach al leer una de las miles de definiciones que hay sobre el Coaching: “el coach es el que te ayuda a encontrar tu camino…” Estoy plenamente de acuerdo en que nuestra función es ayudar, pero el camino es del ayudado. A partir de aquí entran las consideraciones sobre en qué consiste la ayuda y qué significa “camino”.
Creo que hay una gran distinción dentro del coaching, casi de las primeras, que es sobre el tipo de coaching. Es decir, después de haberlo definido de una manera tan general, pero tan clara, determinar para qué lo utilizamos.
Y es la distinción: “coaching al ser” frente a “coaching al hacer”. La diferencia, desde mi punto de vista, es que desde el primero conseguimos, o ayudamos a conseguir, cambios más profundos, incluso transformaciones, mientras que desde el segundo lo que tratamos es de cambiar actitudes, la forma de hacer las cosas lo que, quizás con el tiempo, también pueda generar transformaciones definitivas.
Creo que mayoritariamente se hace coaching al hacer, incluso creyendo hacerlo al ser. Porque creo también que sólo es posible hacer coaching al ser desde el ser y que estar ahí, en el ser, no es sencillo.
Porque ¿quién sabe realmente lo que es el ser? Primero hay que averiguarlo en uno mismo, para así poder entenderlo en el otro y, desde ahí, hacer coaching. Desde el propio ser y desde el entendimiento del ser del otro.
Considerando que los maestros indios, actuales y pasados, consideran la mejor forma de meditación buscar la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?, parece interesante el ejercicio de averiguarlo.
Una vez que se conoce, o al menos se atisba, la respuesta, se comprende también uno de los postulados de nuestro coaching, el que dice que el coachee es perfecto, que está completo. Es decir, se entiende que el ser del coachee es perfecto. Pero no sólo el suyo, todos los seres lo son, todos somos perfectos, es decir, los coaches también lo somos. Por lo tanto, la conclusión es que se realiza coaching desde la perfección a la perfección… Pero, en la perfección ¿quién o qué precisa coaching? ¿para conseguir qué?
Entonces, ¿es realmente posible el coaching al ser? ¿el ser puede cambiar o es inmutable? Para responder, volvemos a la poderosa pregunta del inicio, ¿qué es el ser? O lo que es lo mismo, puesto que donde realmente puedo mirar para entender es en mí, ¿quién soy yo?
Para poder realizar el coaching al ser, una posibilidad sería consensuar una respuesta a esa pregunta. Y digo consensuar puesto que sería diferente para cada uno de nosotros. El problema es que todas las respuestas, incluyendo una que pusiera de acuerdo a los grandes genios de la humanidad, serían falsas, siempre que la vía para llegar a ellas sea la mente (la razón, el intelecto). Esta es mucho más pequeña que el SER, es algo que no puede abarcarlo, por lo que nunca podría servir para definirlo (como también se dice en la India, ¿cómo meter todo el agua del mar en un cubo?...)
Aunque podríamos hablar de otro ser más pequeño, que si ha sido creado por la mente, es decir que si que cabe dentro de un cubo, pero lo dejo para otro debate. Y lo dejo porque este ser es irreal, es inventado, no existe él mismo. Es lo que llamamos ego y en coaching hablamos siempre, con la extraña palabra “egoless”, de aparcarlo, de dejarlo a un lado, que no moleste. Aunque ¿quién es capaz de desenvolverse sin esta invención? ¿quién puede interactuar con otros sin que el ego intervenga?. Realmente, para tratar a este pequeño ser, lo que nos es útil es el “coaching al hacer”, porque es el ego el que continuamente se preocupa de hacer, hacer para tener más, hacer para competir, hacer para aparentar, hasta hacer para salvar a la humanidad…
Para mí este es un coaching “de superficie”, no puede ser transformador en cuanto a que no profundiza. Da igual cambiar actitudes si el coachee no ha llegado a sentirse en su perfección, en realidad es ir cambiando el color de la habitación, dando más capas y capas de pintura. Cuando una me deja de gustar, pinto encima y así una y otra vez. Pero las paredes son de oro…
Yo creo que la única vía para conocer el SER, es decir, para saber quien soy yo, es la experiencia propia. Ir más allá de la razón, de los sentidos, de las emociones y ver lo que hay, lo que contiene todo eso y mucho más. No vale lo que leamos, lo que nos cuenten, no vale la fe... ya lo decía Buda, que de estas cosas algo sabía.
Y una vez que recorres ese camino, cuando ya conoces esa perfección tuya, la del coach y la del coachee, ya estás listo para ayudar a que otro llegue también allí, a conocer la suya.
¿Y puede cambiar ese SER? No, en cuanto a que, como hemos dicho y es una de las bases de nuestra ciencia o arte, ya es perfecto. ¿Para qué cambiar lo perfecto? ¿En qué lo queremos transformar? Por lo tanto, y siempre desde mi punto de vista, el “coaching al SER” no debe pretender cambiar nada del coachee, sino conseguir que él descubra su Ser, es decir, lo ponga al descubierto. Ayudarle a quitar esas capas con las que lo lleva cubriendo años y años y que continuamente está considerando, por lo tanto juzgando, como buenas y malas.
Esto puede considerarse mágico o milagroso, en cuanto a que escapa a la razón. No se entiende que es lo que sucede para que alguien pueda cambiar tan completamente. Incluso esa magia altera también su entorno, todas las cosas se van colocando… Y es porque aparece la aceptación, esa aceptación que no puede forzarse. ¿Cómo puede alguien obligarme a aceptar las horribles cosas que me pasan? ¿Cómo voy a obligarme yo mismo a hacerlo? Sólo comprendiendo, desde ese SER que he descubierto, que no son horribles ni maravillosas, que simplemente son, entonces puedo llegar a aceptarlas.
Y la labor del coach continúa. Una vez que hemos ayudado a descubrir, hay que ayudar a creer en ello, porque es posible que se lleve mucho tiempo en ese estado como dormido. El estado natural ha dejado de ser el de paz y cuando nos reencontramos con ella nos parece que no es posible, que pronto todo se torcerá de nuevo.
El coach, también desde su SER, desde su perfección, está para espejar al coachee. Para que el coachee se mire en su espejo y se vea como lo que es, como lo que nunca dejo de ser aunque quizás olvidó o nunca se dio cuenta.
Lo difícil es que el espejo, para reflejar la perfección, debe ser lo más inmaculado posible. ¿Cómo espejar con un espejo sucio? ¿Cómo ayudar a recordar la perfección si nosotros olvidamos la nuestra? Entonces, ¿qué debemos hacer para ser mejores coaches?
En realidad, ¿qué debemos hacer para ser coaches de verdad?
Risikesh. Febrero 2009
martes, 19 de abril de 2011
Conecta con tu Paz interior
Esta es una historia diferente, porque es para comunicaros algo. Con muchos de vosotros, que realmente no sé cuantos ni quienes sois, el único modo de contactar es por aquí y, como creo que a algunas y algunos os puede resultar interesante, aprovecho este canal.
Voy a empezar a hacer unos talleres que llamo, en principio, “Conecta con tu Paz interior”. El título explica claramente de qué se trata.
Parto de una premisa, todos tenemos paz en nuestro interior. En realidad es Paz, con mayúscula, porque no es nuestra, es compartida por todos.
Esa Paz la hemos ido recubriendo toda nuestra vida, consciente o inconscientemente, de un montón de capas. Experiencias, pensamientos, emociones, situaciones que hemos considerado buenas o malas… Además de toda la carga heredada que traemos, por haber nacido en una determinada familia, lugar, etc.
De hecho hay maestros indios que cuestionan totalmente “el libre albedrío”. Realmente ¿Qué libertad de elección tenemos si estamos totalmente condicionados desde nuestra genética hasta la sociedad en la que nos hemos ido desarrollando?
Y son esas capas las que nos impiden la conexión con nuestra Paz, por eso hemos olvidado lo que realmente somos.
Desde mi punto de vista sólo conectando con esa Paz interior, que recibe multitud de nombres diferentes, nos salimos de esa rueda que ahora nos parece obligatorio seguir y empezamos a guiarnos por la voz de la intuición, que en la India dicen que es la voz del Maestro en tu interior.
Lo que pretendo con este taller es abrir una ventanita que atraviese esas capas y te permita asomarte a lo que realmente eres. Y a partir de aquí, es cosa tuya…
Utilizo tanto mis aprendizajes en la India como herramientas como el coaching, que cuestiona creencias, opiniones, prejuicios… y la meditación.
Si te interesa, contáctame en: arey@elnomada.es
San Agustín del Guadalix. Abril 2011
Voy a empezar a hacer unos talleres que llamo, en principio, “Conecta con tu Paz interior”. El título explica claramente de qué se trata.
Parto de una premisa, todos tenemos paz en nuestro interior. En realidad es Paz, con mayúscula, porque no es nuestra, es compartida por todos.
Esa Paz la hemos ido recubriendo toda nuestra vida, consciente o inconscientemente, de un montón de capas. Experiencias, pensamientos, emociones, situaciones que hemos considerado buenas o malas… Además de toda la carga heredada que traemos, por haber nacido en una determinada familia, lugar, etc.
De hecho hay maestros indios que cuestionan totalmente “el libre albedrío”. Realmente ¿Qué libertad de elección tenemos si estamos totalmente condicionados desde nuestra genética hasta la sociedad en la que nos hemos ido desarrollando?
Y son esas capas las que nos impiden la conexión con nuestra Paz, por eso hemos olvidado lo que realmente somos.
Desde mi punto de vista sólo conectando con esa Paz interior, que recibe multitud de nombres diferentes, nos salimos de esa rueda que ahora nos parece obligatorio seguir y empezamos a guiarnos por la voz de la intuición, que en la India dicen que es la voz del Maestro en tu interior.
Lo que pretendo con este taller es abrir una ventanita que atraviese esas capas y te permita asomarte a lo que realmente eres. Y a partir de aquí, es cosa tuya…
Utilizo tanto mis aprendizajes en la India como herramientas como el coaching, que cuestiona creencias, opiniones, prejuicios… y la meditación.
Si te interesa, contáctame en: arey@elnomada.es
San Agustín del Guadalix. Abril 2011
sábado, 9 de abril de 2011
El rinconcito de un minuto
Necesito que me regales un poco de tu espacio y un poco de tu tiempo, sólo el rinconcito de un minuto… Sólo el espacio en el que quepa esta frase, sólo el tiempo que tardas en leerla.
Porque esta puede ser la más bella historia jamás leída, pero eso depende de ti, porque leer depende del lector, escribir cualquiera puede haberlo hecho... Hay tantas cosas que dependen de nosotros, sólo de nosotros y nos empeñamos en negarlo…
Ya he ocupado el espacio que te pedía y ya ha pasado el tiempo que necesitaba. Ahora decide si aceptas esta responsabilidad. Porque de ti depende la belleza de la historia, como tantas veces depende de ti la belleza de las cosas que te rodean y te empeñas en no ver. Quizás sólo sea cuestión de aprender a mirar…
Si te he convencido y continuas leyendo, seguimos con la historia.
Esta puede leerse de dos formas, con los ojos o con el corazón. Si la lees con los ojos puede gustarte o no, te parecerá bonita o sólo una historia más. Pero si lo haces con el corazón, este se abrirá un poquito y eso es algo que te aseguro que a todos nos viene muy bien.
Porque hay historias, personas, situaciones…. que nos abren el corazón. El corazón que está situado en el lado derecho, el que pertenece al mundo que se ve mejor con los ojos cerrados, que no es lo mismo que el que se ve dormido…
Analiza las cosas que te pasan y me darás la razón. Quizás tú lo llames de otra forma y no lo relaciones con ese corazón mágico del que te hablo, pero esos momentos especiales todos los vivimos y sentimos. Y nos revuelven por dentro porque son… tan buenos.
Y está escrita en la India, ¿qué mejor lugar que este país donde existe un buen montón de palabras para llamar al amor y en cambio, con una sola, dicen ayer y mañana? Que lección sobre lo realmente importante, el amor y el ahora…
Sólo es la historia de un buscador, que eligió la India para encontrar. Y encontró lo que buscaba, mirando una vaca, pelando una naranja y observando un palo que se llevaba la corriente…
Mirando la vaca, aprendió paciencia, ternura, tranquilidad, paz…
Pelando la naranja se dio cuenta de que nunca se había fijado en un detalle tan nimio como es el pelar una fruta y disfrutó haciéndolo.
Y el palo llevado por la corriente le enseñó como vivir. El palo puede empeñarse en parar toda esa agua y sufrir por no conseguirlo o ser un importante palo que ayuda al río a llegar al mar…
En realidad lo que encontró fue una forma de buscar diferente. Aprendió que en las cosas más sencillas está la verdad. Al fin, comprendió que todo es fácil.
Si has leído con los ojos, podrás pensar que sólo es una tonta historia que además invita a conformarse con lo que tenemos, pero si has leído con el corazón, habrás comprendido bien, porque has leído en el mismo lenguaje en el que fue escrita.
Risikesh. Diciembre 2006
Porque esta puede ser la más bella historia jamás leída, pero eso depende de ti, porque leer depende del lector, escribir cualquiera puede haberlo hecho... Hay tantas cosas que dependen de nosotros, sólo de nosotros y nos empeñamos en negarlo…
Ya he ocupado el espacio que te pedía y ya ha pasado el tiempo que necesitaba. Ahora decide si aceptas esta responsabilidad. Porque de ti depende la belleza de la historia, como tantas veces depende de ti la belleza de las cosas que te rodean y te empeñas en no ver. Quizás sólo sea cuestión de aprender a mirar…
Si te he convencido y continuas leyendo, seguimos con la historia.
Esta puede leerse de dos formas, con los ojos o con el corazón. Si la lees con los ojos puede gustarte o no, te parecerá bonita o sólo una historia más. Pero si lo haces con el corazón, este se abrirá un poquito y eso es algo que te aseguro que a todos nos viene muy bien.
Porque hay historias, personas, situaciones…. que nos abren el corazón. El corazón que está situado en el lado derecho, el que pertenece al mundo que se ve mejor con los ojos cerrados, que no es lo mismo que el que se ve dormido…
Analiza las cosas que te pasan y me darás la razón. Quizás tú lo llames de otra forma y no lo relaciones con ese corazón mágico del que te hablo, pero esos momentos especiales todos los vivimos y sentimos. Y nos revuelven por dentro porque son… tan buenos.
Y está escrita en la India, ¿qué mejor lugar que este país donde existe un buen montón de palabras para llamar al amor y en cambio, con una sola, dicen ayer y mañana? Que lección sobre lo realmente importante, el amor y el ahora…
Sólo es la historia de un buscador, que eligió la India para encontrar. Y encontró lo que buscaba, mirando una vaca, pelando una naranja y observando un palo que se llevaba la corriente…
Mirando la vaca, aprendió paciencia, ternura, tranquilidad, paz…
Pelando la naranja se dio cuenta de que nunca se había fijado en un detalle tan nimio como es el pelar una fruta y disfrutó haciéndolo.
Y el palo llevado por la corriente le enseñó como vivir. El palo puede empeñarse en parar toda esa agua y sufrir por no conseguirlo o ser un importante palo que ayuda al río a llegar al mar…
En realidad lo que encontró fue una forma de buscar diferente. Aprendió que en las cosas más sencillas está la verdad. Al fin, comprendió que todo es fácil.
Si has leído con los ojos, podrás pensar que sólo es una tonta historia que además invita a conformarse con lo que tenemos, pero si has leído con el corazón, habrás comprendido bien, porque has leído en el mismo lenguaje en el que fue escrita.
Risikesh. Diciembre 2006
sábado, 2 de abril de 2011
Un vaso de arcilla
Imaginemos un vaso lleno de agua y con un poco de arena en el fondo. Si movemos el vaso, la arena prácticamente no se mueve, aunque el agua lo hace violentamente. Si vamos, poco a poco, añadiendo arena, le vamos robando espacio al agua. Cuanta más arena echemos, menos turbulencia podemos causar en el interior del vaso, aunque lo continuemos moviendo. Cada vez podremos influir en una menor parte de él, porque sólo la parte del agua es sensible a las perturbaciones. Llegará un momento en que el vaso estará completamente lleno de arena y ya no quedará agua. Esa arena mojada solidificará en arcilla y permanecerá inmutable. Sólo ha podido suceder, cuando ya no queda ni gota de agua, entonces puede secar la arena y convertirse en un sólido bloque.
Si el vaso somos nosotros, el agua serían todas aquellas cosas que nos rodean, que nos parecen importantes, y que continuamente nos mantienen en tensión (positiva o negativa). La arena es el conocimiento que se obtiene siguiendo el camino interior. Avanzando en este camino, se va dejando menos espacio a la preocupación por las cosas cotidianas. La arena, lo sólido, va ganando terreno y afianzando el vaso, afianzándonos a nosotros.
Si continuamos reduciendo el espacio que dejamos para las preocupaciones (para el agua…), este se hará tan pequeño que, suceda lo que suceda, nos inquietará muy poco. Y cuando ya no quede ni un poquito de líquido, ya nada podrá afectarnos. Y me refiero, incluso, a la enfermedad, a la muerte… absolutamente a todo.
Esto no significa que seguir este camino deba suponer una ruptura con el mundo que nos rodea, significa, simplemente, verlo de otra forma, desde otro prisma. Desde la absoluta tranquilidad.
El camino interior… aquel en el que vamos poniendo arena, poco a poco o a paladas, en nuestro vaso, de tal forma que cada vez menos cosas podrán llegar a influirnos.
Quizás eso sea la iluminación, completar un vaso de arcilla…
Risikesh. Julio 2005
Si el vaso somos nosotros, el agua serían todas aquellas cosas que nos rodean, que nos parecen importantes, y que continuamente nos mantienen en tensión (positiva o negativa). La arena es el conocimiento que se obtiene siguiendo el camino interior. Avanzando en este camino, se va dejando menos espacio a la preocupación por las cosas cotidianas. La arena, lo sólido, va ganando terreno y afianzando el vaso, afianzándonos a nosotros.
Si continuamos reduciendo el espacio que dejamos para las preocupaciones (para el agua…), este se hará tan pequeño que, suceda lo que suceda, nos inquietará muy poco. Y cuando ya no quede ni un poquito de líquido, ya nada podrá afectarnos. Y me refiero, incluso, a la enfermedad, a la muerte… absolutamente a todo.
Esto no significa que seguir este camino deba suponer una ruptura con el mundo que nos rodea, significa, simplemente, verlo de otra forma, desde otro prisma. Desde la absoluta tranquilidad.
El camino interior… aquel en el que vamos poniendo arena, poco a poco o a paladas, en nuestro vaso, de tal forma que cada vez menos cosas podrán llegar a influirnos.
Quizás eso sea la iluminación, completar un vaso de arcilla…
Risikesh. Julio 2005
jueves, 24 de marzo de 2011
A tigres y en chancletas IV
O quizás debería llamarse, “No hay huevos IV”…
“Determinar el tamaño de un animal al escuchar su rugido no es complicado, no depende del volumen del mismo, sino de la cantidad de órganos que te paraliza. Cuando hasta el páncreas, o algún otro que tampoco se sabe para que sirve, queda absolutamente petrificado, está claro que nos encontramos ante una fiera de proporciones considerables”
Estaba leyendo precisamente este artículo del National Geographic, cuando llamaron a la puerta de mi habitación.
Era Ram, el “mensajero de la muerte”… Venía a buscarme para que regresáramos a la selva esa noche. Yo flipaba… Pero ¿él no se había cagado conmigo la última vez?. Hicimos un pacto de caballeros, coño, pero yo seguía dando un bote cada vez que alguien me tosía cerca…
Además, nada más regresar a España después de la última aventura, hice una visita al Parque de Cabárceno, en Cantabria. Y allí tuve la oportunidad de comprobar de cerca un par de cosas, el tamaño real de un tigre de bengala y el tamaño aproximado de mi cerebro.
Ram me insistió que ahora la moto era buena, que no había peligro… Y yo… Accedí. ¿Por qué? Sigo haciéndome preguntas… ¿Qué hubiera pasado si Ram se hubiera ido solo? ¿Y si no hubiéramos ido? ¿Para qué sirve hacer la carrera de biología? ¿Y visitar el parque de Cabárceno? ¿Y si hubiera usado el clásico: si no es por no ir, pero ir pa ná…?
En fin, cogí mi paraguas rosa, mis chancletas y dirigí sonriendo la quizás última mirada a lo que estaba escribiendo, el “Tratado del No Hay Huevos”. A lo mejor cascaba, pero yo tenía razón, el no hay huevos es infalible háyese uno donde se haye y haya vivido las experiencias que haya vivido… Así que allí íbamos de nuevo, a tigres y en chancletas.
Recordemos, velocidad del tigre atacando 120 km/h. Velocidad de nuestra moto “buena”, la misma. Pero dejándola caer desde lo alto de un barranco. ¡La moto era la misma!, pero… ¡había puesto una pegatina de Ganesh! Es el dios con cabeza de elefante (ver Wikipedia), de la buena fortuna. Por eso la moto ahora era buena…
Con el nuevo Ganesh y sin violencia en nuestro interior, no habría problema. Los antiguos lectores comprenderán que para mí esa segunda parte siempre era complicada. Al inicio de cada viaje, yo siempre quería matar a Ram y luego se me iba pasando porque tenía muchas otras cosas de las que preocuparme. Así que, en función del momento de la expedición en que nos encontráramos al tigre, yo estaría más o menos a salvo. Realmente no quería ver un tigre y además, cuanto antes, peor.
No, casualmente no habían arreglado los baches y socabones de la carretera, también coincidió que Ram no había cambiado la luz del scutre, las cuestas seguían siendo muy pronunciadas y nuestra velocidad punta no era punta, era la puntita nada más. Afortunadamente, se puso a diluviar.
Cuando en la India llueve, cambia hasta la flora y la fauna… Se empiezan a ver algas y chanquetes, sustituyendo a monos y árboles. El paraguas rosa lo puse en ebay para cambiarlo por aletas y tubo… Nos mojamos hasta los órganos internos, los que se paralizan con los rugidos. El agua rebotaba en el suelo y te mojaba otra vez al subir, la hija puta.
Joder, que chupa de agua.
Para el que piense que podíamos parar la moto y meternos debajo de un árbol, le recuerdo que estábamos en la selva, no en el merendero del pueblo de su madre… Y en la selva hay bichos que comen a las personas (aunque tengas a Ganesh pegado en la moto).
Pero lo de parar la moto si lo hicimos, más bien ella tomó la decisión una vez más por nosotros. La junta de la trócola, me pareció entender a Ram.
Eso sí, teníamos la absoluta seguridad de no ser devorados por ningún tigre, porque estos estarían donde coño quiera que se metan los tigres, calentitos y viendo la tele... Sólo nos quedaban dos posibilidades, esperar la muerte por inanición o empezar a andar camino a casa. Decidí la segunda, y digo decidí, porque creo que a Ram le valía cualquiera de las dos.
¿Tiramos pa queli Ram?
Now?
No, el año que viene, no te jode. Sí, now, paqué esperar.
Oquei.
(Lamento no haber traducido esta conversación al español por si alguien no lo entiende, pero creo que queda mucho mejor en el idioma original).
Así que para queli tiramos (queli es casa, esto sí lo traduzco).
Ni cinco minutos llevábamos de agradable caminata cuando, de repente, escuchamos un espectacular ruido que se nos echaba encima ¿Quién osaba turbar nuestro placentero paseo, con el agua por las rodillas y a treinta y cuatro grados bajo cero?
Pues era un camión, que en la India tienen la curiosa costumbre de ir sin luces por la noche y hablamos de noches más negras que el sobaco de un grillo… Realmente fue una agradable sorpresa, una vez que comprobamos que no estábamos muertos. Ganesh (o Neptuno) nos mandaba transporte.
El camionero, entre risas ahogadas después de que Ram le explicó lo que nos había sucedido, aceptó llevarnos hasta la ciudad.
Y nos contó que, un poco más arriba de donde nos encontró, un espectacular ejemplar de tigre se había cruzado por delante de su camión…
Risikesh. Noviembre 2010
“Determinar el tamaño de un animal al escuchar su rugido no es complicado, no depende del volumen del mismo, sino de la cantidad de órganos que te paraliza. Cuando hasta el páncreas, o algún otro que tampoco se sabe para que sirve, queda absolutamente petrificado, está claro que nos encontramos ante una fiera de proporciones considerables”
Estaba leyendo precisamente este artículo del National Geographic, cuando llamaron a la puerta de mi habitación.
Era Ram, el “mensajero de la muerte”… Venía a buscarme para que regresáramos a la selva esa noche. Yo flipaba… Pero ¿él no se había cagado conmigo la última vez?. Hicimos un pacto de caballeros, coño, pero yo seguía dando un bote cada vez que alguien me tosía cerca…
Además, nada más regresar a España después de la última aventura, hice una visita al Parque de Cabárceno, en Cantabria. Y allí tuve la oportunidad de comprobar de cerca un par de cosas, el tamaño real de un tigre de bengala y el tamaño aproximado de mi cerebro.
Ram me insistió que ahora la moto era buena, que no había peligro… Y yo… Accedí. ¿Por qué? Sigo haciéndome preguntas… ¿Qué hubiera pasado si Ram se hubiera ido solo? ¿Y si no hubiéramos ido? ¿Para qué sirve hacer la carrera de biología? ¿Y visitar el parque de Cabárceno? ¿Y si hubiera usado el clásico: si no es por no ir, pero ir pa ná…?
En fin, cogí mi paraguas rosa, mis chancletas y dirigí sonriendo la quizás última mirada a lo que estaba escribiendo, el “Tratado del No Hay Huevos”. A lo mejor cascaba, pero yo tenía razón, el no hay huevos es infalible háyese uno donde se haye y haya vivido las experiencias que haya vivido… Así que allí íbamos de nuevo, a tigres y en chancletas.
Recordemos, velocidad del tigre atacando 120 km/h. Velocidad de nuestra moto “buena”, la misma. Pero dejándola caer desde lo alto de un barranco. ¡La moto era la misma!, pero… ¡había puesto una pegatina de Ganesh! Es el dios con cabeza de elefante (ver Wikipedia), de la buena fortuna. Por eso la moto ahora era buena…
Con el nuevo Ganesh y sin violencia en nuestro interior, no habría problema. Los antiguos lectores comprenderán que para mí esa segunda parte siempre era complicada. Al inicio de cada viaje, yo siempre quería matar a Ram y luego se me iba pasando porque tenía muchas otras cosas de las que preocuparme. Así que, en función del momento de la expedición en que nos encontráramos al tigre, yo estaría más o menos a salvo. Realmente no quería ver un tigre y además, cuanto antes, peor.
No, casualmente no habían arreglado los baches y socabones de la carretera, también coincidió que Ram no había cambiado la luz del scutre, las cuestas seguían siendo muy pronunciadas y nuestra velocidad punta no era punta, era la puntita nada más. Afortunadamente, se puso a diluviar.
Cuando en la India llueve, cambia hasta la flora y la fauna… Se empiezan a ver algas y chanquetes, sustituyendo a monos y árboles. El paraguas rosa lo puse en ebay para cambiarlo por aletas y tubo… Nos mojamos hasta los órganos internos, los que se paralizan con los rugidos. El agua rebotaba en el suelo y te mojaba otra vez al subir, la hija puta.
Joder, que chupa de agua.
Para el que piense que podíamos parar la moto y meternos debajo de un árbol, le recuerdo que estábamos en la selva, no en el merendero del pueblo de su madre… Y en la selva hay bichos que comen a las personas (aunque tengas a Ganesh pegado en la moto).
Pero lo de parar la moto si lo hicimos, más bien ella tomó la decisión una vez más por nosotros. La junta de la trócola, me pareció entender a Ram.
Eso sí, teníamos la absoluta seguridad de no ser devorados por ningún tigre, porque estos estarían donde coño quiera que se metan los tigres, calentitos y viendo la tele... Sólo nos quedaban dos posibilidades, esperar la muerte por inanición o empezar a andar camino a casa. Decidí la segunda, y digo decidí, porque creo que a Ram le valía cualquiera de las dos.
¿Tiramos pa queli Ram?
Now?
No, el año que viene, no te jode. Sí, now, paqué esperar.
Oquei.
(Lamento no haber traducido esta conversación al español por si alguien no lo entiende, pero creo que queda mucho mejor en el idioma original).
Así que para queli tiramos (queli es casa, esto sí lo traduzco).
Ni cinco minutos llevábamos de agradable caminata cuando, de repente, escuchamos un espectacular ruido que se nos echaba encima ¿Quién osaba turbar nuestro placentero paseo, con el agua por las rodillas y a treinta y cuatro grados bajo cero?
Pues era un camión, que en la India tienen la curiosa costumbre de ir sin luces por la noche y hablamos de noches más negras que el sobaco de un grillo… Realmente fue una agradable sorpresa, una vez que comprobamos que no estábamos muertos. Ganesh (o Neptuno) nos mandaba transporte.
El camionero, entre risas ahogadas después de que Ram le explicó lo que nos había sucedido, aceptó llevarnos hasta la ciudad.
Y nos contó que, un poco más arriba de donde nos encontró, un espectacular ejemplar de tigre se había cruzado por delante de su camión…
Risikesh. Noviembre 2010
viernes, 18 de marzo de 2011
La casa de huéspedes de la diosa Ganga (Planeta India)
Se quedaba una en el tintero digital...
Parece el título de una película o de una canción, pero es el alojamiento al que me trasladé desde el ya mundialmente famoso Hari Om. En Dev Ganga Guest House es donde me llevo alojando los últimos años, aunque me incorporé tarde porque estaban de boda y los dueños andaban liados. Al final sí que la boda fue pequeña pero equivoqué la cifra, fue una fiesta para mil invitados y al día siguiente para cuatrocientos… No quiero ni imaginarme la tarta.
Aunque me han invitado a unas cuantas bodas en la India, a veces el novio, a veces la familia y a veces sin conocer ni al tato, estos que me acogen habitualmente no lo han hecho. Supongo que porque no cabría, no te jode… Así que sí, les guardo rencor. Sólo se me pasará si el primer hijo que tengan es niña, que aquí da mucha rabia. Y, por supuesto, unos días después me dijeron: Pero… ¿cómo no viniste a la boda?
En otra ocasión, cuando murió el padre del dueño de esta casa, estuve en la cremación y me lo agradecieron mucho. La morbosa realidad es que yo iba a la playa y me encontré la chusca (hoguera, para los no castizos). Donde a veces me iba a bañar en el sagrado río Ganges, también queman a los muertos. Lo descubrí ese día. En España en la orilla de los ríos se hacen barbacoas y esto… huele igual. Evidentemente sigo bañándome, pero miro donde piso.
Mi habitación es bastante pequeña, pero el balcón sobre el Ganges lo compensa. Además hay agua caliente casi todos los días y suplen los apagones habituales con un generador que nos ilumina (a eso se viene a la India ¿no?). La verdad es que en esta zona no hay hoteles de lujo, el lujo suele estar relacionado con las condiciones higiénicas del lugar. Creo que entre todos los hoteles de Risikesh si que llegarían a una estrella, en la clasificación habitual (si no entran en el examen los baños, claro). Te peleas un poco para que te cambién las sábanas, a veces te dan toallas y las mantas habitualmente se sujetan de pié. Al estar en la India se les habrá pegado el fakirismo de las cuerdas. Lo de las sábanas es muy curioso, nunca entienden para qué quieres dos. Mil veces he cambiado las sábanas y las mil me traen de entrada, una. Y cualquiera que viera las mantas por un lado y el colchón por el otro, entendería la cuestión… Creo que el mito de la Sábana Santa empezó aquí, yo he visto a Jesucristo en un montón de ellas. Y a Buda, a Mahoma y a un tío de Cuenca…
Esta casa ha cambiado mucho desde la última vez. El “chico para todo” que tienen es el único que debe ser eficiente en todo el país y lo tenemos para nosotros. No se le puede hablar porque siempre va con el pinganillo del móvil en la oreja, pero más o menos nos entendemos. Seguro que un día me traerá dos sábanas. También limpia la habitación, creo.
Aquí queda siempre un baúl lleno de ropa india, con el calentador, los zuecos, un paraguas que da pena pero que no cala, una taza, un platito, unas pinzas y otras cosas que en España serían para reciclar (en el contenedor) pero que aquí son tesoritos que te hacen la vida más fácil. El pasear todo eso por aeropuertos del mundo, no tiene mucho sentido, aunque en el de Londres sería divertido… Salvo que tengas hemorroides.
Tengo justo debajo de la habitación un cibercafé desde el que ilustro al mundo con este blog (no a todo, claro) y enfrente un restaurante que me surte de sopas en las frías noches de invierno. ¿Qué más se puede pedir? Ahhh si, que me paguen por ello.
Aquí vivo, feliz en la casa de huéspedes de la diosa Ganga.
Risikesh. Febrero 2011
Parece el título de una película o de una canción, pero es el alojamiento al que me trasladé desde el ya mundialmente famoso Hari Om. En Dev Ganga Guest House es donde me llevo alojando los últimos años, aunque me incorporé tarde porque estaban de boda y los dueños andaban liados. Al final sí que la boda fue pequeña pero equivoqué la cifra, fue una fiesta para mil invitados y al día siguiente para cuatrocientos… No quiero ni imaginarme la tarta.
Aunque me han invitado a unas cuantas bodas en la India, a veces el novio, a veces la familia y a veces sin conocer ni al tato, estos que me acogen habitualmente no lo han hecho. Supongo que porque no cabría, no te jode… Así que sí, les guardo rencor. Sólo se me pasará si el primer hijo que tengan es niña, que aquí da mucha rabia. Y, por supuesto, unos días después me dijeron: Pero… ¿cómo no viniste a la boda?
En otra ocasión, cuando murió el padre del dueño de esta casa, estuve en la cremación y me lo agradecieron mucho. La morbosa realidad es que yo iba a la playa y me encontré la chusca (hoguera, para los no castizos). Donde a veces me iba a bañar en el sagrado río Ganges, también queman a los muertos. Lo descubrí ese día. En España en la orilla de los ríos se hacen barbacoas y esto… huele igual. Evidentemente sigo bañándome, pero miro donde piso.
Mi habitación es bastante pequeña, pero el balcón sobre el Ganges lo compensa. Además hay agua caliente casi todos los días y suplen los apagones habituales con un generador que nos ilumina (a eso se viene a la India ¿no?). La verdad es que en esta zona no hay hoteles de lujo, el lujo suele estar relacionado con las condiciones higiénicas del lugar. Creo que entre todos los hoteles de Risikesh si que llegarían a una estrella, en la clasificación habitual (si no entran en el examen los baños, claro). Te peleas un poco para que te cambién las sábanas, a veces te dan toallas y las mantas habitualmente se sujetan de pié. Al estar en la India se les habrá pegado el fakirismo de las cuerdas. Lo de las sábanas es muy curioso, nunca entienden para qué quieres dos. Mil veces he cambiado las sábanas y las mil me traen de entrada, una. Y cualquiera que viera las mantas por un lado y el colchón por el otro, entendería la cuestión… Creo que el mito de la Sábana Santa empezó aquí, yo he visto a Jesucristo en un montón de ellas. Y a Buda, a Mahoma y a un tío de Cuenca…
Esta casa ha cambiado mucho desde la última vez. El “chico para todo” que tienen es el único que debe ser eficiente en todo el país y lo tenemos para nosotros. No se le puede hablar porque siempre va con el pinganillo del móvil en la oreja, pero más o menos nos entendemos. Seguro que un día me traerá dos sábanas. También limpia la habitación, creo.
Aquí queda siempre un baúl lleno de ropa india, con el calentador, los zuecos, un paraguas que da pena pero que no cala, una taza, un platito, unas pinzas y otras cosas que en España serían para reciclar (en el contenedor) pero que aquí son tesoritos que te hacen la vida más fácil. El pasear todo eso por aeropuertos del mundo, no tiene mucho sentido, aunque en el de Londres sería divertido… Salvo que tengas hemorroides.
Tengo justo debajo de la habitación un cibercafé desde el que ilustro al mundo con este blog (no a todo, claro) y enfrente un restaurante que me surte de sopas en las frías noches de invierno. ¿Qué más se puede pedir? Ahhh si, que me paguen por ello.
Aquí vivo, feliz en la casa de huéspedes de la diosa Ganga.
Risikesh. Febrero 2011
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